2 de agosto de 2016

Río 2016: las posibilidades españolas

A escasas horas de que comience el mayor espectáculo deportivo del mundo, y a poco más de una semana de que el atletismo despliegue su magia en el 'Engenhao' de Río de Janeiro, ya es consabido el combinado que representará a la RFEA en la urbe brasileña en los Juegos de la trigésimo primera Olimpiada. Sin afán de previa absoluta, dado el nivel cualitativo de atletas que acuden al evento, y sin pretensión de universalidad sobre el equipo, por la posibilidad, siempre presente, de que ocurran bajas de último momento, procuraremos desglosar en las siguientes líneas, desde la mayor objetividad posible (rozando la discreción e incluso conscientes de caer en el conservadurismo -que no en el catastrofismo-), las posibilidades de los 48 atletas (30 hombres y 18 mujeres) seleccionados por Ramón Cid para cumplir con su sueño olímpico.

La sexta selección más numerosa de la historia aterriza en Río de Janeiro con bagaje pleno tanto de eclecticismo como de ilusión. La participación en las pruebas de velocidad se resume en tres atletas. Estela García y Aauri Bokesa, del lado femenino, en 200m y 400m respectivamente, encaran situaciones desiguales. La vilanovense, con la mínima lograda a finales de junio (23.17, -0.7), colocándose como cuarta española de todos los tiempos, ha transitado con brillantez en las dos distancias menores al aire libre, culminando la que será su primera participación olímpica. Pese a problemas físicos en las últimas semanas, golpeó con fiereza en el 100m del Campeonato de España, eliminando toda duda sobre su competitividad. La dificultad extrema del doble hectómetro, donde emerge la majestuosa figura como máxima figura (no ya sólo de la prueba, sino como una de las fundamentales de la competición) de la neerlandesa Dafne Schippers, gran favorita, se ocupará del resto en Río. El caso de Bokesa es distinto. Su mínima en la altitud de Monachil (52.20) data de agosto de 2015, y sólo en tres ocasiones durante el presente año natural ha logrado dejar atrás la barrera de los cincuenta y tres segundos en la vuelta a la pista. Igualmente, problemas físicos y ausencia de brillo general de la madrileña, que no acaba de explotar de manera absoluta y perenne sus fabulosas cualidades. En especial, con regularidad. Tendrá mucha gente por delante.
Y diametralmente opuesta, la situación de Bruno Hortelano. La irrupción del 'chico de oro' como vigente cabeza visible de la velocidad nacional es un hecho tan obvio como su estratosférica escalada en las últimas semanas, donde ha destrozado, por dos veces cada uno, los récords de España de 100m y de 200m. Uno de los cinco atletas con mínima en dos pruebas, la sobrecarga de trabajo de estas pasadas fechas le han jugado la mala pasada de tener que conformarse con la disputa, únicamente, del 200m, enarbolando su triunfo en Ámsterdam tras la DQ de Martina. No olvidemos que esta es realmente 'su' prueba. El cuarto lugar en la Diamond League de Londres (con una recta final apoteósica en las narices de Bolt), y los consecutivos golpetazos mencionados a sendas plusmarcas nacionales, con la aparente cercanía a cifras hasta ahora prohibidas para un español, lo sitúan como una de las irrupciones más frenéticas que recuerda el atletismo de este país. Sin ningún género de dudas, el secreto de su éxito (al margen de un talento desbocado), su formación americana. Tanto académica, donde deslumbra por su quietud y criterio, como en lo deportivo, donde foguearse hasta la extenuación en decenas de competiciones de niveles que muchas veces rozan la excelencia hace aflorar la máxima capacidad de un atleta. Las semifinales podrían tacharse como su teórico techo. Pero la final, un premio que sería tan merecido como complicado de pronosticar (e injusto de imponer -ya no sorprende la desinformación generalizada-), no es descabellada. Todo lo que asome, bienvenido sea. Pero siempre con la base de una crítica objetiva y sin desmerecer todo su trabajo anterior. Hasta ahora, inconmensurable.

Esther Guerrero
El líder del 800m nacional en los últimos tiempos, el loreño Kevin López, encabeza la representación en las dos vueltas a la pista. Sin embargo, cuando se escriben estas líneas su segunda participación olímpica corre serio peligro. Una pequeña fisura en la fascia del pie izquierdo le mantiene en cuarentena, y apenas habiendo entrenado en las últimas semanas (incluyendo su desestimación para participar en Gijón por pura cautela). Si logra llegar a Río, su rendimiento es una absoluta incógnita dadas las circunstancias. En ascenso, la juventud desgarrada de Daniel Andújar y Álvaro de Arriba. El primero, el nacional más rápido del año igualado con López, que ha mostrado además su gran estado en las últimas citas. El segundo, el flamante campeón de España y séptimo de Europa. La complejidad de la prueba determina, junto a la cadencia de progreso, un halo de cierta duda. Una densidad apabullante convierte este ochocientos en un caramelo de difícil digestión para ambos. Incluso para Kevin, todo un subcampeón de Europa. Una docena de nombres de excelencia mundial no pueden representar otra cosa. En la sección femenina, asusta la brutal progresión en los dos últimos años de la gerundense Esther Guerrero, que ha pasado a ostentar, con tiránica mano de hierro, el liderazgo de la prueba a nivel nacional. Su lucha extrema, y sus tres competiciones por debajo de 2:02.00 en el último año y medio desvelan dos situaciones: uno, el extraordinario ascenso de su rédito; y dos, la evidencia de su combatividad. Máxima. Lo tendrá complicado en una prueba que contará con treinta y tres atletas que han bajado de ciento veinte segundos en este último año y medio, pero es el paradigma de la entrega total.
Adel Mechaal y David Bustos serán los representantes de una de las pruebas que más alegrías históricas ha reportado a España, el 1.500m (tres medallas), ambos, además, recién consagrados como subcampeones europeos. El primero, doblará junto al 5.000m. El segundo, tras sembrar alguna duda en el 800m del Campeonato de España. Indudable el genuino crecimiento del de Palamós en los dos últimos años (incluyendo los fabulosos dobletes, al aire libre como en pista cubierta, en 2015). Crecimiento, especialmente, en el terreno más cerebral. En cuanto al mallorquín, retornando a la senda del triunfo que naciera con sus sensacionales prestaciones en categorías menores, que se confirmara con su bronce de Helsinki, y que resultaría desviada tras un puñado de años infértiles, cambio de entrenador y método mediante. Ámsterdam reveló que ha vuelto a crecer, especialmente tras la recesión y posterior recuperación de su marca de la casa, su apabullante rush final. Sin olvidar, en ambos casos, que el 1.500m muestra una densidad africana, americana e incluso europea en ciertos nombres, que imposibilita soñar, de primeras, con una hipotética final. En cualquier caso, ambos presentan credenciales. No es imposible.

Toni Abadía
Ilias Fifa, el propio Adel Mechaal y Toni Abadía disputarán las doce vueltas y media a la pista. El primero, brillante coronación en Ámsterdam, tras el mejor año de su trayectoria. El tercero, bronce europeo, pero en la doble distancia (sin ser capaz de romper los veintiocho minutos en la misma, que pudieran ofrecerle el pasaporte a Brasil). Sobre el segundo, casi todo dicho, aplicable a esta prueba igualmente, destacando por ende su aguda versatilidad fondística. Tres representantes del nuevo atletismo, sembrados de coraje, inteligencia y saber hacer, que han crecido exponencialmente en los últimos dos años. Savia nueva, sin lugar a dudas, en un contexto dominado por el imbatible Farah. ¿Será capaz el combinado etíope de aplacar el favoritismo del británico?
Única en 10.000m (sin representantes masculinos por primera vez desde 1968) Trihas Gebre tendrá que batirse en duelo en una prueba de dificultad soberana ante la espectacularidad representada, especialmente, por Etiopía (Ayana anuncia que doblará cinco y diez mil, y siempre seduce la atrayente presencia de la plusmarquista en 5.000m, legendario 14:11.15, Tirunesh Dibaba). De muy buen rendimiento a rachas, la fondista afincada en Guipúzcoa ha logrado por dos veces en año y medio rascar la mínima RFEA. Eso sí, por menos de un segundo. Dominadora en España, lo tendrá complicado en Río en un evento de excepcional nivel colectivo.
Cuatro representantes en los 3.000m obstáculos. La fémina, Diana Martín, bronce europeo en Zúrich, ha sufrido en los últimas dos temporadas su particular 'travesía por el desierto'. Ante la amenaza de retirarle la vitola de permanente lucha que la mostoleña enarbola con pasión sobre el tartán, su octavo puesto en Ámsterdam recuperó para ella la fe de la que es sin duda una eterna trabajadora de la pista y del cross. Estar en los Juegos en una prueba que se ha endurecido sobremanera, un premio a una trayectoria impecable. Debe confiarse, siempre que su estado sea óptimo, en su inteligencia. Los tres varones, Sebastián Martos, Fernando Carro y Abdelaziz Merzougui. Brillantísimo Campeón de España el primero y cuatro veces por debajo de la mínima española (mas el 8:19.33 de Mónaco), el jienense encara Río en el que es, posiblemente, el momento de mayor madurez de su vida. Si llega en las condiciones que demostró en Gijón, planteará batalla, como siempre. Hablando de batalla, Carro, sin brillar en exceso en la presente temporada (muchos contratiempos físicos han lastrado su continuidad) siempre promete: si hay vida, no es que haya esperanza... es que hay extenuante lucha. Poco más que añadir de uno de los atletas más correosos que se recuerdan. Merzougui, alejado del nivel que se le presupone, y habiendo logrado la mínima en tres ocasiones, no ha conseguido mantener una senda lineal. Recién realizada la mejor de sus marcas de las dos últimas temporadas, no tuvo el día en Gijón, transmitiendo una sensación muy alejada del Merzougui del 8:18.03 en Huelva '12, o del Campeón de Europa Promesa en Tampere '13. Ninguna locura sería que cualquiera de los tres pudiese incrustarse en una final, eso sí, muy cara, donde el único intrépido capacitado para desafiar al trío keniano (Ezekiel Kemboi, Conseslus Kipruto y Brimin Kipruto) parece el rubio norteamericano Evan Jager. Difícil olvidar la renuncia de Roberto Alaiz, al que un rencoroso tendón de Aquiles ha obligado a poner fin a su temporada tras año y medio de incomodidades.

El maratón, con la idiosincrasia tan particular de una prueba completamente impredecible, siempre ha llevado a apostar por el dominio africano en las últimas ediciones. Kenia, Etiopía, Uganda y Eritrea se presentan con tanto y tan bueno, que resulta poco menos que un suicidio público no apostar por uno de sus candidatos.
Javier Guerra, Carles Castillejo y Jesús España se presentan en Río con tres aspectos insultantemente pulidos: inteligencia, experiencia y regularidad. Repartidas, en los tres casos, de manera muy homogénea. El segoviano Guerra, tras su soberbia actuación tanto en los Majors de Londres y Tokio, como en los grandes Campeonatos (cuarto en Zúrich y decimotercero en Pekín), ha encarado el verano con problemas de rodilla que lo han hecho desaparecer del primer plano de la competición. Llegando en condiciones, demuestra tal lectura de la carrera que ese mero hecho le convierte en un atleta extraordinariamente confiable. El catalán Castillejo, dejados atrás sus temidos problemas físicos tras un replanteamiento de su método, es la viva imagen de la regularidad. Son sus cuartos Juegos Olímpicos, segundos en maratón, que significarán la retirada de la alta competición de uno de los más brillantes fondistas de la historia de nuestro país. El madrileño España, otrora temido en su prueba fetiche, los 5.000m (donde se proclamara Campeón de Europa en 2006 y subcampeón en 2010), decidió el salto definitivo a la ruta, y acertó de pleno. Difícil localizar a una voz de la experiencia tan sumamente autorizada. Tras su espectacular debut en Sevilla, completa una terna sensacional.
La representación femenina va encabezada por la mejor 'rutera' nacional del último lustro (tercera maratoniana de siempre en marcas), la lucense Alessandra Aguilar, en trayectoria ligeramente descendente por la pertinencia de sus contrariedades físicas. Si acude en plenitud, y manejando el dato de su absoluta experiencia, planteará batalla entre los veinte primeros puestos en una carrera a ritmo intermedio. Azucena Díaz (sustituta de la que se antojaba como primera baza española, la cántabra Paula González Berodia) y Estela Navascués, ambas con experiencia en ruta (especialmente la primera), completan una terna sólida en una prueba de tal fecundidad que asusta. El razonamiento de la categoría masculina, perfectamente aplicable a la femenina. Kipchoge, Biwott, Kiprotich, Abera, Berhanu, Lilesa, Ghebreslassie, Tsegaye, M. Dibaba, Tufa, Sumgong... la lista es interminable. Al margen, no olvidemos que, en una geografía como la brasileña, nunca hay que dar la espalda a las condiciones climáticas. Y menos en esta prueba.

Caridad Jerez
Interesantísima la situación nacional en las vallas. En las altas, Caridad Jerez ha rondado las mejores prestaciones de su vida durante el último año y medio. El 12.94 (+1.4) en Salamanca el pasado año, su mejor marca con claridad, le suponen suficiente crédito como para creer en su lucha. Sin embargo, se encuentra en complicada situación en una prueba en la que la mallorquina se maneja en estratos menores. El caso de Yidiel Contreras es similar, y al mismo tiempo paradójico: en una prueba en la que ha conseguido la mínima en ocho ocasiones durante el período establecido (más que cualquier otro atleta de pista, exceptuando a Ruth Beitia), sus mejores registros se cuadran lejos del primer nivel. Entre 13.3 bajos, y 13.4 altos, su regularidad es pasmosa. En ese sentido, nos encontramos al que sea, posiblemente, el mayor favorito para hacerse con una medalla de entre los cuarenta y ocho componentes del combinado español. Orlando Ortega aterriza en Río en uno de los mejores momentos de su trayectoria, posiblemente el mejor. Rozando la madurez plena, y en total efervescencia competitiva tras sus victorias en Roma, Madrid, Mónaco y Gijón, el de La Habana se incrusta como tercero del ránking mundial 2016 (ránking que ya terminó por liderar, como cubano, en 2015). Prodigio físico, prodigio técnico, y revestido de un empaque psicológico que aumenta exponencialmente, cuenta a su favor con un aspecto básico al encarar este tipo de competición: su crecimiento de las últimas semanas contrasta con el descenso de las prestaciones de quienes eran máximos favoritos en la prueba hasta no hace demasiado (Omar McLeod, en especial). Sobre la base de este razonamiento, con la exclusión de Sergey Shubenkov, en ausencia de bestias competitivas como David Oliver o Aries Merritt, y tras el mal año de Pascal Martinot-Lagarde (aunque con la ascensión en las últimas semanas de Dimitri Bascou) se le podría colocar como el máximo favorito al oro en Río, sin despreciar, en absoluto, la potencia americana (Allen, Ash y Porter), ni la pericia caribeña.
Y en las vallas bajas, el llamado a reventar el eterno récord de España de José Alonso Valero. El subcampeón de Europa, Sergio Fernández, demostrando una entereza cada vez mayor en competición, se asoma a Río con la máxima de la ausencia del miedo en una prueba que destila visos de siempre tenerlo por sus propias condiciones de base. Aparte, la existencia de un abanico tan amplio de contendientes siempre promete la disensión máxima. Quizá más en esta ocasión, donde se presenta como una prueba francamente abierta. Las semifinales, un objetivo realista para el navarro. Todo lo demás, soñar.

En la longitud, similares casos en ambos sexos. Jean Marie Okutu ha competido con la lejanía permanente de la marca exigida durante el último año y medio. Sólo dos veces por encima de ocho metros (ambas en altitud), el gallego lograba la mínima in extremis en Monachil el penúltimo día de plazo. Casos similares en Concha Montaner (que, con todo, llegará a Río como octava del mundo en 2016) y Mar Jover, con mínima de 2015 (también en Monachil) añadiendo, además, importantes lastres físicos en ambas que han condicionado sobremanera su continuidad durante estas dos temporadas. Juliet Itoya, por su parte, refrendaba su situación de privilegio en la prueba con su triunfo tanto en Madrid como en Gijón, en los que han sido sus dos primeros triunfos en Absolutos. No faltó la crítica (destructiva, por desgracia, en su mayoría) tras las respectivas mínimas 'sobre la bocina' y, para más inri, en altitud. Pero a decir verdad, quizá preocupe más la situación física de ciertos saltadores (especialmente Montaner y Jover, la primera abandonando tras dos saltos, y la segunda ausente, en Gijón) que el sistema de obtención de marcas.
Misma situación en el triple, donde una castigadísima Patricia Sarrapio obtenía el pase, al igual que el subcampeón de Europa bajo techo en Praga, Pablo Torrijos. Muy lejos, ambos, durante el resto del último año y medio, de los registros establecidos. Especialmente preocupante, la situación del castellonense, con resultados muy alejados de su Récord de España Absoluto (imposibilitado para superar la mejora en el Nacional, fue finalmente noveno, con dos nulos y 14.89m).
Con su trabajo realizado, a pesar de la irregularidad, o de la ausencia de continuidad, poca o ninguna crítica debe hacerse a profesionales que demuestran una entereza admirable ante la adversidad. La crítica hacia el sistema de selección, o hacia los baremos o criterios aplicables se configura como una situación equidistante. Otro debate distinto. Y, seguramente, enriquecedor.

Mención aparte merece quien no puede dejar de ser una institución en el día a día del atletismo español. La mejor atleta nacional de la historia (es complicado dejar de repetirlo). La cántabra Ruth Beitia, vigente Campeona de Europa en Ámsterdam, subcampeona mundial bajo techo en Portland, y capitana del combinado nacional, se postula en Río como gran favorita a obtener la única medalla que no tiene en su inabarcable palmarés. El veto a Kuchina, el positivo de Chicherova, y la irregularidad de Lićwinko, Palšytė o Trost convierten a Beitia en la cabeza visible de una disciplina que tiene en las norteamericanas Chaunté Lowe (líder del año, 2.01m) y Vashti Cunningham (oro en Portland) a las máximas rivales. Sin olvidar a la búlgara Demireva, la ucraniana Okuneva, o la germana Jungfleisch. A última hora, anunciaba su participación una histórica, competidora brutal pese a su discontinuidad en los últimos años: la croata Blanka Vlašić. Podría asegurarse que Ruth no la perderá de vista. El secreto de la cántabra, la experiencia, la veteranía y su extrema capacidad de concentración. Ese momento en el que las demás fallan es el que Beitia utiliza para volver a vencer. Quizá no salte tanto como antes, pero un aspecto está claro: no comete errores. Desde su plata en el Mundial Indoor en Portland, con la salvedad del triple fallo sobre 1.95m de Eugene (donde fue sexta), victorias en Murcia (en dos ocasiones), Oslo, Estocolmo, Madrid, Ámsterdam, Londres y Gijón.

Sergio Fernández
La pareja conformada por Borja Vivas y Carlos Tobalina vuelve a encabezar el peso español. El primero, oro nacional por séptima vez consecutiva. El segundo, logrando la mínima en Gallur tras rondarlo durante buena parte del invierno. La profundidad de la prueba, por densa, no permite soñar. Y especialmente al malagueño se le muestra esquiva la senda de los veintiún metros que nunca ha conseguido enganchar con regularidad. La cierta involución que demostró tras Zúrich debe cambiar, porque talento, fuerza y técnica tiene de sobra. Distinto el caso del castreño, premio a la constancia y al trabajo incansable.
Triple representación en disco. El veterano Frank Casañas, posiblemente ante su última gran competición, lograba la mínima a apenas unos días para el cierre del plazo. La plusmarquista nacional, Sabina Asenjo, continúa dominando con mano de hierro (igual que Sandra Perković a nivel global) una especialidad que le va devolviendo poco a poco el trabajo y sacrificio que siempre demuestra (única española por encima de sesenta y un metros). Y Lois Maikel Martínez conseguía en Castellón en junio su segunda mejor marca de siempre. Por desgracia, estuvo lejos de ese 66.96m en Ámsterdam. Con mayor regularidad y compitiendo en sus marcas, su actuación en Río podría entornarse destacable. En los casos de Casañas y Asenjo, el mero hecho de llegar premia su trayectoria en el ciclo olímpico.
Concluyendo con los lanzamientos (sector de fabulosa evolución en los últimos años), el plusmarquista nacional de martillo, Javier Cienfuegos. Un caso con ciertas semejanzas a Vivas o Martínez. En Ámsterdam, el montijano se convirtió en el primer martillista nacional en alcanzar una final de una gran competición internacional. Tiene que seguir creciendo, y establecerse, al menos, en números de su propio Récord de España actual (76.71m, hace ya tres años), registros en los que, en apenas metro y medio, encontramos a casi veinte atletas que estarán en Río. Repetir el hito del Europeo se antoja quimérico.
Como representación de la combinada, Pau Gaspar Tonnesen. Tercer español de siempre en decatlón, el alumno de la Universidad de Arizona presenta registros encomiables en determinadas pruebas (pértiga, longitud). Su primera experiencia olímpica debe servirle para continuar con su enorme progresión, refrendada por el exhaustivo sistema de competición americano.

Ruth Beitia
Y la marcha... la prueba por excelencia del atletismo español en los últimos años. La que más alegrías brinda. La que más densidad de talento aporta. Y en esta ocasión los tres combinados son de tal calidad que resulta complicadísimo no desviarse de la objetividad del examen. Álvaro Martín y Francisco Arcilla acompañan en los 20 kms al flamante Campeón de Europa y del Mundo, el murciano Miguel Ángel López. El primero, cuatro veces en el período de mínima por debajo de la 1h22, y en indudable crecimiento, se ha encontrado ante su año de reválida, el del salto definitivo que prometía su calidad. El segundo, con un as en la manga que soltó brillantemente en A Coruña en mayo, abandonando la distancia larga e inmiscuyéndose con clase en terreno que parecía reservado a Diego García o Luis Amezcua. Y el tercero, posiblemente el mejor marchador del mundo a nivel técnico en la actualidad. A partir del bronce en Moscú, y especialmente con sus victorias en Zúrich y Pekín, López adquiere el estatus de rival a batir. No ya sólo por una capacidad física privilegiada, acompañada de un trabajo técnico descomunal, sino por una madurez psicológica que lo sitúa como el máximo favorito, en ausencia de la siempre combativa escuela rusa (dopaje aparte). Miguel Ángel, que doblará distancia tras conseguir la mínima en su debut en los 50 kms, afronta la segunda prueba con la relativa duda del descanso (una semana entre los 20 kms, el día 12, y los 50 kms, el día 19), en una competición de dureza extrema, y en la que será su segunda tentativa en la distancia. Ante la cautela lógica por la dificultad de la empresa, debe afirmarse, eso sí, su favoritismo en la distancia corta.
A su lado, en los cincuenta, por un lado el incansable José Ignacio Díaz, brillante por derecho propio en la Copa del Mundo en Roma, tras una carrera inteligentísima. Por otro, el fantástico, la leyenda, el mito... el eterno Jesús Ángel 'Chuso' García Bragado. El capitán. Se terminan los calificativos para un atleta legendario, único, junto a la jamaicana (luego eslovena) Merlene Ottey, en estar presente en siete Juegos Olímpicos.
El combinado femenino lo encabeza por una Raquel González en plena ebullición. Plusmarquista nacional de 3.000m y 10.000m en las últimas fechas, y en obvio crecimiento. Atención a su forma en Río. Llega como líder del año en tres distancias (3.000m, 10.000m y 10k). Beatriz Pascual, pura experiencia y extrema calidad, y July Tákács, explosividad absoluta y peligrosísima si llega en forma, completan un trío de marchadoras que refleja a la perfección la densidad y el trabajo de base de una especialidad que se ha convertido en el máximo exponente del éxito del trabajo del atletismo español.


No es secreto manifestar que las tres posibilidades (reales) de presea pasan por las bazas de Orlando Ortega, Miguel Ángel López (en 20 kms) y Ruth Beitia (e incluso, quizá, por este orden de probabilidad). Todo lo que al atletismo español le toque de más, contando con ellas seguras (algo que nunca puede ni debe hacerse) será un regalo del cielo. El problema surge de dos ámbitos. El primero, aquellas pruebas donde el nivel del respectivo atleta no desentona en absoluto, pero existe tal densidad y concentración de contendientes que resulta peligroso lanzarse al vaticinio (porque hablar de posibilidades pasa por los emparejamientos, las series, las semifinales, las condiciones, el día en cuestión del atleta, etc...). Y el segundo, las competiciones donde el atleta ha logrado la marca mínima, viajará a Río, pero el nivel global de su prueba es muy superior al nivel real y actual del deportista, visto lo visto en el último año y medio e incluso en la generalidad de su trayectoria. Ante esa tesitura, la única posibilidad pasa porque el atleta en cuestión se defienda en sus marcas, y sepa competir, que en primera instancia es la mayor e inicial exigencia. Si es así, bienvenido sea. Suficiente resulta el justísimo premio de saborear en primera persona la mayor competición deportiva del mundo.


DOSSIER DE LA SELECCIÓN ESPAÑOLA PARA RÍO 2016

1 comentario :

  1. La medalla en altura femenina va a estar en el 2,02 m. Y para pasar a la final de 3000 m obst hay que hacer 8 min 10 seg. Apuesto por Sebas Martos. Va a pasar a la final y va a estar cerca de ese 8' 10" que es un marcón. La medalla en altura va a estar muy cara. Beitia debería igualar record de España. Lo veo imposible. Opciones reales solo en 110 mv y 20 km marcha.

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