29 de abril de 2014

Carreras Inolvidables: Mundial de Stuttgart '93, Final 10.000m

No es la primera vez que en esta bitácora contamos un caso parecido al que os vamos a narrar hoy. Bien lo sabe, por ejemplo Pablo Villalobos. Sin embargo, sí que es cierto que el contexto pasa por ser ligeramente diferente.
Durante el octavo mes de 1993 iba a celebrarse un Campeonato Mundial de Atletismo que se convertiría, en su cuarta edición, en la primera cita mundial de carácter bienal. Muchos y muy representativos nombres de estrellas que iluminaron el firmamento atlético, certificándose hasta cuatro récords mundiales durante el evento (Colin Jackson en 110m vallas, el relevo estadounidense masculino en el 4x400m, Sally Gunnell en los 400m vallas y Anna Biryukova en triple salto).
Desde el viernes 13 hasta el domingo 22 de agosto de aquel 1993, año post-olímpico, el recién bautizado como Gottlieb-Daimler-Stadion de Stuttgart (hoy en día conocido como Mercedes-Benz Arena) sería testigo de unos campeonatos que depararían un buen resultado general a los atletas españoles, alcanzando la mayor cifra de medallas (y de finales) en los cuatro Mundiales celebrados hasta aquel entonces.
El mundo asistió a la debacle de Carl Lewis en las pruebas individuales de velocidad, y a la reafirmación de Kevin Young como vallista del momento. Pudo disfrutarse del doblete, oro y bronce, de los españoles Massana y Plaza en los 20 kms marcha (que redondearía después 'Chuso' García Bragado con el oro en los 50 kms). Se produjo el primer envite mundialista del que después se convertiría en el mejor saltador de longitud de la historia, el cubano Iván Pedroso. Incrédulo, el universo asumió el dominio insultante de las chinas en todas las pruebas de fondo femenino (triplete incluido en el último 3.000m que se disputaría en unos Mundiales). Amén del último gran triunfo de la campeonísima Jackie Joyner-Kersee.
Hasta el día veinte hubo que esperar para ver las dos semifinales de los 10.000m masculinos. Varios nombres ilustres, pero básicamente, y eternizando ese imperecedero antagonismo territorial, un póker de ases como favoritos: los kenianos Moses Tanui y Richard Chelimo, y los etíopes Fita Bayissa y Haile Gebrselassie.

Tanui era el campeón mundial vigente (y primer hombre en bajar, en aquel abril, de la hora en media maratón, 59:47). En Tokio, dos años antes, el propio Chelimo había ejercido como su lugarteniente de lujo, en un soberbio trabajo de equipo, y entre él y Thomas Osano habían escoltado a Tanui de tal manera que pudiera hacer frente al temible 'rush' final del marroquí Khalid Skah, preparando una carrera muy lanzada desde el inicio. El inconmensurable desempeño de un Chelimo que había llegado en una forma increíble a la cita japonesa propiciaba la victoria de Tanui. Al año siguiente, en los Juegos de Barcelona, Chelimo sufriría una de las mayores afrentas de la historia del olimpismo y del deporte mundial, en una historia que pasará a los anales como una de las más controvertidas de la historia.
En el bando abisinio, dos atletas que participarían con gran éxito en el 5.000m, consiguiendo dos medallas. Por un lado, el joven Haile Gebrselassie, que se encontraba ante su primera oportunidad para asombrar al mundo, que ya lo enfocaba como un talento absolutamente desbocado. Por otro, Fita Bayissa, que se había alzado con la plata en el 5.000m de Tokio dos años antes, y que consiguió el bronce olímpico en Barcelona en aquella carrera que acabaría ganando el alemán Dieter Baumann. Los días previos, Haile conseguía la plata en el 5.000m, por delante de Fita, que se llevaba el bronce. Nada podían hacer ante el meteórico keniano Ismael Kirui (hermano pequeño del ya mencionado Richard Chelimo).
En esos 'heats' clasificatorios del viernes 20 de agosto, el argentino Antonio Silio vencía en el primer envite, con Gebrselassie, Tanui y Chelimo en una vigilancia recíproca continua, que les llevaría a ocupar el segundo, tercer y cuarto puesto respectivamente. Nombres muy reconocibles, como Domingos Castro o Steve Moneghetti, se quedaban a las puertas de una finalísima en la que conseguiría colarse el vigués José Carlos Adán. En la otra semifinal, victoria para el luchador y talentoso italiano Salvatore Antibo, por delante de Bayisa y del keniano William Sigei. En esta serie, el manchego Antonio Serrano lograba el pase por tiempos a la gran final. 
Y aquel domingo, día de despedidas en Stuttgart, tras la final del 4x100m, y justo antes de las finales del 4x400m, que clausurarían el Campeonato, a las cinco en punto de aquella tarde estival, en esa zona boscosa del sur germano, arrancaba, con el pistoletazo de salida, la tan esperada final de los 10.000m. Con las destacadas ausencias de Khalid Skah, campeón olímpico (que decidía no participar), y Yobes Ondieki, flamante plusmarquista mundial (primer hombre en bajar de los 27 minutos, arrebatándole el récord a Chelimo, pero que no se presentó a las durísimas pruebas de selección kenianas), todas las miradas estaban puestas en el duelo entre los etíopes y kenianos mencionados. 

Con la carrera totalmente controlada por los favoritos, sólo el alemán Franke parecía soportar el terrible ritmo cambiante, tan característico de los atletas del altiplano africano. Bien entrado el sexto kilómetro, la selección se reducía únicamente a tres unidades: Chelimo, Gebrselassie y Tanui. Los tres aguantarían hasta aproximadamente el octavo kilómetro, cuando el subcampeón olímpico Chelimo perdía contacto definitivamente con sus rivales, a consecuencia del temible ritmo impuesto por su compatriota. Gebrselassie soportaba las embestidas del vigente campeón mundial, y el final se preveía presumiblemente apasionante. 
Ya a falta de unas tres vueltas y media, Tanui se giraba varias veces, desafiante, hacia Gebrselassie. La razón parecía proceder de algún toque previo del etíope que molestó al keniano, y se convertía en germen del desenlace de la historia. Con Tanui buscando un ritmo que hiciera pasar por aprietos a su rival, Gebrselassie se había convertido en la sombra perfecta de su enemigo. Exageradamente pegado al keniano, apenas se adivinaba espacio físico entre ambos contendientes durante el penúltimo cambio de ritmo sostenido de Tanui, a falta de poco menos de dos vueltas para el final. 
Toque de campana, llegando a la altura del doblado Antibo, y tras un par de frugales vistazos al tartán del etíope, la imagen televisiva revelaba a un Moses Tanui absolutamente fuera de sí, llevándose repetidamente las manos a la cabeza, en ademán de inmensa exasperación ante lo que acababa de ocurrir. Sin apenas creer lo que acontecía en pista, Tanui, en un aparatoso escorzo, se desprendía con una patada al aire, gesto desairado, de su zapatilla izquierda. El keniano iniciaba a partir de ahí su particular 'via crucis' en pos de conseguir, descalzo de un pie, revalidar su corona mundial. 
Enrabietado, Tanui asesta un descomunal ataque a falta de trescientos cincuenta metros, que consigue abrir entre ambos una brecha de veinte pasos a la altura de la contrarrecta. Un riesgo manifiesto, azuzado por la desazón del incidente, y más, a sabiendas del tremebundo final que ya esgrimía un bisoño Gebrselassie. Pese a ello, la diferencia parecía incluso aumentar, cuando a falta de doscientos metros, ambos intuían ya la recta de meta. Abriéndose paso hacia el último hectómetro, Antonio Serrano, doblado, se convertía en aventajado testigo de la terminal cabalgada de Haile, que, cambiando súbitamente su zancada, enmudecía al estadio con un cambio postrero casi sobrehumano. El valentísimo Tanui, con una mueca de titánico esfuerzo tatuada en su rostro, veía cómo Gebrselassie lo sobrepasaba centelleante por el interior a falta de tan sólo cuarenta metros.
Cruzada la línea de meta, el monumental cabreo de Tanui resultaba incluso incómodo. El keniano se mostró tajante ante Gebrselassie, que se acercó a saludar a su rival, mientras que éste desestimó cualquier tipo de abrazo, apretón de manos o tan siquiera cruce de palabras que fuera más allá de lo que él consideraba que había ocurrido. 


"Me ha tocado varias veces en el talón con la puntera de sus zapatillas durante las últimas vueltas, y ha conseguido que la mía quedase descolocada. Así, ha sido imposible esprintar bien. Por eso me ha ganado. Era la única manera que tenía de batirme".

Esas eran las palabras de un Tanui abatido, desdichado, cuya medalla de plata no podía consolar la rabia causada por una acción que él siempre consideró injusta y alejada de la legalidad. Su propia delegación interpuso una queja, que sería desestimada.
Aquella medalla de oro de Gebrselassie, la primera medalla de oro de Etiopía en un Campeonato Mundial, sería solamente el principio del legado de un pequeño atleta llamado a dominar el fondo mundial durante la década posterior. Si éste primer gran éxito del excepcional etíope fue justo o no, cada uno debe juzgarlo por sí mismo. Estos son los últimos minutos de aquella controvertida carrera:



18 de abril de 2014

Pasarán Más de Mil Años... Récord del Mundo de 800m en Pista Cubierta (M)


1997 fue un año repleto de emociones atléticas. Aparte de los Campeonatos Mundiales al aire libre, que se celebrarían en los primeros diez días de agosto en el sofocante verano de Atenas, la temporada de pista cubierta también celebraba sus Mundiales. Entre el 7 y el 9 de marzo, el Palais Omnisports de Paris-Bercy, hexagonal maravilla arquitectónica situada en la orilla norte del Sena, acogía una competición plagada de estrellas en una construcción que podía albergar a unas 9.000 personas durante eventos de atletismo, pero que podía aumentar su capacidad hasta la monstruosa cifra de 17.000 espectadores.

Aquel año, la temporada de verano iba a contemplar la caída de hasta 13 plusmarcas mundiales. Pero los eventos indoor iban a tener una especial cota de protagonismo, sobretodo en la figura de un atleta legendario.



El mediofondo masculino pasaba por un extraordinario momento de esplendor, configurado en dos nombres que evocan categoría de mito en nuestro santoral particular. Por un lado, el marroquí Hicham El Guerrouj, cuya gloria le fue arrebatada tempranamente en su primera tentativa para lograr la medalla de oro olímpica un año antes, con su estrepitosa y polémica caída en Atlanta, y que llegaba a aquellos mundiales de París con la mente enfocada en convertirse, por vez primera, en campeón mundial al aire libre a finales de verano. En definitiva, un paso previo al reinado que le esperaba tras aquella magnífica temporada.

En las clasificatorias, Kipketer
conseguía un primer récord mundial
(1:43.96)

Por otro, un kenyano de 24 años, que se encontraba en el culmen de su carrera. Nacionalizado danés en 1996, Wilson Kosgei Kipketer no había sido autorizado por el Comité Olímpico Internacional a participar en los JJOO de Atlanta, dado que las exigentes normas del máximo organismo olímpico requieren que cualquier atleta lleve nacionalizado un mínimo de tres años para tomar parte en la cita más importante del mundo del deporte (salvo que el país de origen preste su conformidad, que no fue el caso). Se le escapaba, por tanto, una buena oportunidad para su definitiva consagración, tras un año 96 en el que nadie había conseguido derrotarle, y en el que había avisado seriamente de sus intenciones: en Rieti, el 1 de septiembre, el récord mundial de Coe (1:41.73) se tambaleaba sobre sus cimientos, cuando en una hermosísima cabalgada, Kipketer lograba asomarse a tan sólo diez centésimas (1:41.83) de la estratosférica marca del británico, que soportaba ya quince años, viendo pasar el tiempo. El verano siguiente vería caer ese registro al aire libre. Pero esa es otra historia.



Centrándonos en lo que nos ocupa, París iba a depararnos una de las más brillantes competiciones indoor que hayamos podido contemplar. El 7 de marzo, en la quinta y última serie de las clasificatorias, Kipketer dejaba con la boca abierta al Paris-Bercy en la que era, curiosamente, su primera carrera en pista cubierta de la temporada. Venciendo la serie con una autoridad portentosa, el reloj se detenía en unos apabullantes 1:43.96. Más apabullante aún pensando que la anterior marca, en posesión del kenyano Paul Ereng desde los Mundiales Indoor de Budapest, se detenía aquel 4 de marzo de 1989 en 1:44.84. Casi un segundo de diferencia. "En ningún momento pensé en el récord", llegó a decir. "Buscaba una carrera lo más cómoda posible".



Las tres semifinales, al día siguiente, transcurrían sin excesiva sorpresa. En el caso de Kipketer, tras hacer saltar la banca con su estratosférico registro (aderezado aún más porque el segundo clasificado de su serie entró a casi cinco segundos), las cosas se tornaban en una calma casi tensa. Victoria fácil y tiempo discreto (1:48.49) para pasar a la final con suficiencia. Parecía como si algo flotara en el ambiente, como si algo fuera a pasar.



Ese domingo 9 de marzo de 1997, seis hombres se situaban en la línea de salida de los 800 metros con el objetivo de proclamarse campeones del mundo. El estadounidense Rich Kenna, el alemán Nico Motchebon, el neerlandés Marko Koers, el letón Einars Tupuritis y el marroquí Mahjoub Haïda ocupaban, por este orden, las cinco primeras calles. La calle seis, reservada para un hombre que aquella tarde parisina haría historia.

En la final, oro y plusmarca
mundial (1:42.67)

Al disparo, salida rapidísima, y en apenas diez segundos de prueba, Kipketer está claramente situado en cabeza. Buena opción en el caso de una prueba tan comprometida a nivel de contacto físico como los 800m. El grupo tremendamente estirado y sensación de ritmo vertiginoso. El primer 200m, en 24.22, y la zancada refinada del danés comandando de forma ciertamente desahogada. Segundo paso sin aparente dificultad, 26 segundos justos (50.22 el 400m), con el esbelto Koers a la zaga de Kipketer, y el atrevido Tupuritis resoplando en tercer lugar. A partir del 500m, tras la curva, Kipketer simplemente se eleva, despega, dirigiéndose a donde los demás no pueden llegar. La diferencia se abre exponencialmente en cuestión de un parpadeo, convirtiéndose en una brecha de diez metros en apenas la contrarrecta. Wilson ya corre en ese momento contra sí mismo. Nadie le molestia ni le importuna. Es un asunto entre él y el crono. Una lucha contra el tiempo y contra la eternidad.



Claramente, y a falta todavía de 250 metros, hay dos carreras: la del plusmarquista mundial y la de los demás. El grupo, por detrás, se compacta, pero Kipketer vuela sin aparente esfuerzo. Nueva vuelta en 26.27. Por detrás, el marroquí Haïda brega incansablemente para ponerse al mando del grupo mientras Kipketer continúa en otra galaxia.




Última vuelta a la cuerda del Paris-Bercy. Zancada imperial. La brecha con el grupo y la estupefacción del público apenas han permitido asimilar que el kenyata residente en Dinamarca desde 1990 lleva camino de derribar otra barrera. Último cabeceo, pecho adelante, sobre la línea. Récord mundial, 1:42.67. Mezcla de locura e incredulidad en las nueve mil almas del pabellón. En un lapso de 72 horas, Wilson Kipketer había batido por dos veces la plusmarca mundial bajo techo. A más de tres segundos, Haïda era subcampeón mundial, ganador de esa carrera paralela que se disputó tras la descomunal victoria. Bronce para Kenna. Como dato curioso, la IAAF recompensaba por cada triunfo en los Campeonatos con siete millones y medio de las antiguas pesetas a cada atleta. Lo mismo para los que batieran un récord mundial. Kipketer se agenció quince millones en París, aunque consiguiera batir el WR dos veces, ya que el máximo organismo mundial especificaba, mediante un precepto poco menos que disparatado, que sólo premiaba con 'bonus' por un único récord conseguido. 



Wilson Kipketer ha sido el único atleta capaz, a lo largo de la historia, de romper la barrera del minuto y 44 segundos bajo techo. Y lo conseguía tanto aquel viernes de marzo, eliminando a Ereng de los libros de registros, como en aquella final. Dos veces en apenas tres días. Os dejamos con él. Simplemente, impresionante.





15 de abril de 2014

El Maratón es otra cosa: reflexiones a orillas del Támesis


El maratón es otra cosa. Si alguien tenía alguna duda, la trigésimo cuarta edición del Virgin Money London Marathon lo ha corroborado con creces. Por muchas razones. La previa nos trasladaba a un escenario brillante, épico, "La Carrera del Siglo". Una amalgama de protagonistas que convertían cualquier otra carrera en un partido amistoso. Anticipábamos una batalla campal que podía sobrepasar holgadamente el umbral de la historia, una contienda sin cuartel que podía llevarnos a multiplicar exponencialmente, si cabe, nuestra absoluta devoción por cada uno de los 42.195 metros que dan forma a esta legendaria prueba. Y la hubo. Pero quizá no por las razones que cabían esperar o que nos había intentado vender el propio plan trazado. Los tiempos generales se deslizaban estrepitosamente hacia un segundo término. Confirmaban lo que todos sabemos y muchos hay veces que no quieren o aciertan ver. Ponían de manifiesto y desnudaban una verdad irrefutable: como hemos dicho en la frase que encabeza el post, el maratón es otra cosa. Es diferente. Es único. Es poderoso. Y es demostrativo, sintomático, expresivo. Siempre aclara. Nunca miente. Así es el maratón.

Muy posiblemente no nos alejemos demasiado de la realidad vivida en Londres y en el resto del mundo durante este domingo pasado, 13 de abril, cuando decimos que la palabra más repetida, más solicitada y que más ha desfilado por los pensamientos de tantos y tantos amantes del atletismo durante estas últimas horas ha sido "decepción". Y una palabra como esta indica, en cierto modo, tristeza. Es sintomática de sentirse engañado, desencantado.



Sin embargo, sentimos que se debe analizar la situación desde un prisma más frío, más lógico. Si enfocamos la decepción desde la perspectiva de las expectativas previas, de lo que se podía esperar o del producto que se nos vendió, podríamos quizá utilizar dicho concepto. Ahora, hay que valorar lo ocurrido debidamente. Y no consideramos, por tanto, que así sea.
La victoria del plusmarquista mundial Wilson Kipsang denota varias pautas destacables. En primer lugar, su casi indudable status como mejor maratoniano del momento se reafirma hasta límites excepcionales. No es ya sólo su récord mundial de Berlín. O su estratosférico registro en Frankfurt en 2011, donde se quedaba a 4 escasos segundos de la plusmarca planetaria que ostentaba Makau por aquel entonces. Ambas, con actuaciones imponentes. O, en consecuencia, su capacidad para convertirse en el único atleta capaz de correr dos veces por debajo de la descomunal barrera de las 2 horas y 4 minutos. Londres lo ha reafirmado como el dominador de la distancia. Ya ha bajado cinco veces de 2h05. El único que lo ha conseguido, de lejos (tres veces Geoffrey Mutai y Haile Gebrselassie). Es el atleta a batir. El rival más poderoso, el más fuerte. Y sus 2h04:29 de Londres, que además se convierten en mejor marca mundial del año por el momento, sirven para eliminar automáticamente la palabra "decepción" del vocabulario empleado para referirse a este maratón, porque sólo con contemplar sus últimos kilómetros, nos podemos dar por satisfechos. Un canto al atletismo. 14:32 del km. 30 al 35, y 14:38 del 35 al 40. Los dos parciales más rápidos de la carrera, salvo la barbaridad de los primeros 5 kilómetros (14:21). Esa cabalgada final nos traslada a escenas pretéritas, a exhibiciones legendarias, siendo su parcial del km. 30 al 40 calcado al que hiciera el día del récord (29:10, un segundo más rápido). Sus dos medias maratones, 1h02:31 y 1h01:58. Sensacional. No llegaba, en teoría, en la mejor condición física posible. Tras batir la plusmarca planetaria en septiembre, Kipsang buscó una recuperación física total, muy posiblemente con la idea de atacar de nuevo su récord en este 2014. Nos ha demostrado que es muy capaz de hacerlo. Y ya en el terreno más intangible, obvio es que desprende una luminosidad muy especial. Tiene algo. Está tocado por esa varita mágica sólo reservada a los elegidos de entre los elegidos. Y eso se refleja cada vez que lo vemos correr.

Sin lugar a dudas, la mayor y más positiva sorpresa de la jornada la protagonizaba Stanley Biwott. El keniata era despojado por Kenenisa Bekele del récord del maratón de París, que suponía además su mejor marca personal en la distancia, y en Londres se hizo fuerte para derribar ese teórico complejo. Rozó lo heroico a partir del kilómetro 30, cuando comienza el verdadero maratón, mostrándose imperial tras haber permanecido en un discreto segundo plano durante toda la prueba. Pocos contaban con él tan adelante. El pasado año, fue uno de los mayores afectados por el descalabro absoluto que se produjo por las calles británicas, derivado del inhumano ritmo impuesto de salida. Fue valiente, y la jugada se le volvió en contra, llevándose a la espalda una mastodóntica "pájara" que le situaba en un estado de barbecho maratoniano, habiendo demostrado grandes condiciones, pero cayendo, con Londres como máximo exponente, en una espiral de irregularidad e involución. Hoy, el maratón ha dictado justicia con Biwott, que ha vuelto a apostar por esa valentía que le dio la espalda el pasado año, y fue posiblemente uno de los hombres más felices sobre la faz de la Tierra en el mediodía dominical londinense con sus 2h04:55.

Tras ellos, el de siempre. Convirtiendo su leyenda en religión, Tsegaye Kebede continúa empeñado en no apearse del carro de la historia. Muy presente en todo momento en los lugares de privilegio del grupo cabecero, tomó las riendas a partir del kilómetro 25, se puso al frente, y no dudó en utilizar cada gramo de brío de su diminuta fisonomía en la búsqueda de una ruptura en la carrera. Sin posibilidad de récord mundial, sus opciones se disparaban, y daba la cara. Pasaba el kilómetro 30 en 1h29:01, comandando el grupo de favoritos. Dos minutos más lento de lo que la organización había previsto, en teoría. Imposibilitado para contrarrestar el ataque de los dos kenianos, se dedicó a hacer lo que mejor sabe: introducir los comandos de su ritmo crucero, y martillear hasta el final. 2h06:30. Su compañero de lides, Ayele Abshero, entraba apenas un segundo tras él en una gran actuación que lo vuelve a situar en el primer plano, tras algún que otro comportamiento por debajo del nivel que se le presume.

En quinto lugar, un sorprendente Tsegaye Mekonnen. Tras su impactante debut en Dubai, nos muestra que el futuro más inmediato puede ser suyo. Demasiado aventurado, quizá, por sus escasos 18 años, en consagrarse definitivamente a la larga distancia. Pero con un talento descomunal. Paró el crono en 2h08:06. Tras él, la que es posiblemente la mayor desilusión de Londres. Pese a ser clarísimo favorito a priori, y postularse como pieza importante del primer grupo durante toda la primera parte de carrera, Geoffrey Mutai naufragaba irremediablemente, topándose de bruces con la cara más amarga del maratón a partir del kilómetro 35. Un parcial de 16:31 del km. 35 al 40 hundía al maratoniano que más rápido en la historia haya corrido los 42.195m. Geoffrey concluía en un modesto sexto lugar, con 2h08:18, y a punto de ser engullido por el siempre irregular Emmanuel Mutai, que entraba a tan sólo un segundo de Geoffrey, pese a haberse descolgado del primer grupo mucho antes.

Grandes nombres, como el del campeón olímpico y mundial vigente Stephen Kiprotich, no conseguían hacer frente a la dureza de la prueba, y desde un primer momento se vieron lejos de los puestos punteros. Si bien se comentaba que Kiprotich venía de arrastrar ciertos problemas físicos, y que los altos ritmos que se esperaban no casaban con las marcas que ostenta el ugandés, no sorprendía quizá tanto su discretísimo duodécimo puesto final, como sobre todo su marca (2h11:37). El local Chris Thompson, por el contrario, conseguía un debut prometedor, terminando decimoprimero en 2h11:19. En el puesto 10, formidable el estadounidense Ryan Vail, 2h10:57, y primer hombre de raza blanca en meta, justo por detrás de un Feyisa Lilesa que pagó con creces la osadía de querer soportar los ritmos del primer grupo, hundiéndose a partir del kilómetro 30.

Refrendamos de nuevo la sabia frase que ilustra este artículo con la casi agónica participación de un Samuel Tsegay que, pese a haber logrado un majestuoso subcampeonato mundial de media maratón hace escasas fechas en Copenhage con una marca muy interesante de 59:21, topaba de bruces con la cara más desagradable de esta prueba. Hundido desde el kilómetro 35, debió acordarse de su compatriota Zersenay Tadese, maestro absoluto de la media, e incapaz de momento ante la distancia completa. Ambos ejemplos reflejan fielmente el trasfondo de esta reflexión. 2h19:10 para Tsegay. Revelador.

En cuanto a los dos debuts principales, el caso de Ibrahim Jeilan destiló desencanto y discreción, yéndose de Londres tal y como llegó: acaparando muchísimo menos de lo que de todo un campeón mundial debiera mostrar. Pocas luces, muchas sombras, y despedida final por la puerta de servicio. Terminaba por retirarse antes de llegar al kilómetro 40, tras saludar cordialmente al "muro" media docena de millas atrás. En lo que se refiere al mediático 'Mo' Farah, mucho que contar, aplicando de manera casi paradigmática la frase con la que abrimos el artículo. Octavo puesto final y discreta marca de 2h08:21 que, si bien se antoja más que meritoria para un debutante (aunque deslucida por la majestuosidad de los registros actuales), arroja un discretísimo resultado ante el principal objetivo del de Mogadiscio. El récord británico de Steve Jones (2h07:13) se tornaba imposible a medida que los parciales avanzaban. Farah dio claras muestras de sufrimiento a lo largo de muchos tramos de la prueba, aflorando a través de su lenguaje gestual síntomas de sentirse absolutamente sobrepasado por una distancia que, al menos de momento, le viene irremediablemente grande. Llama especialmente la atención su exigua economía de carrera, de zancada amplísima, cadencia muy baja, y aparatoso braceo, aspectos muy penalizables en una prueba como esta, pudiendo considerarse muestras reservadas únicamente a auténticas fuerzas de la naturaleza, como Kipsang o el propio Bekele. Resultaba especialmente evidente, sobretodo, en comparación con gente como Kiprotich o Tsegay, obcecados dominadores en este aspecto.
Su decisión previa (de la que se responsabilizó en exclusiva su 'coach', Alberto Salazar) de no integrarse en el primer grupo de salida se tornaba, a todas luces, acertada, y más aún vista después la escabechina causada por los endiablados ritmos de los dos primeros parciales sobre 5 y 10 kilómetros. Demasiado marketing, demasiados 'flashes', demasiada expectación. Una decisión puramente económica, que se ha ido complicando a tenor de los acontecimientos, y que, si caemos en la fácil comparación, provoca que 'Mo' salga claramente derrotado por la barbaridad parisina de Bekele, al que el tiempo ha acabado por dar la razón en cuanto a la decisión acerca del lugar y el modo del estreno. El devenir de Farah en la distancia de Filípides podría incluso verse limitado a nivel mental por un debut quizá inesperado, en cuanto a la complicación y el desasosiego, y otorga aún más valor al registro de Kenenisa (y al modo de conseguirlo), exhibiendo una clase que aún queda lejos de lo que puede ser capaz de ofrecer 'Mo' a día de hoy. Dominar distancias inferiores no se traduce necesariamente en un desempeño exitoso en los 42.195m, y Farah lo ha sentido muy de cerca, en sus propias carnes. Zarpazo de realidad que cae como una losa sobre las aspiraciones del campeón olímpico, y muchas cosas que pulir y cambiar, tanto a nivel de comportamiento (especialmente mediático), como a nivel competitivo. Mucho trabajo por delante aún para Farah y su séquito si pretenden tomarle la medida a la prueba.

Por la parte que más cerca nos toca, un soberbio Pedro Nimo sufría hasta la extenuación, planteándosele una carrera miserable de entrada, en solitario desde el primer metro, a medio camino entre la imprudente camarilla de Overall, Thompson, Coolsaet o Vail (que, acompañados del norteamericano Fernando Cabada como 'liebre' proyectaban tiempos rondando las 2h10 finales) y el insuficiente ritmo de Livesey o Hagos. Muy bien hasta el kilómetro 30, con esperanzas de rondar su marca personal, pero con dificultades a partir de ahí. Decimocuarta plaza, tercer europeo, y unas 2h14:15 más que elogiables, valorando las circunstancias de su carrera. Un aplauso enorme para el compostelano. Toda nuestra admiración.


Buscando reflexiones inmediatas tras lo visto en las calles de la capital del Támesis, lo primero que se nos viene a la cabeza es el tipo de carrera planteada. Con un corral de fondistas de un nivel excepcional, debe buscarse siempre una valoración lo más ajustada posible a la dimensión real de semejantes monstruos. Londres pudo "semi-acertar" con la propuesta, pero claramente se equivocó a la hora de ejecutar el plan. Se pretendía un paso de 61:45 por la media maratón. La realidad quiso que la 'liebre' principal encargada de guiar a los astros kenianos y etíopes ni siquiera llegara al kilómetro 17 con ellos. En la previa ya nos preguntábamos si el veteranísimo Haile Gebrselassie iba a ser capaz de correr 30 kilómetros un minuto más rápido (1h27) de lo que lo hiciera en 2008 en Berlín, con motivo de su segundo récord mundial. Las previsiones no parecían halagüeñas, teniendo en cuenta tanto su edad como la extrema exigencia de los pasos estipulados. Observando ahora la jugada en perspectiva, la decisión de contar con Haile parece como si quisiera obedecer a la desesperación organizativa por contener, a golpe de respeto e historia, a una cuadra de talentos desbocados, y evitar con ello la imagen de descalabro de 2013. Gebrselassie, siendo una figura mítica y que aún conserva su potestad y su halo de influencia, podía convertirse en el aliado perfecto para no provocar la locura y el zafarrancho en el grupo, controlando imperial desde la cabeza de carrera todos los movimientos de los favoritos. En definitiva, tras verlo a toro pasado, resulta revelador considerar por tanto la postura del mito etíope más como un freno de mano que como una 'liebre' descarada. A pesar de todo, clarividencia en cuanto a que el momento de 'Gebre', aunque nos duela, pasó ya hace mucho tiempo como para considerarlo aún apto para moverse en estas delicadísimas tesituras, cronométricamente hablando.


En cuanto a los demás 'pacemakers', sólo Richard Sigei resultó ligeramente correcto en su actuación, siendo incapaz aún así de llevar al primer grupo hasta la media maratón en el tiempo pactado (pasaron en 62:30, unos 45 segundos más lentos de lo convenido; a decir verdad, resultaría incluso positiva la demora). Los parciales de paso por el km. 5 y el 10 dejaban entrever la posibilidad de récord mundial (14:21 en el primer cincomil, proyectándose un tiempo final de 2h01), pero nada más lejos de la realidad. Sin 'liebres' fiables a partir de la media maratón, sólo Wilson Kipsang fue capaz de demostrar su fortaleza ante semejantes ritmos.

Parece sobresalir, por tanto, cada vez más claramente, la sobria y segura propuesta de Berlín, por encima del espectáculo multitudinario pretendido por Londres. Eso sí, como 'show', impagable. La capacidad monetaria para reunir tal cantidad de talento en un mismo escenario resulta de manera inequívoca inversamente proporcional a la imposibilidad de atacar un récord mundial con tantas estrellas juntas. Una notoria participación (en este caso, posiblemente el mejor elenco que jamás se haya visto en un maratón) no implica necesariamente un registro sin precedentes. Se presenta aún más complicado de conseguir, de hecho.
Los pasos intermedios, mal enfocados y de carácter claramente suicida, son fiel ejemplo de los errores a la hora de gestionar una situación terriblemente compleja. Si se busca una escena destinada a despedazar una carrera a base de altísimos ritmos iniciales, y después "que cada palo aguante su vela", Londres ha dado en el clavo. Si lo que pretenden es el récord mundial, acertarían aproximando su enfoque al modus operandi berlinés: un primer espada, un par de atletas en una cota ligeramente inferior, y un buen grupo de 'pacemakers', con el objetivo de plantear una carrera en la que su segunda parte explosione lo que se ahorró en la primera. Buscando ritmos insólitos en los compases iniciales, el riesgo de dinamitar la prueba resulta poco menos que bochornoso.


Pero a diferencia de la carrera masculina, donde inevitablemente pesan más las comparaciones entre las premisas iniciales y el resultado final, que el verdadero valor de lo conseguido, las mujeres nos brindaron una competición soberbia. La única que faltó a la cita, la campeona olímpica Tiki Gelana. Señalada como una de las máximas favoritas, y comentándose que llegaba en un estado sensacional, desilusionaba su paso por el décimo parcial, ya seis segundos por detrás del grupo cabecero. La sangría ya era superior a dos minutos al paso por la media maratón. Una de las favoritas caía con estrépito. 
Mientras, Florence Kiplagat, Edna Kiplagat y Tirunesh Dibaba parecían temblar amedrentadas ante una imponente Priscah Jeptoo, que en todo momento quiso jalar las riendas de una prueba en la que parecía la única con ganas de correr de verdad. La desilusión para el espectador (y la tranquilidad para sus compañeras de prueba) llegaba con su abandono, por problemas físicos, poco antes de llegar al kilómetro 29. Feysa Tadese y Aberu Kebede ya habían dilapidado su insistencia por sujetarse a un grupo de líderes que a día de hoy se manejan en un escalafón superior.

En el último tercio de carrera, la pérdida de una botella por parte de la debutante Dibaba en un avituallamiento obligaba a frenarse a la etíope para recogerla, y sepultaba sus posibilidades de, al menos, intentar luchar por la victoria. Magnífico tercer puesto final, pudiéndose catalogar de poco menos que descomunal su estreno en la distancia, tanto por marca (2h20:35, tercer mejor estreno de la historia), como por puesto, así como por sensaciones: en todo momento integrada en el grupo de las mejores maratonianas del momento. Sólo cuenta con 29 años, y ya ha dejado clara su proclividad a seguir desgranando su talento en la pista, donde tiene mucho que ofrecer aún. Pero el maratón será su destino a medio y largo plazo, hecho que debe resultar más que ilusionante, viendo sus prestaciones iniciales, para el devenir femenino de la prueba por antonomasia de la ruta.


Como broche final para una entretenidísima prueba, Edna y Florence se iban a jugar el cetro londinense llegando parejas a las inmediaciones de Buckingham Palace. Pareciendo Florence más entera, con Edna forzando el gesto en los últimos kilómetros, era la doble campeona mundial la que, con un cambio de ritmo soberbio a falta de menos de quinientos metros, conseguía la victoria que tantas veces se le había resistido. 2h20:21 para Edna, victoriosa por fin tras ser dos veces segunda y otra vez tercera en la prueba en estos últimos años.
Un enfoque, por tanto, totalmente diferente a la locura vivida en la carrera masculina. Se pretendía correr rápido, pero siempre de manera contenida, deteniéndose a pensar lo que se debía hacer, y nunca dejándose llevar por el ansia o la circunstancia.



Tras la resaca de un maratón que ha colapsado y ha tenido en vilo al universo atlético en las últimas fechas, una prueba ciertamente más modesta, como es Rotterdam, que esgrime unas formas más al estilo de Berlín, se ha encargado casi a la vez de mostrar el contrapunto a la ostentosidad abochornante de Londres. Como dato revelador, sin hacer ruido, el magnífico Eliud Kipchoge conseguía otro sensacional resultado. Viento racheado que complicó mucho el correr rápido y 'liebres' muy por debajo de lo pactado, impresionante registro de 2h05:00, en una carrera que, pese a no contar con la capacidad económica de los Majors, demuestra año a año su disposición para hacer frente a grandes plusmarcas. ¿Debiera quizá Londres aprender de ello? Desde luego, al menos debieran planteárselo.




Imágenes: Getty Images



VÍDEO COMPLETO DEL LONDON MARATHON 2014:



11 de abril de 2014

La Carrera del Siglo



Es muy complicado pronosticar en un deporte como el atletismo. Paradójicamente, también es un deporte en el que los milagros no suelen tener cabida. Si es posible y está dentro de lo previsto, puede ocurrir. Si no es así, no lo esperes. Simplemente, no acontece. Pero lo que se pueda ver este domingo en las calles de la vetusta Londres puede ser uno de los mayores quebraderos de cabeza de expertos y aficionados a este deporte que hayamos visto jamás. La organización del maratón del Virgin Money London Marathon ha apostado por montar un auténtico espectáculo. Y no dudamos que así será, pase lo que pase. Cómo ocurra, quiénes serán los y las protagonistas, o cómo se desarrollará la carrera… es otro cantar. De momento, según los datos en firme, los tangibles, vamos a intentar hacer un desglose de las posibilidades, en base al descomunal elenco de atletas que volarán bajo a través de los 42.195 metros del trazado londinense en este domingo, 13 de abril, fecha que puede perfectamente pasar a la historia.


Carrera masculina. A día de hoy, el récord mundial de maratón vigente lo posee el kenyano WILSON KIPSANG KIPROTICH. El 29 de septiembre del pasado año, Berlín acogía una carrera monumental, en la que este policía nacido el 15 de marzo de 1982, con registros discretos en pista, pulverizaba el anterior récord, en poder de su compatriota Patrick Makau Musyoki. Sus 2h03:23 lo convertían en el primer mortal capaz de derribar por una segunda vez el muro de las dos horas y tres minutos (ya había conseguido 2h03:42 en Frankfurt 2010). Ha estado dos veces en Londres (sin contar el maratón de los JJOO, donde fue bronce), venciendo en 2012 con 2h04:44, y siendo 5º el pasado año. Kipsang acapara obligatoriamente muchas de las miradas de nuestro examen por ser el poseedor del récord mundial, pero si continuamos escrutando los nombres que serán de la partida, encontramos un abanico de, al menos, una docena de atletas de primerísimo nivel.

Mencionamos en primer lugar al vencedor del pasado año en la capital de Támesis, que portará el dorsal número uno, y que ostenta un palmarés interminable: el etíope TSEGAYE KEBEDE. Inteligente y regular como pocos, desde sus exiguos 157 centímetros de estatura y su inusual fisonomía sondea y entiende como nadie las carreras, planteando batallas enfocadas de menos a más, siempre en progresión. 2h04:38 es su mejor registro. Ha ganado dos veces en Fukuoka, una en París, ostenta un primer y un segundo puesto en Chicago (donde fue co-protagonista de uno de los más bellos finales de un maratón que hayamos visto jamás), y un segundo y un tercero en Nueva York. Tiene un bronce olímpico en 2008, y un bronce en el Mundial de Berlín '09. Dos victorias en suelo londinense (2010 y 2013) y una competitividad a prueba de bombas lo convierten en favorito claro, especialmente si la carrera se convierte en un polvorín, donde aprovecha como nadie su inteligencia. Siempre coquetea con los primeros lugares. Por algo será.

Hemos comenzado con los que creemos que pueden ser dos de los máximos candidatos si la carrera es rapidísima (como parece). Pero incluso por delante de Kebede, una figura de aspecto insólito, sagaz mirada y físico consumido asoma al favoritismo con una avidez que medra. El hombre que más rápido haya corrido jamás los 42.195 metros2h03:02 en Boston en 2011 (no homologada por las particularidades del circuito), el keniano GEOFFREY MUTAI llega en un gran estado de forma. El más veterano de los favoritos (32 años le contemplan) sólo lo ha intentado una vez en Londres, el año pasado, y tuvo que abandonar en una carrera lastrada por el ritmo suicida inicial. Ha ganado en Berlín (donde venció con la que es su mejor marca personal, 2h04:15), en Boston, y dos veces en Eindhoven y Nueva York. Tiene una clase enorme, pero si no llega a las citas en plenitud, tiende a fallar. Aún así, tanto si la carrera es rápida como si no, llega con el cartel de "favoritísimo".

Otro keniano con el mismo apellido, pero sin ningún parentesco con Geoffrey, será otro de los primeros espadas. EMMANUEL MUTAI es un veterano de la prueba londinense, donde ha corrido en las seis últimas ediciones, obteniendo la victoria en 2011. Ostenta una impresionante marca de 2h03:52. El año pasado en Londres acabó por pagar el esfuerzo inicial, siendo superado en el tramo postrero por Kebede. Maratoniano irregular, es capaz tanto de grandes marcas como de sonoros descalabros. Por calidad, debe ser candidato. Hablamos de todo un subcampeón mundial (Berlín 2009), que además es el poseedor, con 2h04:40, del récord del trazado.





Después de estos cuatro monstruos, que consideramos los cuatro naipes que conforman el póker de favoritos en el caso de que la carrera sea tal como se presume (al menos, como se supone que está pactada), llegaría un pequeño grupo conformado por tres maratonianos más jóvenes, pero no por ello necesariamente tiernos en estas lides.

AYELE ABSHERO encabeza el grupo de retaguardia etíope. El tercer mejor debutante en la historia del maratón, venciendo en Dubai 2012 con 2h04:23, llegaba tercero el pasado año en esta prueba. En la que será la quinta maratón de su vida (con tan sólo 23 años), buscará consolidarse como uno de los hombres del momento.

El otro lugarteniente, su compatriota FEYISA LILESA. Apenas diez meses mayor que Abshero, se convirtió en el medallista maratoniano más joven en un Mundial con su bronce en Daegu '11, conseguido con apenas 21 años. Era segundo tras Kebede en Chicago 2012, donde firmó la que es hasta hoy su mejor marca personal, 2h04:52. No ostenta victorias en maratones 'top', pero su precocidad le convierte, a través de ese descaro, en un rival peligroso.

Y hablando de descaro y precocidad, no podemos dejar de citar al también abisinio TSEGAYE MEKONNEN. Nacido el 15 de julio de 1995, saltó al primer plano internacional con su estratosférica victoria en su debut maratoniano (2h04:32, récord mundial junior) este pasado enero en Dubai, donde ya había sido 'liebre' en 2013, y a donde, según ha revelado, retornará en 2015, con intención de batir el récord mundial, o al menos, su plusmarca nacional, en poder de Haile Gebrselassie (2h03:59).





Y en tercer lugar, otro grupo de tres a vigilar de cerca. Con 2h05:12, marca conseguida en París 2012 (y que fuera récord de la prueba, hasta que el 6 de abril Kenenisa Bekele le arrebatara la misma por nueve segundos en su debut en la distancia), el keniano STANLEY BIWOTT ha sido el vivo ejemplo de cierta involución. Ese mejor registro se ha convertido en casi un espejismo temporal, al acreditar grandes decepciones posteriores. Tácticamente muy quebradizo, vale mucho más de lo que su historial acredita. Esperamos su reafirmación en la que será su tercera visita a Londres (2011 como 'liebre', y 2013, acabando octavo en una de los mayores hundimientos que se recuerdan).
Si debemos tener curiosidad por cómo llega Biwott, estamos en disposición de afirmar que el eritreo SAMUEL TSEGAY llega en un estado de forma sensacional. 2h07:28 como mejor registro personal, viene de ser plata, con una gran marca de 59:21 en el Mundial de Media Maratón, celebrado en Copenhage hace escasas fechas. Quizá no será capaz de soportar ritmos similares al récord mundial, pero si la carrera se detiene, estará ahí, duro, rocoso y complicado en el cuerpo a cuerpo. Ya ha corrido en Londres, siendo noveno hace dos años.
Y como máximo exponente de candidato indudable si la prueba se detiene, dando paso a una batalla campal, con claro sabor a disputa abierta, y ritmo mesurado, nos encontramos ante el que, posiblemente, sea el maratoniano más inteligente en este tipo de carreras de los últimos años, pese a que es poseedor de una discreta marca personal de 2h07:20. El ugandés STEPHEN KIPROTICH llega a Londres en la que será su segunda participación, tras su sexto puesto de 2013, pero con la satisfacción de ondear la vitola de vigente campeón olímpico y mundial de la especialidad, con verdaderas exhibiciones, tanto en los JJOO de Londres '12, donde ni Abel Kirui ni Wilson Kipsang acertaron a neutralizar su prodigioso y táctico ataque, como en el Campeonato del Mundo de Moscú '13, donde destrozó literalmente a Lelisa Desisa a base de cambios de ritmo. Su triunfo en la capital rusa confirmaba que su oro olímpico no había sido ninguna casualidad. Si la carrera va a un ritmo inferior a 2h06, hecho que puede parecer evidente dadas las circunstancias, veremos si es capaz de dar un buen zarpazo a su mejor registro. Si por la razón que sea el ritmo se detiene, es uno de nuestros grandes favoritos.





Al rebufo del gigantesco grupo cabecero, varios atletas de enorme nivel: el keniano MARTIN MATHATHI (vencedor en Fukuoka 2013, con 2h07:16), el eritreo AMANUEL MESEL (2h08:17) o el brasileño MARÎLSON DOS SANTOS (2h06:34, y que participará por quinta vez en Londres).
Otros nombres destacados serán el británico SCOTT OVERALL, el también brasileño PAULO ROBERTO PAULA, el canadiense REID COOLSAET, el estadounidense RYAN VAIL, o el portugués RUI PEDRO SILVA.


Mención especial para un atleta al que tenemos especial cariño en esta bitácora, y que buscará en Londres un gran resultado que refrende su madurez deportiva y el enorme momento de forma que demostró en la pasada Azkoitia-Azpeitia. Nos referimos, como no podía ser de otra manera, al compostelano PEDRO NIMO. Mejor registro de 2h12:10, para un atleta que ha llegado a ser séptimo en Berlín, octavo en Viena, y que es el actual subcampeón de España de la especialidad.






Y como no podía ser de otra manera, prestamos distinguida atención a dos estrenos de auténtica categoría. Por un lado, el ídolo local, el británico de 31 años, nacido en Somalia, que entrena a las órdenes del controvertido Alberto Salazar, MOHAMED 'MO' FARAH. Dos veces campeón olímpico (5.000m y 10.000m en Londres '12), tres veces campeón mundial (5.000m en Daegu '11, y 5.000m y 10.000m en Moscú '13), cinco veces campeón de Europa, campeón continental de campo a través, recórdman europeo de 1.500m... En el año 2013, llegaba a un acuerdo con la organización del Virgin Money London Marathon: estar presente hasta la media maratón en el primer año, y preparar los 42 kilómetros y 195 metros para 2014. Todo, por el módico precio (según dicen las malas lenguas) de unos 900.000€. El año pasado cumplió su parte del trato. Este año, se estrena en la distancia en una prueba en la que se le presenta el mayor apuro que un debutante puede llegar a imaginar. Salazar confirmaba con cautela en la previa que iban a plantear la carrera con un paso de 62:15 por la media maratón, en un segundo grupo, con la intención de buscar el récord británico que Steve Jones ostenta desde 1985 (2h07:13).
Situación difícil de gestionar la de Farah, por la presión mediática generada, los viajes, la exposición pública... El foco de todas las miradas. Mas aún, tratándose de un atleta cuyo futuro más inmediato no parece, ni mucho menos, abocado a la ruta.
Y por otro lado, un debutante del que poco o nada se habla. 24 años, y el único que ha osado en los últimos tiempos a discutir el reinado en pista de Farah. Campeón mundial de 10.000m en Daegu '11 venciendo al británico, y subcampeón de la misma prueba en Moscú '13 por detrás de éste, el etíope IBRAHIM JEILAN afronta un debut con apariencia sencilla, infinitamente menos presionado que Farah, pero con muchas expectativas referidas a la enorme calidad que atesora.




Visto lo visto, es complicado aventurarse a pronósticos. Un dato que no puede pasar desapercibido es la ilustre figura que comandará el pelotón, como 'liebre' de lujo. El eterno HAILE GEBRSELASSIE será uno de los encargados de guiar al grupo hasta el kilómetro 30 a un ritmo que se antoja poco menos que suicida. Para la media maratón, se estima un parcial que oscilará entre 61:30 y 61:40 (el año pasado, 61:34) Al paso por el km 30, se busca la idea de la 1h27. Como referencias, el paso de 'Gebre' por ese kilómetro cuando batió por primera vez el récord mundial fue de 1h28:56. Bekele, en su debut la pasada semana en París (2h05:03), pasó en 1h28:39 (y en 62:09 la media maratón). El parcial de Kipsang en Berlín 2013, cuando consiguiera el récord vigente, 1h28:01. A escasos cinco días de cumplir 41 años, resulta cuanto menos controvertido pensar que el campeón etíope pueda tener la capacidad, a estas alturas, de soportar un ritmo de 2:54/km durante casi hora y media comandando a semejante caballería. Impondrá respeto, y su inmensa clase y experiencia debe ser aprovechada por el grupo para culminar una jornada redonda. Para el que tenga piernas para ello, claro.



Si la carrera es rapidísima, como teóricamente se ha programado, Wilson Kipsang, Geoffrey Mutai y Tsegaye Kebede se jugarán la victoria. Si el ritmo fuera descomunal, por debajo de la actual plusmarca, según nuestro juicio Kebede quedaría fuera de toda posibilidad. Todo lo que llegue más allá en estos dos supuestos, representará una sorpresa considerable.
A un ritmo intermedio (por ejemplo, entre 2h04:30 y 2h06), podríamos incluir varias posibilidades más, dependiendo de multitud de factores: Emmanuel Mutai, Biwott, Abshero, Mekonnen... En base a los grupos que se formen, y a los ritmos que se hayan marcado previamente, veremos qué posibilidades se muestran. Desde posibles intentos de escaramuza, hasta la tan impactante imagen que ya nos ofreciera Londres el pasado año, con desfallecimientos por doquier, donde entrarán en juego factores tales como la serenidad y la inteligencia en carrera.
Si, por contra, y por cualquier razón, la carrera se viera frenada (opción que no puede ser descartada tras la retirada de las últimas 'liebres', en base al arriesgadísimo ritmo que se pretende marcar), hay que sopesar la posibilidad de que tantos favoritos obviaran una marca que no les permitiera optar a récord mundial, y buscaran ahorrar energías ante una hipotética batalla final, en busca y captura tanto del prestigio por una victoria de tan inmenso calibre, como del suculento premio económico (55.000 dólares como fijo por el primer puesto). En el caso de que esto ocurriera, el abanico se extiende a atletas que, si bien por marca o por tratarse de debuts en la distancia no deberían ser siquiera considerados, han demostrado sobradamente, o bien una fuerza descomunal o una desmesurada clase sobre el tartán (Tsegay, Farah, Jeilan), o bien una sublime inteligencia y una maravillosa lectura de las carreras (Stephen Kiprotich).

El pronóstico es más que incierto, vacilante y totalmente inhóspito, teniendo en cuenta la amalgama de nombres y su incalculable talento, y lo que veamos será, sin ninguna duda, la consecuencia clara y directa de lo que pueda dar de sí el ritmo que impongan Haile Gebrselassie y sus lugartenientes en el trabajo de 'pacemakers'. No debería descartarse al cien por cien el récord mundial, pero lo consideramos poco menos que una quimera, dadas las circunstancias.



Y si Londres ha tirado la casa por la ventana, no lo ha hecho sólo en lo que a participación masculina se refiere. El maratón femenino no ha querido desentonar. Contemplar el elenco de mujeres supone asumir que las calles de la capital británica serán silenciosas refrendatarias de la concurrencia de un grupo de atletas de una capacidad monstruosa.

La keniana PRISCAH JEPTOO defenderá su victoria del pasado año. Triunfos en Nueva York, Oporto, Turín y París, y dos platas, una Mundial y otra Olímpica, presiden una trayectoria inversamente proporcional a su discutible y destartalada técnica de carrera. Brillante competidora, tiene una mejor marca de 2h20:14, y presumimos que estará si o si en la batalla final.
Dos compatriotas suyas, de mismo apellido pero ningún vínculo familiar, se encargarán de plantear alternativa. Por un lado, FLORENCE KIPLAGAT, reciente plusmarquista mundial de media maratón en Barcelona (1h05:12), que llega posiblemente en el mejor momento de su vida, que ya sabe lo que es vencer en Berlín y Boston, y que se presenta por tercera vez en Londres (marca personal, 2h19:44). Por otro, EDNA KIPLAGAT, doble campeona mundial de maratón (Daegu '11 y Moscú '13), que ya ha ganado en Nueva York, y que sabe lo que es ser dos veces segunda y una vez tercera en la capital británica. Busca la que sería su más prestigiosa victoria (marca personal de 2h19:50).

Desde la bancada etíope, tres inmensos talentos. Con la mejor marca de las participantes (2h18:58), la vigente campeona olímpica TIKI GELANA. Amsterdam y Rotterdam ya han asistido a sus victorias, y buscará resarcirse del mal resultado que se llevó de Londres el pasado año. Otra atleta de tremenda calidad en la pugna será ABERU KEBEDE, en dos ocasiones vencedora en Berlín, otra en Tokyo y otra en Rotterdam, que llega con una mejor marca personal de 2h20:30. Y para cerrar el abanico de grandes nombres, FEYSA TADESSE, una maratoniana de 2h21:06, que ya sabe lo que es ganar en París, Seúl y Shangai.


Muy por detrás, teóricamente fuera de la lucha por la victoria, ilustres nombres: las portuguesas JÉSSICA AUGUSTO y ANA DULCE FÉLIX, la ucraniana TETYANA GAMERA-SHMYRKO o la neozelandesa KIM SMITH. Y sobre todo, un debut que puede darle un aliciente impresionante a la carrera (tanto o más que en los debuts de la prueba masculina). Y es que asistiremos al estreno en la distancia de la que podría considerarse, junto con su compatriota Meseret Defar, la mejor fondista de la historia del atletismo. Hablamos, cómo no, de la etíope TIRUNESH DIBABA.
¿Será capaz este elenco de descomunales atletas de atacar el mastodóntico récord mundial de Paula Radcliffe, fijado en 2h15:25 desde aquel 13 de abril de 2003? Se antoja una tarea verdaderamente ardua reventar la marca que el mismo domingo cumplirá 11 años. Talento no faltará.



Si después de leer todos estos nombres y asistir impávidos a estas encandalosas marcas y trayectorias, aún hay mortales que se atreven a hacer un pronóstico, éste será bienvenido. Nosotros, personalmente, no nos atrevemos.

Que comience el juego. Disfrutemos con la que ha sido bien llamada, a tenor de todo lo que os hemos contado, La Carrera del Siglo.




Imágenes: Virgin Money London Marathon
Retransmisión: Eurosport / BBC One