26 de diciembre de 2014

Los Récords Mundiales del 2014



Siete han sido los registros planetarios que han sido batidos durante este año 2014 que va llegando a su fin (en pruebas olímpicas y mundialistas). En este post, los reunimos todos, con sus respectivos vídeos. Para disfrutarlos, para volver a saborearlos. Para que no se nos olvide que el atletismo, a pesar de los reveses, continúa vivo.







GENZEBE DIBABA (Etiopía)

1.500m en pista cubierta
3:55.17
Anterior récord -> 3:58.28 - Elena Soboleva (2006)
Karlsruhe (Alemania), 1 de Febrero






GENZEBE DIBABA (Etiopía)

3.000m en pista cubierta
8:16.60
Anterior récord -> 8:23.72 - Meseret Defar (2007)
Estocolmo (Suecia), 6 de Febrero






RENAUD LAVILLENIE (Francia)

Salto con Pértiga en pista cubierta
6.16m
Anterior récord -> 6.15m - Sergey Bubka (1993)
Donetsk (Ucrania), 15 de Febrero




USA 4x400m
3:02.13
Anterior récord -> 3:02.82 - USA (1999)
Sopot (Polonia), 9 de Marzo






YOHANN DINIZ (Francia)

50 kms Marcha
3h32:33
Anterior récord -> 3h34:14 - Denis Nizhegorodov (2008)
Zürich (Suiza), 15 de Agosto






ANITA WŁODARCZYK (Polonia)

Lanzamiento de Martillo
79.58m
Anterior récord -> 79.42m - Betty Heidler (2011)
Berlín (Alemania), 31 de Agosto







DENNIS KIMETTO (Kenia)

Maratón
2h02:57
Anterior récord -> 2h03:23 - Wilson Kipsang (2013)
Berlín (Alemania), 28 de Septiembre







1 de diciembre de 2014

Hablamos con... Roberto Alaiz

Roberto Alaiz
Cross de Alcobendas 2014
"Quiero vivir de esto, pero no puedo cobrar más que un ingeniero, o que un médico. No tiene sentido"
Roberto Alaiz Villacorta (20 de julio de 1990, León) habla sin tapujos, sin miedos, sin ataduras. Tal y como corre, con esa elegancia que caracteriza a una de las zancadas más típicamente reconocibles del panorama nacional. Flota a través de sus palabras, ligero y frágil. Pero no aparca la contundencia de un cambio de ritmo. Ya no es una promesa. Es una firme realidad. Y ha llegado a lo más alto de la élite nacional para quedarse. Por mucho tiempo. Objetivos, deseos, sueños, entrenamientos, crisis, dopaje. Nos habla de todo, y hablamos de todo con él.




22 de noviembre de 2014

¿Por qué Lavillenie y Adams?




El pertiguista francés Renaud Lavillenie y la lanzadora de peso neozelandesa Valerie Adams han sido galardonados, en la Gala que anualmente celebra la IAAF, como 'Atletas del Año 2014'.
El recórdman mundial en pista cubierta superó en la elección al prodigioso qatarí Mutaz Barshim, y al plusmarquista de maratón, el keniano Dennis Kimetto. Por su parte, Adams se impuso a la fondista etíope Genzebe Dibaba y a la holandesa 'voladora', Dafne Schippers.

Como curiosidad, se trata de la primera vez, en las veintisiete ocasiones en las que se ha entregado este premio, que dos atletas del 'field', dos atletas de concurso, se proclaman vencedores. Profundizando en ello, y enalteciendo la decisión (cualquier decisión, a estos niveles, hubiera sido más que apropiada), pasamos a valorar las razones por las cuales la IAAF ha considerado que Lavillenie y Adams son dignos merecedores de tal galardón.



RENAUD LAVILLENIE

Se trata del primer pertiguista de la historia que consigue la distinción. Es, además, el primer europeo vencedor desde que el jabalinista Jan Železný lo ganara en el año 2000.
Lavillenie ya venía avisando, a finales de 2013, de su excelso momento de forma, especialmente con un soberbio 5.93m en Aulnay-sous-Bois. El inicio de 2014 no era más que el preludio de un invierno trascendental, tanto en su carrera, como en el devenir de la disciplina.
El periplo se inicia con la doble fractura del récord nacional francés. La primera, un flamante vuelo de 6.04m en Rouen, el 25 de enero. La segunda, seis días más tarde en la fría Polonia, en Bydgoszcz. Un 6.08m para acercarse aún más a la leyenda. Sólo Bubka en el horizonte. La antesala de lo mágico.
Si era el ucraniano el punto de partida, con un golpe de mano Lavillenie iba a sobrepasarlo por la izquierda a inusitada velocidad. El 15 de febrero, en la morada del enemigo, en las mismas fauces del elíseo, un prodigioso vuelo sobre 6 metros y 16 centímetros esfumaba en un abrir y cerrar de ojos un récord que ya duraba casi 11 años. A apenas seis días de que se cumpliera la efeméride, y con la ironía añadida de que ocurriera en la propia casa de Bubka, y ante su atenta y aprensiva mirada, Renaud se convertía en el ser humano que más alto hubiera volado jamás sobre un listón. Tanto por el hecho en sí, como por la circunstancia en la que se consiguió (en casa de Bubka, y con su propia presencia) el acontecimiento adquiría carices casi heroicos.
Con el júbilo desatado, la barra ascendía otros cinco centímetros a petición del francés, y su intento sobre ese 6.21m concluía en un mal apoyo en la caída, y un corte leve pero aparatoso en el talón. Épico desenlace para una primera parte de la temporada majestuosa.
Su trayectoria, tras su regreso, no pudo ser más celebrada. Cinco victorias en la Diamond League, en otras tantas citas (Shanghai, Eugene, Oslo, Lausana y París). Buena obertura de cara al Europeo. Zürich deparaba una victoria que convertía su reinado continental en una triple corona consecutiva de carácter inapelable. El enjugo de la victoria tras la sorprendente derrota de Moscú, un año antes. Mientras Lavillenie seguía cosechando saltos por encima de 5.90m (altura con la que se proclamaba campeón de Europa en Zürich), sus rivales no podían sino escudriñar acatar en la distancia la bravura implacable del yugo del general francés.
Con su victoria posterior en el último meeting de la Diamond League, en Bruselas, donde conseguía la mejor marca mundial del año el 5 de septiembre, volando sobre 5.93m, se convertía en el único atleta en la historia en vencer por quinta vez la general de la Diamond League.
Con una nueva victoria en la Continental Cup, y capitaneando al equipo europeo hacia el triunfo en Marrakech, Lavillenie daba por concluida su temporada.
Su único lunar, sus tres nulos sobre 5.60m en la DN Galan de Estocolmo, el 21 de agosto, eso sí, en plena resaca de agenciarse el oro de Zürich. Exiguo yerro en un año prodigioso.



VALERIE ADAMS

La primera lanzadora femenina en conquistar este galardón. Y, quizás, el destino iba a desear que no fuera otra. Sin necesidad de lanzar tanto ni tan lejos como en otras temporadas, Valerie Adams no encontraba rival para alzar su séptimo título mundial (tercero indoor, que hubiera podido ser el cuarto, consecutivo además, de no ser por aquel descomunal último lanzamiento de la dopada Nadzeya Ostapchuk en Doha '10).
En un año en el que ha sufrido en exceso con las lesiones (fue operada en invierno, y posteriormente, se sometió a una doble intervención, en el hombro izquierdo y el codo derecho, a finales de septiembre), la neozelandesa ha demostrado un poderío de tal magnitud que se ha reflejado, por ejemplo, en su dictadura absoluta en la Diamond League: siete victorias de siete concursos (Doha, Roma, Nueva York, Lausana, Mónaco, Glasgow y Bruselas).


No fue menos su inapelable victoria en los Juegos de la Commonwealth (donde se alzaba con su tercer oro consecutivo, con 19.88m). Con cuatro lanzamientos por encima de los 19 metros, incluso su peor lanzamiento (19.58m) le hubiera bastado... para vencer por más de un metro a la segunda clasificada. Si, han leído bien. Por más de un metro.
Líder del año tanto al aire libre como en pista cubierta, el Ergo Arena de Sopot asistía impávido el 8 de marzo a su descomunal 20.67m. Tras haber lanzado 20.11m a la primera en la calificación, su concurso en la final reveló cinco lanzamientos por encima de los 20 metros y un nulo. Simplemente grandioso.
Sin grandes campeonatos al aire libre en el horizonte, Adams se permitió el lujo de lograr las cinco mejores marcas outdoor del año, siete de las diez mejores, lanzando en ocho ocasiones por encima de los 20 metros. Su 20.59m del 5 de septiembre, en Bruselas, resulta poco menos que colosal para sus rivales (además, récord del meeting). Sólo la germana Christina Schwanitz, con cuatro lanzamientos por encima de 20 metros (20.22m), se aproximó tímidamente al gigantesco mito maorí.
La única tacha de su temporada, su renuncia a última hora a participar en la Continental Cup de Marrakech, en junio, por una reacción alérgica a un analgésico.
Sin embargo, su inapelable y tiránica dictadura en el lanzamiento de peso mundial, ha añadido 14 nuevas victorias durante este año, que, unidas a su ya formidable racha previa, alzan a Valerie Adams al estatus de mito viviente. Ni más ni menos que 56 victorias de manera consecutiva (desde agosto de 2010). Aunque se encuentre lejos de las inalcanzables plusmarcas mundiales de aquellos lejanos (y turbios) años ochenta, podríamos aseverar, casi sin que nos temblara el pulso, que nos encontramos ante la mejor lanzadora de peso de la historia.




13 de noviembre de 2014

Los Acontecimientos de la Semana: 10-16 de Noviembre 2014






En esta nueva sección del blog, iremos, semana a semana, acercando los acontecimientos atléticos que se celebren durante los días venideros.
La pretensión es recopilar en un sólo post toda la información posible sobre las carreras, meetings, campeonatos y cualquier evento destacable que se celebre durante esa semana, de manera que, con un sólo click, tengamos todo a nuestra disposición.
Procuraremos incluir todo tipo de datos y horarios, listas de salida y retransmisiones, ya sea por televisión como, especialmente, streams para poder seguirlo todo a través de Internet. Además, iremos actualizándolo hasta el momento de la celebración del evento, a medida que consigamos más información (sobretodo, más enlaces a retransmisiones online, como medida alternativa, por si alguno fallara).
Para que no nos perdamos nada, tan sólo pinchando en los enlaces. Todo el atletismo de cada semana reunido en un sólo post.



DOMINGO 16 DE NOVIEMBRE


04:00h - 6th YOKOHAMA WOMEN'S MARATHON (Japón)

Listas (Tiki Gelana, Philes Ongori, Caroline Rotich...)
Stream
Web del evento



08:00h - ISTANBUL MARATHON (Turquía)

Stream1
Stream2
Previa IAAF
Listas no oficiales
Web del evento


09.00h - MARATÓN DE VALENCIA TRINIDAD ALFONSO

Listas
Stream Teledeporte (08:55h)
Stream Levante TV (08:45h)
Web del evento



09:30 - TURIN MARATHON (Italia)

Stream (enlace geo-bloqueado)
Leaderboard
Web del evento



10:00h (todas las categorías) - CROSS DE ATAPUERCA

12:45h Absoluto femenino
13:20h Absoluto masculino

Previa
Listas
Stream Teledeporte (carreras absolutas)
Stream del evento completo (desde las 10:00h)
Web del evento




13:00h - CAMPEONATO USA 12k (vía @Jokin4318)

MediaGuide
Listas
Stream

13:00h - ZEVENHEUVELENLOOP NIJMEGEN 15k (Holanda)

Info y Listas (Leonard Komon, Zersenay Tadese, Yenew Alamirew, Abera Kuma, Daniele Meucci, Priscah Jeptoo, Emily Chebet...)
Stream 1
Stream 2 (en diferido, a las 18:20h)
Web del evento

2 de noviembre de 2014

"Veni, Vidi, Vici". Wilson Kipsang: puro espectáculo en Nueva York




El círculo se cierra. Las World Marathon Majors coronan a su campeón. Tras la demostración de poderío de Dennis Kimetto en Berlín, ese 2h02:57 de locura que lo sitúa al frente de la historia maratoniana en lo que a registros se refiere, se le escapaba entre los dedos el premio supremo de esta singular competición (500.000 dólares, ni más ni menos). Sólo había un hombre capaz de destronar al plusmarquista mundial. Quién sino. Una fuerza de la naturaleza, que encumbró en las empinadas rampas de Central Park su magnífico 'affaire' con los 42 kilómetros y 195 metros.


La semana se tornaba triste en la ruta, con el positivo anunciado de la flamante ganadora en Chicago de las WMM, la keniana Rita Jeptoo. La alarma resonaba con estrépito en todos los frentes, haciendo válida la súbita advertencia hacia la Federación Keniana hace escasas fechas: a la mayor, se debía, con urgencia, endurecer el sistema anti-dopaje. De lo contrario, sanciones implacables. Pocos días después, el mundo atlético se estremecía con el positivo por EPO de Jeptoo en un control fuera de competición en septiembre. Tanto su manager, Federico Rosa, como su entrenador, Claudio Berardelli, mostraban un halo de desconcierto y hermetismo a partes iguales, disfrazado todo ello de un siempre extraño puritanismo. Ambos, por cierto, con antecedentes en la materia. A falta de una segunda prueba, se tambalea la reputación de la que puede ser considerada una de las mejores maratonianas de los últimos tiempos. De confirmarse, otro espejismo más. Una nueva vergüenza para un deporte que no puede ni se merece una existencia permanente tras la sombra de la duda.


Y en ese clima enrarecido, llegaba Nueva York, como último 'Major' del año 2014. 50.000 almas atravesando la belleza cromática del otoño de la gran urbe. Y delante, una lista de salida élite abrumadora, con la consideración de que si Wilson Kipsang lograba la victoria, el título de la general quedaba en su poder. No le valía nada más que el primer puesto.
Con la nómina de contendientes, la carrera pasaba, generalizando, por dos posibles vicisitudes. En un circuito lento y muy duro, tradicionalmente sin 'liebres', y con unas condiciones atmosféricas adversas (frío y viento racheado lateral, en ocasiones cercano a los 60 km/h por lo anunciado), tres hombres, a priori, debían llegar al momento en el que el maratón reparte sus cartas con irrebatible ventaja. Wilson Kipsang, Geoffrey Mutai y Lelisa Desisa partían, de base, con casi irreverente distancia sobre el resto de competidores. A nivel táctico, por contra, especialmente dos atletas a tener muy en cuenta en carreras que se deciden al desdén: el local Meb Keflezighi, que demostró en Boston en abril su inmensa capacidad en la guerra de guerrillas; y el ugandés Stephen Kiprotich, no en vano campeón olímpico y mundial vigente, amén de su escandalosa capacidad final en duelos igualados. Ambos, con marcas muy alejadas, eso sí, del trío compuesto por Kipsang, Mutai y Desisa.
Si nadie se decidía a jalar con firmeza las riendas, el desenlace se convertía en una historia tremendamente aventurada. Y así ocurrió, aunque con resultado no excesivamente descabellado.
Un numerosísimo grupo de contendientes se organizaba de manera heterogénea hasta prácticamente el décimo punto kilométrico. Los españoles José Manuel Abascal y Santiago de la Fuente, invitados a participar, pero sin intención de finalizar la prueba, se tomaban la licencia de rodar a ritmos manejables, codo a codo con los monstruos de la ruta. El primer parcial, tras 5 kilómetros, ya dejaba entrever cómo podía desarrollarse todo. 15:58.

Enfilando el kilómetro 10, comienza a sobresalir la figura del intrépido. Meb Keflezighi toma el mando del grupo, y tuerce el gesto a circunspecto. Se gusta, mira, controla. Pero es inteligente. Simplemente, muestra de manera casi velada sus credenciales. No regala ni un gramo más de lo que sabe que debe entregar. Como si no fuera con ellos, Kipsang y Mutai permanecen a la espera. Muy usual la imagen de éste último, frecuentemente refugiado tras la inmensa silueta del desgarbado Kirui (no era el único).
Y especialmente pintoresca, la hechura del ex-recórdman mundial, 2h03:23 en Berlín '13: con parciales de poco más de 3 minutos por kilómetro, la sensación que transmite es de ir extremadamente cómodo, insultantemente cómodo. Como si no fuera con él. Como si aún su cuerpo y su mente siguieran en el calentamiento. Los gorros y los manguitos comienzan a desaparecer. El frío martillea a primera hora de la mañana neoyorquina, y el asunto se pone serio con Meb al frente. Más, recordando su extraordinaria exhibición de Boston.
Al paso por el 15º kilómetro, el estadounidense Nick Arciniaga comandaba la carrera. 47:25, para una hipotética progresión de más de 2h10 en meta. Asumiendo la dureza del circuito, y las malas condiciones climáticas, se trataba, de llegar así a Central Park, del peor tiempo en 'La Gran Manzana' desde que el mexicano Germán Silva venciera en 1995 con 2h11:00. Otra época.

En el kilómetro 20, una figura diminuta, casi imperceptible de no ser por su oscilante braceo y su perenne expresión de perpetuo sufrimiento, decide salir en busca de su suerte, sin esperarla. Quién sino. El nipón Yuki Kawauchi. Tomando unos metros de ventaja sobre un grupo que continúa zozobrando en la constante vacilación, 'Citizen Runner' se descarna de complejos. La aventura se torna quijotesca. Y así se revela apenas dos kilómetros después, cuando Geoffrey Mutai no soporta ni la bravuconada ni la incertidumbre postrera, y en apenas segundos reduce a cenizas la ventaja de Kawauchi. El paso por la media maratón, 1h06:55, indicativo sobremanera de la lentitud del pobladísimo grupo.
No iba a pasar mucho tiempo para que el otro japonés de la bandada, Masato Imai (2h09:30), buscara la posible aventura definitiva. Si a Kawauchi (ya descolgado a más de 20 segundos tras la infructuosa intentona) no le funcionaba, a Imai le iba a ocurrir exactamente lo mismo. Metros antes de llegar a la  imperceptible barrera del trigésimo kilómetro, Lusapho April, tranquilamente escoltado por Kipsang, daba caza al fugado. No era día para sorpresas. No quita la situación para que las imágenes de fervientes y azarosos actores secundarios tiñan de colorido y de emociones distintas este peculiar tipo de maratón, sin 'liebres', sin ritmos predeterminados.
Keflezighi daba muestras de falta de fluidez en ciertos momentos, Kiprotich aparecía en primera fila para volver a su escondrijo en cuanto el ritmo se endurecía mínimamente, y con Kipyego desaparecido hacía unos minutos, y los etíopes Gebremariam y Desisa esperando acontecimientos, era el sudafricano April, sorprendente tercero el pasado año, el que se situaba en cabeza, con su más que correcta, ahorrativa y práctica zancada. Eficiencia al servicio del asfalto.



En la vigésima milla, ya son sólo diez los atletas que componen el grupo, incluyendo a todos los favoritos, excepto Kipyego (Kipsang, Mutai, Desisa, Gebremariam, Keflezighi, Cheruiyot Kirui, Kiprotich, April, Imai y Kogo). El ritmo de paso, en 1h41:49, seguía empeñado en dificultar el asalto a las 2 horas y 10 minutos. Mientras, el disparate habitual, casi cómico, de cada avituallamiento: patinazos, lapsus, frenazos fulminantes, miradas de lástima y pavor hacia las botellas perdidas... Un show difícilmente evitable casi en cada maratón de estas dimensiones. El más listo de la clase se adelantaba previamente, sabedor de la locura venidera. Keflezighi da muestras obvias en cada competición con estos gestos, tanto de su brava inteligencia en carrera, como de su inmensa experiencia.
Llegando al kilómetro 35, el grupo literalmente se desarma, siendo cuatro los atletas que sobreviven a la cacería: dos kenianos (Kipsang y Mutai), y dos etíopes (Desisa y Gebremariam). Y apenas dos kilómetros después, el cuarteto se convierte en dúo. Kipsang y Desisa apuran el duelo. Mano a mano. En pocas decenas de metros, se van a ver llegando juntos y en solitario a Central Park. Tal es el cambio, que poco antes del kilómetro 40 ya son 21 los segundos que pierde Gebremariam, y medio minuto lo que ha cedido Mutai.

Y a partir de aquí, la exhibición. Nada más y nada menos que puro espectáculo. Esto es Nueva York.
Kipsang se enroca. Cambia de marcha e introduce, noble y distinguido, los comandos de su desmesurada zancada. El gesto de Desisa evidencia dolor y sufrimiento. Pero con un admirable y bello estoicismo, el abisinio, como puede, continúa galopando. Tiene claro que, de regalar un metro, habrá perdido la batalla. Y tras un codo de derechas, la extraña pareja se introduce en la melancólica belleza de Central Park. Codo a codo. Titánico y taciturno de una sola vez.
En un último aliento, al borde del colapso atlético tras más de 40 kilómetros galopando por los indoblegables toboganes de Nueva York, Lelisa Desisa, endiabladamente rápido en los finales, busca la par de su acompañante. En un gesto insólito, desplegando el brazo izquierdo hacia el cuerpo de Kipsang, a su rebufo, Desisa destapa la caja de los truenos (pincha el enlace anterior para verlo). Sin llegar a codazo, el aspaviento no resulta grato. Ni siquiera para el espectador. Y Kipsang lo aprecia. No le gusta en absoluto. Se gira hacia su compañero de escapada y parece mascullar una ininteligible reprimenda. No pudo existir un desprecio tan sublime como la bofetada que el kenyano asestó al subcampeón mundial en Moscú con un cambio de ritmo tan bello como salvaje. En apenas diez segundos, se resolvía la jugada. Destilando suficiencia. Puro espectáculo, de nuevo.

Del kilómetro 35 al 40, el parcial más rápido de la carrera, 14:31. Los últimos 2.195 metros de Kipsang, en 6:11. Y prácticamente en su totalidad, cuesta arriba. Aún más rápido en total que su gloriosa cabalgada de Berlín '13 (14:36 y 6:11).

Y lamiendo las dos horas y once minutos (2h10:59), Wilson Kipsang lo volvía a hacer. Con su victoria, se convertía en el primer hombre capaz de vencer en Berlín, en Londres y en Nueva York. Nadie lo ha conseguido jamás. Se agotan los calificativos ante un atleta de una fuerza y de una calidad exorbitantes. Y sobre todas las cosas, que desprende la monstruosa sensación de que, encontrándose en plenas capacidades atléticas, hoy por hoy es invencible.
A siete segundos (2h11:06), un Lelisa Desisa cariacontecido no consiguió derrocar a la bestia. Lo intentó con todo su vigor. Lo miró cara a cara. Valiente, enrabietado, demasiado al límite, y finalmente casi fuera de la legalidad. Reprochado por Kipsang (que apenas lo miró y no lo saludó tras entrar en meta), el etíope continúa sumando interesantes resultados.
En el tercer escalón del podio, un meritorio Gebregziabher Gebremariam. Elegancia pura para un atleta que nos había malacostumbrado a su clase, y que, desaparecido del panorama, quiso retornar al paraíso maratoniano en uno de los mejores escenarios posibles. 2h12:13. Fantástico contemplar su distinción de nuevo.
Cuarto, bajo el clamor de un público que lo adora, Meb Keflezighi2h13:17. Poco más que decir sobre un maratoniano admirable.
La cruz, al igual que en Londres, fue representada por un Geoffrey Mutai que, pese a sutiles ramalazos destelleantes de infinita calidad, no vive, ni de cerca, su mejor momento. Ya lo vimos sufrir en Londres, y hoy ha vuelto a verse su cara menos buena. 2h13:43, más que tímido e insuficiente sexto puesto, para el doble ganador de este 'Major'. Un hombre que no baja de 2h08 desde hace más de dos años.


Como conclusión a este otoño maratoniano, no podemos dejar de destacar a tres figuras obviamente gigantescas en este universo tan complejo que es el maratón masculino. El primero en asestar un impactante golpe de mano era Dennis Kimetto, allá por el final de septiembre, en la presteza de Berlín. Sencillamente extraordinario. Poco más se puede añadir que no se haya dicho ya sobre un nuevo y más que confirmado contendiente para el mundo asfaltero, y que aunque no sea tal, ya ha estampado fehacientemente su impronta en la historia.
A mediados de octubre, el soberbio Eliud Kipchoge vencía de manera impoluta en Chicago. Una de las trayectorias maratonianas más solventes y brillantes de los últimos tiempos. Y en ese mismo escenario, un Kenenisa Bekele que despertaba por doquier decepciones, de nuevo por encima de 2h05. No dudamos de su mastodóntica capacidad. La adaptación a la ruta no es sencilla. Sin caer en la tentación de valorarlo como decepcionante, esperaremos su evolución. Su hoja de servicios bien merece un voto de confianza. Veremos su 2015.

De momento, el nombre es, de nuevo, el mismo. Puro espectáculo.
Llegó, vio y venció. El gran Wilson Kipsang.




Vídeo de la carrera completa:







12 de octubre de 2014

La sonrisa de Eliud. La resignación de Kenenisa


Segundo envite de los World Marathon Majors otoñales, tras la barbaridad de Berlín. Después de contemplar la gesta de Dennis Kimetto, primer ser humano capaz de traspasar la descomunal barrera de las dos horas y tres minutos, Chicago aguardaba con paciencia su turno para sembrar de tempestades el asfalto. La fastuosa urbe del estado de Illinois, "La Ciudad de los Vientos", acogía con los brazos abiertos un despampanante ejército de atletas en busca y captura del brillante 2h03:45 que el propio Kimetto realizara hace ahora 364 días.

La milicia de este 12 de octubre era comandada por dos intérpretes de un valor casi incalculable en el mundo atlético actual. Eliud Kipchoge, brillante sexto "all-time", con su estratosférico 2h04:05 de Berlín '13, ya anunciaba desafiante en la previa, desde su habitual singularidad, que el récord de la prueba era su objetivo. Sin embargo, la empresa se antojaba, cuanto menos, porfiada. En la otra esquina del cuadrilátero, la imponente presencia de un genio de épica magnitud: Kenenisa Bekele.
Junto a una pléyade de brillantes contendientes, y con una carrera femenina de un valor gigantesco, las dimensiones de la carrera se antojaban muy cercanas a la antología. La realidad superó en este caso, con creces, todas las hechuras imaginables. El golpetazo sobre la mesa resonó con eco desde Chicago a lo largo y ancho de todo el planeta, removiendo los cimientos del universo maratoniano. Y esta vez, a Bekele se le hizo de noche.


El muro de contención creado por las tres 'liebres' que comandaban el plantel cabecero desde el inicio proporcionaba reparo a Kenenisa Bekele, engullido por el grupo, y sin asomar en ningún momento por las primeras posiciones. Kipchoge, atento y tranquilo, como ya es costumbre, de apariencia sosegada y casi flemática, oteaba desde los puestos delanteros acerca del trabajo de Tariku, Kirui y Ghebreslassie. Los primeros parciales cantaban cifras de escándalo. Primera milla en 4:34 (ritmo de 2:50 el kilómetro), catorce segundos más rápido que el parcial de Kimetto el pasado año.
Grupo numeroso, de doce unidades contando las 'liebres', y Feyisa Lilesa perdiendo su sempiterna condición de 'front runner', superado por la salvaje cadencia. La primera referencia válida, aunque siempre relativamente temprana, el paso por los cinco kilómetros, 14:43. Todos los favoritos inmersos en el grupo. Lo esperado. Kipchoge, Bekele, Tola, Kitwara, Chumba, Koech, Korir y Lilesa. Por añadidura, un invitado inesperado, el kenyano Lani Rutto, un atleta de 2h10:01 (Frankfurt '13) con el que nadie contaba.
Las condiciones atmosféricas hacían presagiar una carrera ciertamente cómoda. Temperaturas entre 7 y 10 grados, y en torno a 70% de humedad relativa. Perfecto, en teoría. Viento racheado, pero no excesivamente poderoso. El paso por los 5 kilómetros en la carrera femenina (17:12) revelaba el primer punto de sorpresa del día. La local Amy Hastings cabalgaba ya con una ventaja de tres o cuatro segundos sobre la tropa de etíopes y kenianas. Habría tiempo de que las tornas cambiaran.
Curiosa la imagen en el avituallamiento del décimo kilómetro. Tariku Bekele, pasándose de frenada, estaba a punto de perder su botella, viéndose obligado a frenar bruscamente. A ritmos de 2:50/km, la situación se torna suicida. Paso en 29:30, y el sorprendente Lani Rutto comanda el escuadrón. Kimetto pasaba en 2013 en 29:23. Hace dos semanas en Berlín, en 29:24. Mientras Hastings seguía aumentando la diferencia con Jeptoo, Kiplagat, Burka, y Mare y Birhane Dibaba, el primero en abandonar la pretensión de un soberbio 2h04 (proyección a esas alturas) era el vencedor de Boston '12, Wesley Korir. En cuestión de cinco kilómetros, en el parcial del 15 al 20, perdía más de dos minutos con la cabeza. Sin contar en demasía desde el inicio, se convertía en una opción menos.
Con Lilesa cediendo un metro constantemente, y el resto del grupo unido y compacto, el decimoquinto kilómetro transmitía sensaciones de calma. La calma anterior a la tormenta. Calma tensa. Y en esa calma, se empieza a adivinar una figura implacable. Eliud Kipchoge lo amasa. Se lo piensa. Bekele sigue sin aparecer. Y esto no es París.
Media maratón. Primera referencia seria. Se hablaba los días previos de que la consigna para las 'liebres' era un salvaje 61:40. En el récord de Kimetto en Berlín, la cabeza pasaba en 61:45. En este punto se despedía tímidamente el hermano de Kenenisa, que no paró de fijarse en su mano durante su hora larga de trabajo. En ella llevaba apuntados los tiempos de paso requeridos. Al frente quedaban, a partir de aquí, los dos bisoños 'pacemakers' de la cuadra de Hermens, enjuto Ghirmay Ghebreslassie, y descorazonado Geoffrey Kirui. Su semblante se tornaba agónico en muchos momentos. La desorbitada cadencia se encargaba de complicárselo aún más. Sin embargo, el ritmo es lento, entrecomillado. Casi medio minuto por encima de lo convenido. Un paso en 62:11 que ponía en evidencia la dificultad extrema de atacar el registro de Kimetto el pasado año. El paso de las chicas proyectaba un posible 2h25 (1h12:35). Hastings perdía comba, y las cinco africanas fijaban su posición en el horizonte.
Al paso por el ecuador de la prueba, la valoración resulta, cuanto menos, si no esencial o definitiva, sí clarificadora. Sensaciones contradictorias las transmitidas por Bekele durante toda la carrera. Agazapado, sin querer (o poder) asomar, pero disfrazado con su correr elegante, circular, majestuoso. "La Zancada". Zancada que, viéndolo en perspectiva, quizá represente más efectismo que efectividad en la ruta. Cada vez, más incrustado en la oquedad de la grupeta. Mientras al llegar al vigesimoquinto kilómetro femenino, la debutante Gelete Burka ya se ha caído de la cabeza, convirtiendo la prueba en una contienda a cuatro bandas, los hombres llegan al 30 en el momento en el que desaparece Kirui. El paso, en 1h28:36, y comandando el atrevido Rutto, que está haciendo la carrera de su vida. En ese momento, la proyección sitúa la marca ligeramente por debajo de las 2 horas y 5 minutos. Mucho peor de lo esperado. Más de un minuto de retraso con respecto al récord de la prueba.
Y llega ese momento del maratón en el que siempre algo ocurre. Como una ancestral ceremonia, una imagen de impacto sobrevuela la conciencia de todo aquel que disfruta con el atletismo asfaltero. Una imagen que, por insólita, se convierte casi en grotesca. Kilómetro 33. Bekele pierde pie. Se descuelga. No puede. Kipchoge lo ve. Kitwara lo adivina. Y unidos a Chumba, no pierden la oportunidad. Eliud y Sammy se encienden. La carrera estalla y se rompe en mil pedazos. Carnicería. Como ver caer un símbolo. Lo imposible, por impensable, a veces ocurre. Y en maratón, con más razón. La tan citada idiosincrasia de una prueba tan singular, ofrece en ocasiones estas percepciones. "No tuve problemas físicos, como en París. Simplemente, no podía. Cuando lo intentaba, mi cuerpo no reaccionada. No podía seguirlos". La resignación de Kenenisa.
Al kilómetro 35 se llegaba con 1h43:21. El trío de cabeza, con Kitwara y Kipchoge desatados, y Chumba, que parecía perder el paso por momentos, comienza a martillear con estrépito. Ya son 11 segundos sobre Koech, y 13 sobre Bekele. 14:31 para el parcial del 35 al 40 (más rápido aún que el 14:36 anterior, y el más rápido de la carrera), y se desencadena la tormenta. Kipchoge entra en acción. Y demuestra por qué es uno de los maratonianos del momento. Su adaptación al asfalto revela la extraordinaria capacidad de este atleta de tan sólo 29 años. El 'hachazo' es monumental. Kitwara y Chumba ni imaginan esa capacidad. Sólo pueden aplaudir y pelear por los dos escalones restantes. A partir de ese momento, una de las imágenes del año. Se sabía ganador. "Fue una pequeña sonrisa. Sonreí para disfrutar de las calles de Chicago. Disfruté de la carrera de principio a fin. Todo salió bien". Fortísimo. Espectacular. La sonrisa de Eliud.



2 horas, 4 minutos y 11 segundos. Eliud Kipchoge. Tras haber vencido en su debut maratoniano en Hamburgo (2h05:30), haber sido testigo privilegiado y magnífico de la legendaria cabalgada de Kipsang en Berlín (2h04:05), e imponer su ley en el desapacible vendaval de Rotterdam (2h05:00), su impresionante final de carrera en Chicago lo consagra como uno de los más asombrosos atletas de la actualidad. Finalizando con una portentosa sobriedad, y destilando alegría tras cruzar la meta. El premio a un trabajo sensacional.
Segundo, un destacadísimo Sammy Kitwara. Se convierte en protagonista de un curioso hecho: se trata del maratoniano más rápido de siempre (2h04:28, marca personal) que jamás haya vencido un maratón (en cinco participaciones en la distancia). Cuanto menos, llamativo. Su sello de identidad, su impactante regularidad. Cuarto en Chicago '12, tercero en Rotterdam '13, Chicago '13 y Tokyo '14, y segundo en Chicago '14.
Y para completar el éxito keniano, Dickson Chumba era tercero con 2h04:32, asestando un golpe mortífero, de más de un minuto, a su mejor registro personal. Fantástica su progresión.
Tres sub 2h04:35. Prodigioso.


PARCIALES DE KIPCHOGE:

  • Cada 5k: 14:44 / 14:46 / 14:46 / 14:46 / 14:40 / 15:04 / 14:36 / 14:31 / 6:08
  • Cada 10k: 29:30 / 29:32 / 29:44 / 29:07 / 6:08


Resultados completos del Maratón de Chicago 2014



Brutal igualmente el desenlace femenino. Rita Jeptoo lo lograba de nuevo. 2h24:35 y victoria sobre las World Marathon Majors, que le reportará cerca de 500.000 dólares como premio. Ha vencido los cuatro último maratones que ha disputado (las dos últimas ediciones de Boston y de Chicago), convirtiéndose en la única atleta en la historia (hombre o mujer) que consigue ganar cuatro 'Majors'. De leyenda.
Mare Dibaba entraba en segundo lugar (2h25:37), mientras que Florence Kiplagat era tercera (2h25:57). La estadounidense Amy Hastings, tras una carrera enormemente meritoria y valiente, finalizaba en quinto lugar (2h27:03), en dura pugna con Birhane Dibaba (2h27:02).


Y retomando la carrera masculina, con Lilesa y Tola incapaces de concluir la prueba, Bernard Koech era quinto con 2h08:30. Se hundió a partir del kilómetro 35 (16:39 del 35 al 40). Sexto concluía el joven Ghebreslassie, contratado como 'liebre', pero que no tuvo reparos en finalizar su primer maratón con un más que respetable 2h09:08. En séptimo lugar, el sorprendente Lani Rutto (muy tocado al final, eso sí, en 2h10:42).
Y por último, la mayor cruz. El más importante envés de esta historia... Kenenisa Bekele. Un amargo cuarto puesto para el genio de Bekoji. 2h05:51. Entrando en detalles, la marca puede considerarse fantástica. En esta locura permanente, a nivel de cronómetro, en la que se ha instalado definitivamente el maratón mundial, no deja de mostrarse irracional e incluso falto de ética y casi de respeto pretender un récord del mundo cada domingo. La expectativa, por la entidad de los protagonistas, y por las hechuras de un maratón realmente poderoso, tanto a nivel económico como a nivel de estructura y posibilidades del circuito, era inmensa. Lógico y normal. Pero engañarse de manera perpetua, exigiendo constantes registros de otro mundo, sólo puede conducir a crueles frustraciones. Bekele manifestó de todas formas su decepción, cariacontecido, preguntándose acerca de su preparación ("Tengo que analizar cuidadosamente mi entrenamiento, y pensar en ello cuando vuelva a casa. Tal vez algo no va bien").
Sin embargo, y pese a la expectación que levantó su presumible estado de forma previo, y la configuración de una carrera que prometía luces de otros colores para el campeonísimo etíope, enarbolamos que su resultado de hoy no puede considerarse un rotundo fracaso. Dos maratones por debajo de 2h06 (con una victoria y un cuarto lugar) no debe entenderse como un dato realmente preocupante, ni muchísimo menos. Si afina, puede ser imparable de cara a 2015 y a los Juegos de Río, sabiendo obviamente la calidad que atesora. Conjeturas. De momento, tendrá que esperar. Veremos qué decide con vistas al próximo año. Como ocurriera en aquel lejano 2003, en la preciosa París, Kipchoge ha vuelto a ganarle la partida. No se quedará de brazos cruzados. No va con él. Nos aventuramos a asegurarlo.





Vídeo de la retransmisión completa del Chicago Marathon 2014:



28 de septiembre de 2014

La gloria pasa por Berlín: 2 Horas, 2 Minutos y 57 Segundos


Las hojas comienzan a desprenderse pausadas, en calma, suavemente mecidas por la tenue brisa que crepita en las copas de los árboles, ya de un color ceroso. Bajo el más puro aroma que llega desde un octubre a la vuelta de la esquina, una inmensa y maravillosa urbe tudesca se ocupó, una agradable mañana de septiembre, de acunar una de las mayores gestas atléticas que el ser humano tiene siquiera capacidad de recordar. Un antojo de dioses. Una quimera extraordinaria. La inmortalidad se conquistó, de nuevo, en Berlín. Dos horas, dos minutos y 57 segundos después del disparo, el crono se detuvo, y con él, se detuvo el tiempo. Para conquistar la historia. Para convertirse en leyenda.

08:45h de la mañana del domingo 28 de septiembre de 2014. Una hora para recordar. Una fecha determinante en la historia. Posiblemente, con el tiempo, sea olvidada, como tantas y tantas veces ha ocurrido a lo largo de los años. Pero hoy es la guía, el faro del maratón.


Berlín planteaba una carrera en la línea de sus ediciones precedentes, como narraba nuestra previa. Claramente centrada en el registro, la organización del que es, quizás, el circuito de maratón más rápido del mundo, apostaba por cuatro nombres de incalculable aptitud para abordar el récord que Wilson Kipsang Kiprotich sellara hace hoy 364 días sobre el mismo asfalto. Dennis Kimetto, Geoffrey Kamworor, Tsegaye Kebede y Emmanuel Mutai, rutilantes estrellas del universo maratoniano actual, alineados en pos de intentar atacar una soberbia plusmarca. La consigna para las tres 'liebres', un paso de entre 61:40 y 61:45 por el ecuador de la prueba. La idea, llegar al kilómetro 30, ya sin 'pacemakers', por debajo de la frontera de la hora y veintiocho minutos. Empresa complicada, pero no imposible. Geoffrey Ronoh, Bernard Kigen y Wilfred Kirwa, lujosos subalternos a la caza de tan ardua misión. Si ya asistimos a la escabechina londinense aquel lejano 13 de abril, precisamente por un desafortunado trabajo de los encargados de marcar el ritmo de la prueba, Berlín escudriña por sistema y por necesidad, con avezada astucia, un requisito elemental para su ofensiva maratoniana anual: inteligencia y mesura desde el disparo, pasos de menos a más, 'liebres' sabedoras al dedillo de su cometido, y la inabarcable calidad de los elegidos, que se ocupará del resto. Tal cual, ocurría esta mañana.
Dos minutos y cincuenta y dos segundos después de la apertura, Ronoh, Kigen y Kirwa coronaban los primeros mil metros. El paso por el segundo punto kilométrico, añadiría 2:54 al crono. La primera referencia de interés e importancia la encontrábamos en la llegada al quinto kilómetro. 14:42, para el que, paradójicamente, iba a ser uno de los parciales más sosegados de la prueba. Kipsang, en su récord de 2013, pasaba con nueve segundos de adelanto.
El pelotón comandado por las tres 'liebres' estaba integrado, al llegar al décimo kilómetro, por ocho unidades más: dos etíopes (Kuma y Kebede) y seis kenianos (Mutai, Kimetto, Chepkwony, Kiptanui, Matebo y Kamworor). 29 minutos y 24 segundos. Dos parciales idénticos de cinco kilómetros (14:42). Ritmo sostenido, purasangres mesurados en su empeño, constantes toques de freno. Inteligencia sublime en cabeza.
El paso por el decimoquinto kilómetro suponía incluso una vuelta de tuerca más en la porfía por el récord. En este caso, siguiendo el aspecto negativo de la idea. 14:46 en el tercer parcial, más lento aún que los dos anteriores, para un 44:09 total que proyectaba un posible 2h04 final. La sensación de que la plusmarca se alejaba por momentos comenzaba a atisbar una inicial aunque tímida cúspide. Eso, o una cordura y sensatez extremas. Conservadurismo casi rudo. Las condiciones climatológicas susurraban impecables, alineadas, sin embargo, hacia la gesta.
Llegada al vigésimo kilómetro. Primera gran referencia global del transcurrir de la prueba. Noticia en el horizonte. El pequeño etíope Tsegaye Kebede pierde metros. No es la primera vez que le ocurre, no obstante, empecinado en mantener la sangre fría hasta en la mayor situación de estrés imaginable. Esta vez, tras los pasos de un Matebo que comenzaba a acusar la presteza del ritmo tras un parcial endiablado (14:26), Kebede llegaba al ecuador de la prueba con diecinueve segundos perdidos sobre la cabeza. Demasiado aciago para consistir en una maniobra premeditada. Demasiado extraño para aquellas alturas de carrera. De un plumazo, uno de los grandes favoritos de la batalla desaparecía del panorama. Uno menos. El paso por la media maratón, dentro del límite acordado, 61:45. Es decir, perfecto. Kipsang volaba en 61:34 un año antes.

A partir de aquí, con un grupo de media docena de atletas, que comenzaba a perder a uno de sus, en teoría, más débiles integrantes (Eliud Kiptanui sufría a cola de grupo), y habiendo visto desvanecerse ya a uno de los actores protagonistas, la carrera desempolvaba su perfume de cruzada, en ese momento en el que el guerrero arde en deseos de empuñar su invisible espada de guerra. 14:32 era el parcial registrado del kilómetro veinte al veinticinco (cinco segundos más rápido que el récord vigente), despuntando una cifra descomunal, antología pura con veintidós kilómetros recorridos. 2:39 el mil al paso por 'la niña bonita'. Monumental. La historia comenzaba a escribirse con mayúsculas.
Las 'liebres', conocedoras de la importancia de estos compases de carrera, y habiendo ejecutado un impecable y contenido trabajo durante la primera mitad de prueba, desencadenaban la tormenta. Kimetto, Mutai, Kamworor, Kuma y Chepkwony pasan el kilómetro veinticinco en 1h13:08. La circunstancia asevera, contagiada del semblante austero y fríamente abismado del colosal Kimetto.

Kilómetro 30. El abismo por detrás. El vértigo hacia adelante. Llega 'el muro'. Kimetto se deja caer de forma súbita a cola de grupo, perdiendo unos metros en el avituallamiento, y hace brotar un sutil nerviosismo. Falsa alarma. Mutai comienza a asomar en cabeza, mientras Kamworor parece perder algún metro. Las dos 'liebres' que quedan se despiden, literalmente. Ovación cerrada, como poco. Congratulaciones de una organización exultante. Imperial su trabajo. Determinante para lo que vendrá después. Emmanuel Mutai, irregular pero talentoso a partes casi iguales, decide pasar a la acción. Comienza el baile. Mutai, primero, pasa la referencia en 1h27:37 (un segundo más rápido que la mejor marca conseguida alguna vez en la distancia - Patrick Makau y Peter Kirui en el Berlin Marathon '11). La consigna grabada a fuego en el libro de ruta desde la previa, bajar de 1h28. Conseguido con creces. Kipsang pasó en su récord en 1h28:01. Veinticuatro segundos de adelanto. Wilson se remueve allá desde donde asista al espectáculo.
Mutai, escoltado por Kimetto y Kamworor, martillea a conciencia, con dos parciales consecutivos en 2:46 en los kilómetros treinta y uno y treinta y dos. Kuma se hunde en apenas doscientos metros. A partir de aquí, comienza el despejado de incógnitas. ¿Cómo ha llegado Kimetto, después de un 2014 para olvidar? ¿Es tan bueno como disparaban los mentideros en la previa el estado de forma del joven Kamworor? ¿Será capaz Mutai de asestar un golpe definitivo, que destierre finalmente su, en ocasiones, voluble reputación?
Cinco kilómetros pueden bastar para sellar un certificado de autenticidad tan puro que una carrera quede, al menos en parte, sellada a tal fin. Si nos dicen que a estas alturas de un maratón que tres hombres pueden ostentar la extraordinaria capacidad de cabalgar cinco kilómetros en 14 minutos y 9 segundos, la mueca de incredulidad puede resultar tan previsible como sarcástica. Pero como en las buenas historias, la realidad superó a la ficción. Tres jinetes al unísono cabalgaban desatados hacia la Puerta de Brandemburgo, con un Kamworor especialmente activo. Las cuentas salían. La obstinación del joven keniano por cambiar de ritmo en sucesivas ocasiones fue el primer paso para cavar su propia tumba. Llegando al trigésimo cuarto kilómetro, sobresale en cabeza la silueta desgarbada de Dennis Kimetto. 2h03:45 en Chicago '13 como credencial máxima, y el debutante más rápido de siempre. Había llegado su hora. La hora de demostrar que era un elegido. Y pese a las dudas previas sobre su estado, y más viendo su trayectoria este pasado año, no iba a defraudar.

Con Kamworor fuera de combate en apenas segundos, perdiendo metros a marchas forzadas, y Mutai alargando su elegante zancada, lastrado por la fiereza de Kimetto, la carrera presentía que, desde los cimientos más profundos del maratón, se removían todos y cada uno de los nombres y números que hubiesen paseado jamás por la mística absoluta de la inolvidable Berlín. Sin contar Boston, la renombrada BMW Berlin-Marathon encaramaba hasta hoy siete plusmarcas entre los quince mejores registros de la historia. Los últimos cinco récords mundiales se han conseguido en Berlín. ¿Iba a ser menos esta edición? No.
La descomunal sacudida de Kimetto situaba la carrera en un margen idílico con respecto al récord vigente. Al paso por el kilómetro treinta y cuatro, la cabeza volaba con 44 segundos de ventaja con respecto a las 2h03:23 vigentes. Se enfrentaban, en este caso, a la brutalidad de aquella última cabalgada de Kipsang. Al paso por el treinta y cinco, ya son 49 los segundos de margen. Mientras Mutai frunce el ceño, la inhumana determinación en la mirada de Kimetto es tal, que asusta. Llega el momento de la verdad.

Kilómetro 38. Se observa movimiento a más de veinte kilómetros por hora. Kimetto muerde de nuevo, esta vez con más saña. El ritmo es aún más salvaje, si cabe. El enjuto Mutai se ladea, se retuerce, zigzaguea impotente, como si buscara fuerzas en algún otro lugar del asfalto que no sea el rebufo de su compañero de viaje. Kimetto no vacila. Sentencia. No va de farol. Se palpa. La suerte está echada.
A falta de 2.195 metros, 1h56:29, con siete segundos de ventaja ya sobre Emmanuel Mutai. Kipsang "sólo" pudo detener el crono en ese punto en 1h57:12. Cuarenta tres segundos como margen de maniobra. Ahora sí, el récord mundial se tambalea con ferocidad y estrépito. La descomunal osadía de Kimetto zarandea una barrera impensable y prohibitiva hasta hace no demasiado tiempo. Ya resuenan por doquier ecos de mística y épica. Y llegamos a la Puerta. La Puerta de Brandemburgo, claro. Como un eco en el horizonte atlético. Giro a la izquierda y último vuelo incontenible e incontestable. Una cabalgada para la eternidad.

2 horas, 2 minutos y 57 minutos. Dennis Kipruto Kimetto. Nuevo récord mundial de maratón.

Escalofriante. Soberbio. Maravilloso.



Para certificar la grandiosidad de la mañana berlinesa, Emmanuel Mutai se colocaba como segundo maratoniano de todos los tiempos. 2h03:13, consiguiendo superar también al derrocado Kipsang, pero perdiendo la batalla con el todopoderoso Kimetto, nuevo rey de la distancia. Tercero, a más de dos minutos (2h05:56), el sorprendente etíope Abera Kuma, con marca personal. La cruz, para Tsegaye Kebede. En su decimoctavo maratón (los dieciséis últimos, entre los cinco primeros clasificados), el etíope se hundía en la parte final, siendo noveno con un discreto 2h10:27. La peor clasificación de su exitosa trayectoria maratoniana. Por su parte, otro de los favoritos, Geoffrey Kamworor, concluía el quinto maratón de su carrera en cuarta posición, 2h06:39. Al vigente campeón mundial de media maratón se le sigue resistiendo la barrera de las dos horas y seis minutos. Tres participaciones para Kamworor en Berlín, con dos terceros puestos y el cuarto de hoy. Decepcionante, al menos.

Derek Clayton. Carlos Lopes. Belayneh Dinsamo. Khalid Khannouchi. Paul Tergat. Haile Gebrselassie. Todos ellos cercenaron barreras en alguna ocasión, por citar sólo unos pocos ejemplos, los más recientes. El australiano Clayton, las 2 horas y 10 minutos. El portugués Lopes, las 2h08. El etíope Dinsamo, las 2h07. El marroquí Khannouchi, después estadounidense, las 2h06. El keniano Tergat, y el etíope Gebrselassie, las 2h05 y 2h04, respectivamente. Lo que ha conseguido el keniano Dennis Kimetto, convirtiéndose en el primer ser humano capaz de quebrar las innombrables 2 horas y 3 minutos, ha sido diferente, por la mayúscula trascendencia de la marca en su tiempo. Un puntapié a la historia. Un torpedo directo a la línea de flotación de la razón mortal, cercenando de un brutal golpe cualquier atisbo tanto de cordura como de duda, indistintamente.

Asistimos, este histórico 28 de septiembre de 2014, a una exhibición inolvidable. El planteamiento, sencillamente magistral. El trabajo de las 'liebres', motor absolutamente clave de lo conseguido en Berlín, certificándose la idea de que, acompañando las circunstancias, el terreno, la colaboración y la calidad, el reto bien puede conseguirse. Londres, como comentamos previamente, y como contrapunto al caso, fue testigo de todo lo contrario. Pese a la exuberancia previa, quizá mal enfocada, y desde luego, pésimamente ejecutada. Bella, igualmente, por descontado.
De importancia, la reseña de la, a la postre, positiva lucha final a dúo entre Kimetto y Mutai. El uno sin el otro difícilmente hubiesen logrado tan magnífica gesta. Ambos por debajo de la marca que consiguiera Kipsang en este mismo escenario el pasado año. Curioso el hecho de que Mutai no quisiera abrazar a un exultante Kimetto al llegar a meta. El ganador trató de mostrar y contagiar su entusiasmo, gesto que Mutai no dudó en reprobar, apartándose en cuanto pudo. La cara amarga de la derrota, quizás. Aún con cierto desconsuelo, debe mostrarse plenamente satisfecho por un trabajo sensacional. A resaltar también el ciclo en negativo de la prueba: la primera media maratón se pasó en 61:45, y la segunda en 61:12.
Mención aparte, el promedio total. 2 minutos, 54 segundos y 84 centésimas por kilómetro.

De otro mundo. El único límite de esta carrera, lo marca el propio cielo de Berlín, que, con su atardecer de fábula, echa el cierre un año más a una carrera de auténtica referencia. Año a año, consiguiendo verdaderos hitos. De las diez mejores marcas maratonianas de la historia, siete son berlinesas. Ahí es nada.

Aquí, los parciales, para certificar cualquier adjetivo que pueda añadirse a la lista.

Cada 5k: 14:42 / 14:42 / 14:46 / 14:26 / 14:32 / 14:30 / 14:09 / 14:42 / 06:28

Cada 10k: 29:24 / 29:11 / 29:02 / 28:52 / 06:28



VÍDEO COMPLETO DEL BERLIN MARATHON 2014: