27 de diciembre de 2013

Pasarán Más de Mil Años... Récord de Europa de 1.000m (M)

Durante el verano de 1981, Sebastian Coe iba a conseguir batir, nada más y menos, que cuatro récords mundiales en tres distancias distintas. Tras un fulgurante inicio de temporada en febrero, con un magnífico récord del mundo de 800m en pista cubierta en la localidad inglesa de Cosford (1:46.0, aún con cronometraje manual), el 10 de junio, en los 800m de Florencia, conseguía un récord que perduraría más de dieciséis años en el tiempo: 1:41.73 (ver vídeo). Sólo el talento de Wilson Kipketer pudo arrebatárselo en agosto de 1997 (ver vídeo), tras haberlo igualado apenas un mes antes (ver vídeo).
Precisamente en agosto, pero de aquel 1981, Coe conseguiría la proeza de batir el récord mundial de la milla en dos ocasiones. El 19 de agosto en Zúrich conseguía un brillante 3:48.53, marca que su más encarnizado rival, el también británico Steve Ovett, se encargaría de empequeñecer apenas siete días más tarde en Coblenza (3:48.40). Sin embargo, tras sólo cuarenta y ocho horas de suspiro, llegando al crepúsculo del día 28 en Bruselas, Coe proporcionaría un mordisco tremendo a la marca del de Brighton. Sus 3:47.33 fueron plusmarca mundial hasta que Steve Cram conseguía la barbaridad de romper, claramente y por vez primera, la barrera de los tres minutos y cuarenta y siete segundos (3:46.32).

Pero a medio camino entre los dos, el récord que ocupa estas líneas tardaría más de dieciocho años en ser batido como récord del mundo, continuando vigente a día de hoy como plusmarca continental europea.
En una distancia que resulta ya complicado ver en competición, Sebastian Coe diseñaba con precisión quirúrgica un kilómetro de ensueño en el siempre mágico Bislett Stadion de Oslo. Aquel 11 de julio de 1981 será recordado como el de los 2 minutos, 12 segundos y 18 centésimas. Nadie había corrido un kilómetro por debajo de los ciento treinta y tres segundos. Sólo Noah Ngeny (en dos ocasiones; la segunda de ellas en el 2:11.96, el 5 de septiembre de 1999, en la ciudad italiana de Rieti, que perdura aún como récord mundial) lo consiguió con posterioridad. Curiosamente, caprichos del destino -o no- fue el keniano un asiduo usuario, casi dos décadas después, y según su entrenador, Kim McDonald, de los métodos de entrenamiento que Coe utilizara durante su carrera.

Indudablemente, poco más que añadir. La mejor opción, sin género de dudas, pasa por disfrutar de poco más de dos minutos maravillosos e inolvidables. Una de las zancadas más bellas de la historia.



24 de diciembre de 2013

Reflexión: El Precio de las Medallas


Día de Nochebuena, y hoy os traemos un post ciertamente especial, por lo diferente.

Os traemos un documental producido en Suecia, de aproximadamente una hora de duración, en el que se muestra lo que es el atletismo de élite. Desde dentro, sin paños calientes. Y desde el prisma, muchas veces tan obviado, de los problemas físicos y las lesiones.
Porque, no nos engañemos: hacer deporte es saludable. El deporte de alto rendimiento, el deporte de élite, NO lo es.
Si no hay resultados, no hay ayudas. No hay patrocinadores. No hay equipamiento. No hay dinero. No hay estabilidad. No hay fuerza. No hay concentración. Y llegamos al principio de todo: no hay resultados. Paradójico, ¿verdad?. Pues tan real como la vida misma.
Y, a costa de sacrificar cuerpo y mente, los atletas sacan 'eso' que llevan dentro, con el objetivo claro de luchar por un sueño que les impulsa desde que tienen conciencia de conocer y amar el atletismo. Y no pararán hasta conseguirlo. Aunque debieran.

Carolina Klüft, al terminar los 800m del heptatlón, disciplina en la que ganaría el oro.
Juegos Olímpicos de Atenas 2004.


¿Hasta qué punto merece la pena el sacrificio, físico y mental, para alcanzar unos objetivos o un sueño? ¿Es lógico (o incluso ético) poner en jaque el futuro de nuestro cuerpo, y posiblemente de nuestra mente, teniendo en cuenta que repercutirá en toda nuestra vida, para llegar a donde queremos llegar?


Un puñado de atletas suecos de élite nos cuenta sus experiencias. Medallistas olímpicos, campeones del mundo y de Europa. Carolina Klüft (3 veces campeona mundial y 2 de Europa de heptatlón, y un oro olímpico), Christian Olsson (triplista, oro en Atenas '04, dos Campeonatos de Europa y uno del Mundo), Stefan Holm (oro en salto de altura en Atenas '04, y entre otras muchas cosas, 4 veces Campeón del Mundo en pista cubierta), Kajsa Bergqvist (Campeona del Mundo y de Europa de salto de altura), Susanna Kallur (3 oros en Campeonatos de Europa)...



Auténticos pesos pesados del atletismo europeo y mundial de los últimos dos lustros, contando a viva voz sus experiencias en el ámbito de la élite.



Sufrimiento, cansancio, dolor, llanto, angustia, tristeza, desidia, impotencia.

Alegría, reconocimiento, sentimiento, éxtasis, satisfacción, ambición, éxito, sueño.

Su sueño.


Un documental estremecedor.




20 de diciembre de 2013

Recordamos... Daniel Komen: dos años para la historia


Si hablamos del atletismo de fondo durante la segunda mitad de la década de los 90, muchos nombres serán los que florezcan de pronto en el imaginario colectivo como adalides de una época plagada de enormes talentos. De duelos épicos. De carreras inolvidables.
Haile Gebrselassie, Hicham El Guerrouj, Paul Tergat, Nourreddine Morceli... son sólo unos pocos, aunque muy representativos, de esos nombres. Tras esta ínfima lista en términos, que no en talento, y si se conoce mínimamente la historia que procedemos a relatar, uno puede incluso llegar a plantearse realizar una afirmación que, cuanto menos, debe quedar en el aire: posiblemente, no hubiese demasiados de todos aquellos legendarios nombres que amasara jamás el descomunal talento y la innata facilidad que poseyó el magnífico Daniel Komen. Esta es su historia.

Nacido el 17 de mayo de 1976 en pleno Valle del Rift keniano (en una pequeña localidad llamada Mwen, ubicada en el distrito de Elgeyo-Marakwet, cuya capital es la ya célebre Iten), y perteneciente a una ramificación de la tribu de los Kalenjin, Komen formaba parte de una numerosísima familia formada por catorce hermanos. El mito del atleta africano que corre para dar flote a su prole, alejándola de la extrema pobreza puede aplicarse a esta historia casi de forma paradigmática. Al igual que en el caso de Haile Gebrselassie (y de otros muchos atletas de la época), Komen debía desplazarse para asistir a la escuela. Más de diez kilómetros en sacrificio de la ida, otros tantos para la vuelta. Y ahí es donde comienza a fraguarse su peculiar y años después tan reconocible fisonomía.
Con 14 años, cuando comienza a competir de manera más o menos seria, Komen topa con la fortuna, muchísimas veces imprescindible en estos casos, de que un ex-atleta keniano, rastreador de talento en la altiplanicie centroafricana en aquel momento, lo ve correr, quedando en el acto prendado de sus facultades. Se trataba nada más y nada menos que de Joseph Chesire, aquel atleta que finalizara cuarto tanto en el 1.500m de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984, como en los de Barcelona, luchando hasta la última curva, codo a codo, con Fermín Cacho. Chesire, sabedor de que el chico posee un talento descomunal, se pone en contacto con Kim McDonald y Duncan Gaskell, managers británicos, que reconocen de inmediato lo que tienen delante. McDonald, que fuera después manager de Noah Ngeny y de Sonia O'Sullivan, o culpable directo de la magnífica carrera de Steve Ovett, se dio cuenta de que aquello era "un talento único, un regalo caído del cielo".

Komen comienza a competir. Y comienza a mostrar al mundo su extrema capacidad. Para abrir boca, acude a los Campeonatos del Mundo Junior de Lisboa, en julio de 1994. Doblete en 5.000m y 10.000m, convirtiendo ambas carreras en auténticos recitales. Al verano siguiente, y demostrando que aquello iba en serio, iba a ayudar al legendario Moses Kiptanui a batir el récord mundial de 5.000m. Komen, contratado como 'liebre' y ya casi adoptado como protegido de Kiptanui, no sólo se encargó de llevar un ritmo diabólico durante toda la prueba, sino que tuvo la fuerza suficiente para, en una demostración de rebosante calidad, finalizar la carrera a menos de un segundo de su mentor.

Llegamos a 1996. Año olímpico. Y como tal, los atletas enfocan toda su energía en lograr, primero, su clasificación para tan magno evento, y segundo, una excelsa preparación que les pueda conducir a situarse en pos de lograr el mayor éxito posible.
Pues bien, Komen lo dejó claro desde el principio: a él no le importaban en absoluto los Juegos Olímpicos. Él lo que quería era competir, y ganar todo el dinero que pudiese. En los durísimos 'trials' de Kenia, para configurar los diferentes equipos que acudirían a Atlanta, Komen finalizaría cuarto en 5.000m, tras Tergat, Nyariki y Bitok, no resultando, por tanto, seleccionado. Concebido como disgusto extremo desde la base, casi un regalo para Komen. La situación le permitiría competir todo lo que quisiera, sin existir lo que, para él, resultaba una losa.. Y partir de este preciso momento, el tiempo se detiene (o avanza vertiginoso, según se enfoque el punto de mira). A partir de aquí... la leyenda.
El 14 de julio, en Lappeenranta (Finlandia), Komen pisotea el récord de Gebrselassie en las 2 millas, rebajándolo en casi cuatro segundos, para dejarlo en 8:03.54. Será en este tipo de distancias donde Komen se convierta en un auténtico mito, manejándose con una destreza nunca antes vista. Poco después, en el Meeting de Montecarlo, en los 3.000m, se queda a cuatro escasas centésimas del récord de Morceli. Su superioridad es insultante. Se permite, incluso, el lujo de terminar los últimos cien metros saludando al público. Tal es su ventaja. Siendo preguntando a razón del récord de Morceli, Komen sorprende a propios y extraños: "¿qué es eso del récord?".
Tom Ratcliffe, representante de Komen para las carreras disputadas en Norteamérica, revelaba, en una mezcla de desconcierto y rubor, que "Komen no entendía de récords ni de tiempos; simplemente, corría todo lo que podía, sin miedo de nadie ni de nada. Corría por instinto".

En Zúrich, poco después, el 'planeta atletismo' asistía a un duelo que podía hacer temblar sus propios cimientos. En una esquina, el "aspirante" Komen. En la otra, el todopoderoso rey y dominador del fondo desde los primeros noventa, el "Emperador" Gebrselassie. Ambos cara a cara. En una carrera antológica. Y vaya si aquellos cimientos temblaron. En una exhibición como pocas se recuerdan, Komen destrozó literalmente a sus rivales, con la peculiaridad de jugar a su absoluto antojo con un reventado Gebrselassie a base de cambios de ritmo constantes (todo a ritmos por debajo de 2:40/km). Komen se quedaba apenas a ocho décimas del récord mundial. Pero, en una tropelía atronadora, desde las alturas, le decía a Gebre en su cara que contara con él. Que iba a superarle. Aún hoy, resulta francamente impresionante observar roto al pequeño etíope, incapaz de seguir el último cambio de un auténtico prodigio de la naturaleza, que había arribado, casi, de ninguna parte.



En Bruselas, días después, Komen volvía a correr un 3.000m de infarto, situándose a menos de ocho décimas del récord de Morceli. Pero lo mejor estaba por llegar.
Tras un verano exigente hasta un punto casi exagerado en lo que a competiciones y registros se refiere, Komen llegaba a la siempre interesante reunión de Rieti (Italia) con el antojo de sobrepasar el umbral de lo posible. Y lo que el mundo pudo contemplar, atónito, aquella tarde del 1 de septiembre de 1996 se ha convertido con el peregrinar de los años en una de las más memorables gestas de la historia del atletismo.
Con un primer ochocientos en 1:56.63 (Steve Cram, comentarista para Eurosport en aquella retransmisión, farfullaba, a medio camino entre el espasmo y la incredulidad, "este paso supondría récord del mundo... ¡¡¡en la milla!!! ¡¡¡Imagínense en un 3.000m!!!"), el cronómetro se detenía, a paso por el primer mil, en 2:25.89. El tránsito del segundo kilómetro, 4:53.18. Komen, despachando con saña a la 'liebre', enfilaba directo la frontera del récord mundial. Todas y cada una de las vueltas a la pista, por debajo del minuto. El público, en turba ante semejante hazaña, no podía dejar de aplaudir. La marca, 7:20.67. Casi cinco segundos por debajo de la anterior plusmarca de Morceli. Y con sólo veinte años. Nadie, ni siquiera gigantes como El Guerrouj o Bekele, que lo intentaron después, ha conseguido acercarse a semejante hito. El vídeo:



Si 1996 resultaba para Komen un año triunfal, el keniano pretendía hacer de 1997 la continuación de su gloria. El 19 de julio se plantaba en Hechtel (Bélgica) para pulverizar el récord de las dos millas, que consiguiera Haile Gebrselassie un mes y medio antes. 7:58.61, en una nueva exhibición, y nuevo récord mundial para Komen (vigente aún a día de hoy):



Y durante aquel verano, dos hazañas más. En primer lugar, su primera (y única) medalla en grandes campeonatos. Se hacía con el triunfo en el 5.000m del Campeonato del Mundo de Atenas, el sábado 9 de agosto, atacando con furia al paso por el tercer kilómetro, con una facilidad nunca antes vista. El término "insultante" puede resultar incluso insuficiente.



Por si fuera poco, una semana después, el día 16, iba a Montecarlo para sacarse de la manga la que sería su mejor marca de siempre en un milquinientos, un despampanante 3:29.46.
Pero lejos de estar contento con eso, el día 22 en Bruselas, con un frío casi polar, en una tarde-noche que cualquiera denominaría 'de perros', se convertiría en plusmarquista mundial de 5.000m, rebajando en más de dos segundos a la marca conseguida por Gebrselassie ocho días antes en Zurich. Komen detenía el crono en unos magníficos 12:39.74.
Su última gran gesta, el impresionante récord mundial en pista cubierta sobre 3.000 metros. En los corrillos atléticos de la época, especialmente en el panorama anglosajón, récord conocido como el "Monte Everest". 7:24.90. Nadie, salvo el etíope Haile Gebrselassie en dos ocasiones, ambas en Karlsruhe, 7:26.15 y 7:26.80, en 1998 y 1999 respectivamente, y su compatriota Yenew Alamirew en 2011, en Stuttgart, con 7:27.80, ha logrado acercarse a menos de tres segundos de aquella barbaridad rubricada el 6 de febrero de 1998 en Budapest.
Y a partir de aquí, el declive. Prácticamente, la nada. En todo el esplendor de la palabra. Poco más que contar. Ciertas marcas y resultados a tener en cuenta durante aquel verano, quinto puesto en la final de 5.000m en el Mundial de Sevilla un año después, y entre 2000 y 2002, algún que otro registro medianamente destacable, pero a años luz del nivel con el que había revolucionado el mundo atlético durante esas dos fastuosas temporadas.
Ante lo que parecía que iba a ser un verano más que prometedor (refiriéndose a 1998), Komen comenzó a disfrutar de la fama y el dinero. Desapareció paulatinamente del primer término, de la primera plana de las competiciones. No entrenaba, o convertía el trabajo duro en un juego. Tal era su excedencia y extralimitación. Tal y como reconocían sus hombres de confianza, siempre fue 'sobrado'.
El secreto a voces es que jamás disfrutó corriendo, como sí lo había hecho, por ejemplo, su mentor Kiptanui, un amante profundo del atletismo, que se divertía al extremo con cada entrenamiento y en cada competición. Komen siempre corrió con el objetivo firme y decidido de salir de la pobreza de su familia, y siempre buscó competir más y más, aglutinando con ello una verdadera fortuna. Una vez que consiguió asentarse, simplemente se cansó. Hoy, dirige junto a su mujer una escuela de primaria y preescolar en Eldoret (Potters House Academy), además de ser el presidente de la Asociación de Atletas del Rift, y haberse convertido en un exitoso hombre de negocios.
Y es que tras varios extraños y deslavazados intentos por retornar a la élite, jamás volvió a acercarse, ni de lejos, al nivel que demostró durante aquellos dos años. Resulta complicado aventurarse a pronosticar de qué hubiese sido capaz, o a qué cotas hubiera llegado, de haber continuado, de manera voluntariosa y dedicada, en la élite. Lo que sí es un hecho es que, a día de hoy, ostenta aún tres récords mundiales (2 millas, y 3.000 metros al aire libre y en pista cubierta) a los que nadie ha osado acercarse. Lo más legendario es que resulta más que probable que tardarán muchos, muchos años en ser batidos.




13 de diciembre de 2013

Carreras Inolvidables: JJOO Sídney '00, Final 10.000m

16 de septiembre de 2000. Comienzan las pruebas atléticas en el Stadium Australia, con motivo de los vigésimo séptimos Juegos Olímpicos de la Era Moderna, celebrados en Sídney. El viernes, día 22, en marcha la primera ronda de la que se presentaba como una prueba, a priori, realmente espectacular: los 10.000m.
En ese primer envite, vencía con autoridad el gran favorito, un Haile Gebrselassie lastrado por un serio problema en el tendón de Aquiles (del que sería operado al año siguiente). En la segunda serie, el etíope Girma Tolla se clasificaba sin problemas, por delante del 'gran amigo del gran favorito', el keniano Paul Tergat.
Gebrselassie, plusmarquista vigente de la distancia (26:22.75 en Hengelo, Países Bajos, el 1 de junio de 1998, que precisamente le había arrebatado a Tergat), defendía el oro olímpico en Atlanta culminado cuatro años antes, y era el vigente campeón mundial (Sevilla '99). Tergat, siempre a las puertas, siempre segundo (pero con un palmarés impresionante), no podía sino ir, de nuevo a por todas. Había sido segundo en Atlanta, tras Haile, y segundo también en los dos últimos Mundiales, en Atenas y Sevilla. Gebrselassie llevaba desde Stuttgart '93 sin bajarse del primer cajón del podio en 10.000m (Stuttgart '93, Göteborg '95, Atenas '97 y Sevilla '99). Pese a su rivalidad encarnizada, se habían convertido en grandes amigos fuera de la pista.
La semifinal, disputada por treinta y cuatro atletas, decidía la composición de la final, que tendría lugar el lunes, 25 de septiembre.
Y sin sorpresas, a esa fecha nos trasladamos, para vivir una de las carreras más bellas y épicas que se hayan podido contemplar en la historia del atletismo en los Juegos Olímpicos. Uno de los diezmiles más recordados de todos los tiempos.

Centrándose en las últimas cinco vueltas, los últimos minutos, y tras una carrera comandada casi en su totalidad por los atletas kenianos (a los que interesaba un ritmo alto para que Gebrselassie no impusiera su temible cambio final), se encuentran en cabeza seis atletas. Tirando, el keniano John Cheruiyot Korir. A su rueda, atento como siempre a cualquier escaramuza, oteando desde su casi ínfimo puesto de vigía, Haile Gebrselassie. A su rueda, elegante, majestuoso, con su correr fácil, el dominador del cross country mundial durante cinco años consecutivos, Paul Tergat. Tras él, controlando sus movimientos, un lugarteniente principal de 'Gebre', Assefa Mezgebu. Detrás, ya con dificultades, el marroquí Saïd Berioui. Cerrando el sexteto, otro hombre fuerte de Tergat, Patrick Ivuti.
A falta de tres vueltas y media, la ya de por sí larguísima zancada de Korir se endurece, estirando sobremanera el grupo, que ya se encuadra en fila de a uno. Se cumple el secreto a voces: cede Berioui. Poco más puede hacer el marroquí.
Korir, por su parte, en un brillante trabajo de escuadra, conoce y asume que las posibilidades de su líder pasan por marcar un ritmo infernal, donde quepa la posibilidad de que Gebrselassie sufra y pierda la capacidad de atacar en la última vuelta, como siempre. Clava cada cuatrocientos, a 1:04. Mezgebu, con su zancada corta y ladeada aguanta, e Ivuti parece sufrir, cabeceando a cola del grupo. El ritmo es duro. Pasan el noveno kilómetro en 24:44 (2:45/km de media), y Korir incrementa de nuevo el ritmo. Ligero vistazo atrás, sabedor de que este cambio puede ser importante. El grupo dobla al español José Ríos y al italiano Rachid Berradi, y pasa por última vez por meta, con Gebrselassie que no cede ni medio metro a Korir.
En ese momento, se produce un movimiento que podía perfectamente cambiar el devenir de la prueba. En un perfecto trabajo de equipo (e individual, por supuesto), Mezgebu adelanta a Tergat sobre el toque de campana, situándose casi a la par de Haile, y dejando al keniano incómodamente encerrado en la cuerda. Llegando a la contrarrecta, y en un movimiento casi de obstaculista, el finísimo y gomoso Tergat sabe que tiene que pasar. Saltando por encima de los talones de Mezgebu, apareciendo casi por la calle tres, sube dos marchas de golpe. Desde la trinchera, 'Gebre' asiste al movimiento, y, agachando la cabeza, sabedor de lo que aún queda pendiente, acelera con él. La tremenda amplitud de zancada de Tergat lo dirige a la primera posición, por la cuerda, al llegar al último doscientos.
Mezgebu aún tiene fuerzas para colocarse a rueda de su general, con el meridiano objetivo de que ese ritmo le facilite el bronce, y tanto Korir, que ha hecho un esfuerzo descomunal y se rinde, como Ivuti, que pierde tres metros pero no ceja en su empeño, parecen incapacitados para acelerar tanto en tan poco tiempo, al ritmo de los elegidos, con casi diez kilómetros en las piernas.

La zancada de Tergat al llegar a la recta es imperial: utilizando la palanca del braceo y exhibiendo (como una de sus características más recordadas) una técnica tan exquisita que asusta. Gebrselassie, convirtiéndose en velocista, tiene que multiplicar su ya habitual abundante cadencia, y despegar exageradamente, para buscar fuerza de donde sea, los brazos de su posición habitual, adquirida como hábito tras años de correr cada mañana los más de diez kilómetros que le separaban de la escuela con los libros pegados al pecho. Mezgebu se convierte, tras ellos, en privilegiado testigo del trascendental instante.
A falta de cincuenta metros, tan sólo medio los separa, codo a codo. Ya no es momento de mirar atrás. Es momento de encomendarse a los dioses y al talento, y sufrir como nunca, como siempre. Si se observaba a Tergat como posible ganador apenas sesenta metros antes, el tesón y la perseverancia de Haile se abren paso ante su calidad atlética. A escasos quince metros de la llegada, el regio keniano no tiene otra que lanzar el cuerpo adelante, viéndose inexplicablemente superado. Gebrselassie cruza, cabeza alta, en 27:18.20, su mejor marca de la temporada. Tergat, 27:18.29. Nueve centésimas. Una diferencia menor que las doce centésimas con las que Maurice Greene precedió a Ato Boldon... en los 100m.
Un último doscientos de ensueño para Tergat, en 26 segundos y 2 décimas. Pero, de nuevo, superado por el 25.3 de Gebrselassie. El abisinio se convertía en el tercer atleta en la historia, tras los históricos Emil Zátopek y Lasse Virén, que conseguía la proeza de revalidar el título olímpico de 10.000m.

Sus lágrimas en el podio no suplantaban la gloria eterna del 'Emperador', pero humanizaban aún más su perpetua e inalterable sonrisa. Sería su segunda y, sin aún saberlo, su última medalla olímpica. Y posiblemente, su más meritorio y maravilloso triunfo. Un millón de personas lo recibirían, días después, con honores de jefe de Estado, en Addis Abeba. No fue para menos.




9 de diciembre de 2013

Campeonato de Europa de Cross - Belgrado 2013


Llega el invierno, y llega el cross. Y este año, después del nevado circuito de Szetendre, cerca de Budapest, de la pasada temporada, tocaba Europeo en Belgrado. La capital serbia ofrecía un circuito plano, con una altimetría casi llana, y en un estado muy similar al de una alfombra. Lo más parecido al tartán que los 'pisteros' podrían encontrarse. Si el viernes nevaba a orillas del Danubio, cosa que podía presagiar un fin de semana de blancos atardeceres, el domingo amanecía con frío polar, pero despejado. Rondando los cero grados a primera hora de la mañana, pero en aumento ligero con el comienzo del alza solar.

Tras una discreta ceremonia de presentación, a las 10h en punto comenzaba el baile. Las encargadas de inaugurar el día, las chicas de la categoría junior (por debajo de 20 añitos). A priori, una clara favorita: la británica Emelia Górecka. En un recorrido sobre 4 kms, con 107 atletas en total, ya casi desde el principio se produce el tirón de la inglesa, al que intenta responder la eslovena Marusa Mismas, que acabará por ceder, siendo incluso sobrepasada al final por la polaca de origen marroquí, Sofia Ennaoui. Claro triunfo de Gorecka, que deja clara su calidad, por si había alguna duda sobre una de las atletas con más futuro del panorama europeo. Gran Bretaña comenzaba su tiranía, metiendo a cinco atletas entre las trece primeras, arrasando por equipos, con Suecia segunda y Alemania tercera.

  • Españolas: Cristina ESPEJO (17ª), Claudia ESTÉVEZ (57ª), Nurio TIÓ (88ª), Jenny FERNÁNDEZ (93ª).
  • Por equipos: Puesto 14 de 17 participantes.



A las 10:43h se daba la salida a la carrera junior masculina, sobre 6 kms. De nuevo, un claro favorito: el turco Ali Kaya (nacido en Kenia como Stanley Kiprotich Mukche). Y no defraudó. Escapado junto con el belga Kimeli y el ruso Strelkov, el actual campeón europeo junior de 5.000m y 10.000m, impuso un ritmo endiablado. En los últimos compases lo intentó Kimeli, pero Kaya, demostrando un saber estar y un oficio impropios para su edad (cumplirá 20 años en abril), espero el momento perfecto para cambiar de ritmo y llevarse la victoria. Por equipos, en una clasificación muy apretada, Francia se convertía en campeona de Europa, por delante de Rusia e Italia.

  • Españoles: Santiago PARDO (23º), Carlos MAYO (35º), Jaime GARCÍA (38º) e Ismael QUIÑONES (49º).
  • Por equipos: Puesto 6 de 21 participantes.




Ya en la categoría Sub-23, las féminas abrían fuego a las 11:30h, en los mismos 6 kms. Desde el inicio, el fortísimo equipo británico tirando, con la pequeña Purdue, Avery, Partridge y Auckland, tras un comienzo fulgurante de la alemana Harrer. Se hace una selección seria, con las cuatro británicas, la local Terzic, y las holandesas Hassan y Koster. El ritmo impuesto por Purdue empieza a ser arduo, y sólo aguantan Terzic y Hassan. Salvo hecatombe, medallas decididas. Hassan, nacida etíope y nacionalizada hace apenas dos semanas, coge el mando e impone un ritmo durísimo que la lleva cómodamente a meta en primera posición. Ni Terzic, que se llevaba la plata en una lucha encarnizada final ante el delirio de sus compatriotas, ni Purdue (brava como pocas, tras dos años de ausencias por reiteradas lesiones) pudieron aguantar. Nuevo oro por equipos para Gran Bretaña, con Rusia salvando los muebles con la plata, y Holanda llevándose un muy meritorio bronce. Mucha atención a lo que sea capaz de hacer Sifan Hassan a partir de ahora. El futuro es suyo. Y en varias disciplinas.

  • Españolas: Tania CARRETERO (19ª), Blanca FERNÁNDEZ (28ª) y María José PÉREZ (31ª). Para la clasificación por equipos puntuaban cuatro participantes, por lo que, al no tener suficientes, el equipo español sólo participaba en el concurso individual.




Y en la categoría masculina Sub-23, nos encontrábamos con la primera posibilidad real de medalla para los nuestros. A las 12:19h daba comienzo la carrera, sobre 8 kms. Los 2-3 primeros kms transcurrían muy tranquilos, con los turcos tirando, lejos de las posiciones que en teoría les correspondían. Los favoritos se mantenían en planos muy discretos, especialmente el vigente campeón, el noruego Henrik Ingebrigtsen, y el español de procedencia marroquí, Abdelaziz Merzougui. Comenzaban a tirar los británicos (si, de nuevo), con un magnífico Luke Caldwell, y con los españoles ya lejísimos de la cabeza, y que acabarían con la actuación más decepcionante e inexplicable de la jornada para los nuestros. Comienza a verse muy fuerte al belga Hannes, que será el que se lleve el gato al agua, con un último cambio prodigioso, tras dejar atrás al búlgaro Tsenov, que lo intentó de todas las maneras. Sorpresón en el último momento con el bronce, que se lo llevaba el local Cerovac. Aunque Hannes fuera, curiosamente, el único participante en la prueba sub-23, la reafirmación de que el atletismo belga es una realidad. Por equipos, nuevo oro para Gran Bretaña, por delante de los sorprendentes ucranianos, y de los franceses.

  • Españoles: Aitor FERNÁNDEZ (22º), Abdelaziz MERZOUGUI (42º), Fernando CARRO (43º), Daniel ARCE (59º) y Jaime ESCRICHE (75º).
  • Por equipos: Puesto 8 de 12 participantes.




Y llegábamos, a las 13:12h, al plato fuerte, la categoría senior. La carrera femenina, sobre un circuito de 8 kms, contemplaba un extenso ramillete de talentosas atletas, con posibilidades de medalla. La noruega Grovdal abre las hostilidades desde el primer metro, escapándose ligeramente, y manteniendo alerta al pelotón. El buen hacer de la portuguesa Dulce Félix neutraliza el conato de escapada, y consigue formar un grupo muy compacto y muy serio: Belete, Duarte, Britton, Steel, Bleasdale... Mucha calidad ya en esos momentos en cabeza. Félix está con ganas, y con una zancada briosa y fuerte toma el mando, hasta que la francesa Sophie Duarte la releva, tomando una primera posición que ya no iba a soltar. Dominio incontestable de una atleta extraordinaria, por palmarés y por maneras. Al final, preciosa lucha por la plata, entre Félix y Steel, que se llevaría la británica. Gran carrera también de la lusa, en un momento complicado a nivel anímico por la reciente muerte de su padre. Por equipos, Gran Bretaña sumaba una medalla más, con las francesas segundas. El bronce sería para un magnífico equipo español, que corrió sin complejos, haciendo su carrera, y de menos a más.

  • Españolas: Iris FUENTES-PILA (10ª), Diana MARTÍN (14ª), Lidia RODRÍGUEZ (16ª), Marta SILVESTRE (21ª), Teresa URBINA (30ª) y Alba GARCÍA (42ª).
  • Por equipos: Puesto 3 de 10 participantes. MEDALLA DE BRONCE.
De izda. a dcha.: Rodríguez, García, Martín, Silvestre, Fuentes-Pila y Urbina





Para terminar, la carrera senior masculina nos iba a deparar el triunfo, sin duda, más incontestable e insultante de los que vimos en el circuito colindante al Danubio. Una gran cantidad de nombres, y muchas posibilidades en función de cómo se planteara la carrera. Los nuestros asomaban por la cabeza, con Marhoum y Bezabeh, dejándose ver ligeramente y tanteando el terreno, a la vez que declarando la candidatura, hasta que el turco Polat Kemboi Arikan (nacido en Kenia) quiso desmarcarse de bromas. Tomó el mando poco después del paso por el primer kilómetro, y llegaría hasta apenas el segundo, puesto que uno de los dos únicos obstáculos que la organización dispondría en el circuito iba a hacer que el turco se fuese al suelo. Arikan caía, dejando en cabeza a la terna formada por Bezabeh, el belga Abdi y el francés Chadhi, una selección ya muy seria. Tras dos minutos dubitativo, y un par de vistazos atrás, y sin nadie dispuesto a encabezar, Bezabeh puso el ritmo crucero que tanto le caracteriza, y nadie consiguió seguirlo. Al paso por el cuarto kilómetro, de los 10 de los que constaba la prueba, Bezabeh ya lideraba con 5 segundos de ventaja sobre un Arikan que había tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano para recuperar puestos. El atleta de Addis Abeba, afincado en Madrid desde hace años, único sancionado en el marco de la escabrosa 'Operación Galgo', permanecía muy tranquilo, marcando parciales descomunales, con su correr fácil, majestuoso, elegante, y que parece que le implica un desgaste casi inexistente. Así llegaba hasta el final con una escandalosa ventaja de 21 segundos sobre el campeón de Europa de 10.000m, Arikan, que, si bien es muy posible que pagara la caída y posterior esfuerzo para llegar a la cabeza, pudiera haber sucumbido, quizá, ante el empuje de un Bezabeh muy fuerte. Llegando a la par al último kilómetro, las cosas hubiesen sido distintas. El tercer puesto se lo jugaron en un emocionantísimo sprint el belga D'Hoedt y el británico Vernon, que imponía la tremenda potencia de la que viene haciendo gala en los últimos tiempos. Brillante actuación, tanto de Alemayehu, que volvía a ser campeón de Europa de la especialidad, tras el oro que consiguera en Dublín '09, como del equipo español, que conseguía el oro, por delante de Bélgica y Gran Bretaña.

  • Españoles: Alemayehu BEZABEH (1º), Mohamed MARHOUM (6º), Iván FERNÁNDEZ (11º), Antonio David Jiménez PENTINEL (13º), Antonio ABADÍA (22º) y Javier GUERRA (42º).
  • Por equipos: Puesto 1 de 11. MEDALLA DE ORO.







6 de diciembre de 2013

Brother Colm


Si os dijéramos que hace 37 años un irlandés viajaba a Kenia contratado como profesor de Geografía, seguramente pensaríais que esta historia no tiene nada que ver con el atletismo. Si os decimos que hoy en día este irlandés es una de las personas que, sin ninguna duda, más sabe de atletismo del mundo, la cosa cambia. Y mucho.

En julio de 1976, un misionero irlandés de nombre Colm O'Connell"Brother Colm", abandonaba su Mallow natal para enrolarse en una aventura de tres meses como profesor en la St. Patrick's High School, un instituto de enseñanza secundaria de la localidad de Iten (distrito de Eldoret, Kenia)  en la que impartiría sus clases de Geografía. Peter Foster, profesor inglés, hermano del fondista Brendan Foster, le introdujo el atletismo en la sangre, un deporte del que O'Connell no sabía absolutamente nada. "Escuchamos por la BBC la retransmisión de la final de 10.000 metros de los JJOO de Montreal '76, aquella final en la que Brendan quedó tercero... y me empezó a picar la curiosidad. Peter me introdujo en el programa de formación que se estaba llevando a cabo con los chicos, y un año después, cuando Peter volvió a Inglaterra, yo me quedé al mando". Automáticamente, se convirtió en el principal entrenador de la escuela.

A partir de entonces, la magia comenzó a brotar a raudales de la St. Patrick's School. Si hay un lugar en el planeta en el que haya una concentración de talento tan descomunal por metro cuadrado, ese lugar es, sin ningún género de dudas, el Valle del Rift, en Kenia.
El primer gran éxito, el oro de Peter Rono en la prueba reina del atletismo, los 1.500 metros, durante los Juegos Olímpicos de Seúl '88, por delante de auténticos mitos como el mismísimo Steve Cram, recórdman mundial en su momento y uno de los grandes dominadores del mediofondo durante la década, o el americano Steve Scott, el hombre que más veces bajó de la barrera de los 4 minutos en la milla.

El elenco de atletas que surgieron de sus manos ha sido extensísimo: los obstaculistas Matthew Birir (oro en Barcelona '92), Wilson Boit Kipketer (campeón del mundo en Atenas '97 y recórdman mundial) y Brimin Kipruto (campeón olímpico en Pekín '08 y plata en Atenas '04, así como triple medallista en Campeonatos del Mundo), las fondistas Vivian Cheruiyot (doble medallista en Londres '12, y cuatro veces consiguiendo presea en Campeonatos Mundiales), y Linet Masai (dos veces medallista en Mundiales y cinco en Campeonatos del Mundo de Cross), las extraordinarias maratonianas Edna Kiplagat, Florence Kiplagat y Mary Keitany, y en especial, dos mediofondistas. Durante la década de los 90, y primer lustro de la década siguiente, el posteriormente nacionalizado danés, que batiera tres veces en un mes y medio el récord mundial de 800 metros, el magnífico Wilson Kipketer (tres veces consecutivas campeón mundial al aire libre, y dos veces medallista olímpico, plata en Sydney '00, bronce en Atenas '04). Y sobre todo, una figura que ha emergido en los últimos años como uno de los atletas más prodigiosos y asombrosos de la historia del atletismo mundial.


Hablamos, cómo no, de uno de los elegidos, de uno de los atletas técnicamente más exquisitos que hayamos conocido, pero con una potencia y una fuerza descomunales. Hablamos del gran David Lekuta Rudisha, campeón del mundo en Daegu '11, y campeón olímpico en Londres '12, por tres veces recórdman mundial de 800 metros. El único hombre en la historia capaz de bajar de 1 minuto y 41 segundos (1:40.91). Y para muchos, el único capaz de correr en menos de 100 segundos una de las distancias más complicadas que existen en el atletismo.

"Él sabe perfectamente lo que se requiere para ser un atleta de éxito: entreno y trabajo duro para dar el máximo. Por un lado, un carácter y una personalidad muy fuertes. Por otro, un tremendo talento para el atletismo. Son cualidades que tiene desde el inicio. Él ha sido la persona clave para mi, para trabajar con él. Ha sido la persona ideal".


O'Connell siempre ha basado el éxito de su trabajo en haber comprendido los fundamentos del trabajo duro, y la sencillez de la vida en Kenia. Para él, lo más importante es proporcionar a los jóvenes "una formación global, no sólo un entrenamiento deportivo. Al quedarme en Kenia, la idea era educar a los chicos en su carácter, en los valores de su vida y en su conducta, mediante el deporte. Creo que el deporte puede ser muchas veces más eficaz que la propia educación académica".

No deja de ser curioso su conocido "desinterés" por viajar a las competiciones con sus atletas. Nunca ha acudido a unos Juegos Olímpicos, ni ha estado presente en un Campeonato del Mundo, o en Mundial de Cross. "No lo considero una prioridad", confiesa Colm, "nunca he viajado con ellos. Cuando llega el momento, ellos saben perfectamente qué deben hacer, no necesitan que yo viaje con ellos".

Y en cuanto a su método, de nuevo, brillantez y clarividencia de ideas: "Lo más importante para mi es escuchar a los atletas. Quiero saber cómo se encuentran, qué sienten, qué quieren hacer y cómo están más cómodos. Desde ese punto, progresamos. En realidad, no soy yo quien los entrena. Son ellos los que me entrenan a mi".

Y tras más de 37 años como una de las cabezas visibles de la que es la meca del atletismo mundial, Colm, ya retirado de la enseñanza desde 1994, continúa guiando las carreras de muchos de los atletas más talentosos de Kenya. Ya no se siente irlandés. Ya no se siente europeo. Hace tiempo que se siente un keniano más.

"Llegué para quedarme durante tres meses. Y llevo aquí casi 40 años. Pertenezco a Kenia. Soy parte de ella. Así quiero que sea. Estos atletas son los hijos de Kenia. Y también los siento como míos".





2 de diciembre de 2013

Pasarán Más de Mil Años... Récord del Mundo de 400mv (M)


En los únicos Juegos Olímpicos celebrados en Barcelona, en 1992, el mundo pudo disfrutar de una competición atlética de un extraordinario nivel. Sin embargo, únicamente fueron tres las plusmarcas mundiales derribadas: los dos relevos masculinos (4x100m y 4x400m), ambos vencidos por Estados Unidos, y el impresionante registro del protagonista de este artículo.

El 6 de agosto de 1992, se disputaba la final de los 400 metros vallas. Entre los destacados, el francés Stéphane Diagana (que posteriormente se proclamaría campeón mundial y europeo), el británico de origen nigeriano Kriss Akabusi (vigente campeón mundial en aquel momento), y el estadounidense Kevin Young.
Young había experimentado una evolución ciertamente lógica y progresiva durante su carrera. A partir del año de su debut internacional, 1987, sus registros fueron recortándose paulatinamente. En Indianápolis, el 17 de julio de 1988, certificaba su clasificación para los Juegos de Seúl, con una magnífica marca de 47.72, que supondrían su plusmarca personal hasta cuatro años después. Sería cuarto en aquellos Juegos, justo por delante de los dos atletas que clasificarían tras él cuatro años más tarde en Barcelona, quinto Winthrop Graham y sexto Kriss Akabusi. El mito Edwin Moses, gran dominador de la disciplina durante más de diez años, se retiraba del atletismo tras conquistar el bronce, hecho que, paradójicamente (no tanto quizá, dada su inconmensurable trayectoria) supuso una tremenda decepción para él.
Continuando con su evolución, Young se presentaba en el Mundial de Tokio '91 con posibilidades reales de medalla, siendo protagonista de un nuevo desencanto, y repitiendo el cuarto lugar de Seúl.
Pero el momento decisivo de su carrera se haría esperar hasta los Juegos de Barcelona. Superando con facilidad la primera ronda, en semifinales sería superado en su turno por Graham, clasificándose para la final con cierta holgura como segundo de su serie.

Y aquí es cuando el destino vela armas en la fecha citada, aquel 6 de agosto, aquel jueves de verano, Young tenía depositadas todas sus esperanzas. El vallista californiano era perfectamente consciente de que se encontraba en el momento cumbre de su vida deportiva, de que se encontraba ante su gran oportunidad, a sus casi veintiséis años. Cambió su técnica en cada segmento entre vallas, cambiando de trece a doce apoyos entre cada obstáculo. La innovación, probada sin éxito anteriormente por el legendario Moses, no había sido tan bien ejecutada jamás por nadie. El propio Moses desechó la opción tras varias carreras infructuosas. Aquel 6 de agosto, Young abrazó la perfección. La carrera de su vida. 46 segundos y 78 centésimas.



Llegando a la recta destacadísimo en cabeza, pudo permitirse, incluso, dos lujos: tropezar con la última valla, de la que salía ligeramente desequilibrado, y levantar el brazo derecho en señal de victoria, viéndose claramente ganador, a casi veinte metros de meta. Con una poderosísima zancada, transformada en una potencia descomunal, Young ascendía casi al nivel de mito ese día en Barcelona. En primer lugar, porque derribaba una plusmarca histórica, el 47.02 que Edwin Moses consiguiera en Koblenz el 31 agosto de 1983. Y en segundo término, porque se convertía en el primer hombre en romper la histórica barrera de los cuarenta y siete segundos. Aún hoy, continúa siendo el único.
Veintiún años después de aquella hazaña, nadie ha podido ni tan siquiera acercarse a semejante registro. La mejor marca mundial del año 2013, para hacerse una idea, fue el 47.69 de Jehue Gordon en la final de los pasados Campeonatos del Mundo de Moscú (vigésimo segunda mejor marca de la historia). Casi un segundo de diferencia.

Para rematar aquel formidable estado de forma, Young conseguía el oro en el Campeonato del Mundo en Stuttgart, un año después, con un sensacional registro de 47.18. A partir de ahí, el declive del norteamericano fue total, absoluto e irremediable, incapaz de volver a correr por debajo de los cuarenta y ocho segundos de nuevo. Ascenso exponencial, gloria, reconocimiento, y desaparición casi fulminante. Hasta hoy, nadie ha podido hacer sombra a semejante marca. Y lo más seguro: tardará muchos años ser batida.