28 de octubre de 2013

Carreras Inolvidables: JJOO Atlanta '96, Final 1.500m


La historia de los Juegos Olímpicos ha encumbrado a unos, ha hundido a otros, y ha resultado el resorte perfecto para la reivindicación de algunos de los mejores deportistas de la historia.

Nacido en Berkane, el 14 de septiembre de 1974, Hicham El Guerrouj se convirtió, por absoluto mérito propio, en un auténtico icono del mediofondo mundial. Su palmarés alberga cuatro oros en Campeonatos Mundiales (consecutivos además, Atenas '97, Sevilla '99, Edmonton '01 y París '03), amén de otras dos platas (Göteborg '95 en 1.500m y París '03 en 5.000m), e infinidad de carreras para la leyenda. Actualmente, sigue conservando intactos sus récords mundiales de 1.500m (3:26.00), 2.000m (4:44.79) y la milla (3:43.13). Tras el dominio de su compatriota Saïd Aouita y la 'armada británica' (liderada fundamentalmente por Coe, Ovett y Cram) en el mediofondo y fondo de la década de los ochenta, el argelino Noureddine Morceli se encargaba de dar un puñetazo tras otro en la mesa, comandando la imagen del cambio generacional. Sin embargo, Morceli caía con estrépito en la final de 1.500m de los Juegos de Barcelona, con un pobre séptimo lugar, tras una carrera lenta y táctica, donde el portentoso final de Fermín Cacho ganaba la partida a todos. Decepcionado, Morceli se prometía a sí mismo volver a lo grande en una cita olímpica, y no cerrar el círculo de su carrera sin un oro en unos Juegos.

A mediados de aquellos noventa, El Guerrouj comenzaba a mostrar evidencias de que su carrera atlética tomaría un cariz exponencialmente ascendente. Es a partir de su oro en el Campeonato Mundial en pista cubierta de Barcelona en 1995 cuando el marroquí se postula como clara amenaza para los primeros espadas del mediofondo mundial. En una prueba superpoblada de talentos, El Guerrouj muestra un ansia y una calidad estrepitosas. Llega a los Juegos Olímpicos de 1996, celebrados en Atlanta, como uno de los favoritos. El sempiterno Cacho figura en todas las quinielas, especialmente si la carrera es táctica, por su inteligencia, su competitividad y su saber hacer en situaciones de complejidad, mostrando siempre un final mortífero. Y Morceli... es Morceli: recórdman mundial (3:27.37 en ese momento, conseguidos en Niza el 12 de julio de 1995), brillante rival en el cuerpo a cuerpo, y en especial, herido en su orgullo por su insignificancia en Barcelona cuatro años antes. Se encuentra en el mejor momento de su vida. Sin embargo, es El Guerrouj el que ha anodadado al panorama atlético con la mejor marca mundial de la temporada hasta ese momento. Tal era la situación, que muchos expertos le atribuían de base un claro favoritismo.

Tras las primeras series, el grupo de elegidos dominaba sin problemas. No cabía lugar para la sorpresa. Al igual que las semifinales, con Morceli y Cacho con comodidad en la primera, y El Guerrouj venciendo fácil en la segunda. En la final, disputada el 3 de agosto de 1996, nombres ilustres: el espigado y veterano somalí Abdi Bile, el pelirrojo británico John Mayock, el neerlandés Marko Koers, y la legión keniana, con tres serias amenazas en las figuras de Laban Rotich, William Tanui y Stephen Kipkorir.
El Guerrouj mostraba su extrema concentración con sus habituales rezos precedentes, imagen icónica, manos al rostro. Era perfectamente consciente de que se encontraba ante su primera gran oportunidad, con apenas veintiún años, de comenzar a maravillar al mundo. Un mundo que ya confiaba, por otra parte, en vislumbrar temprano aquella maravilla. Cacho se situaba al lado de Morceli ya desde la salida, sabedor implacable de la imperiosa necesidad de no perderlo de vista ni un instante. Y el argelino, concentrado más de lo imaginable, visualizaba su carrera perfecta, desterrando al baúl más oscuro de sus pensamientos lo que ocurría en Montjuïch cuatro años antes.
Al disparo, la armada keniana se lanzaba a por la cabeza, consciente de sus posibilidades, como bloque, con todo el afán de controlar la carrera. A ritmo intermedio, Bile, desde su corpulencia, comienza a posicionarse, y Cacho procura que no se le escape la cabeza, para no ceder un sólo metro a Morceli. A falta de quinientos metros, el argelino comanda, con Cacho pisándole los talones, y con El Guerrouj atento a cualquier movimiento. La llegada a la penúltima recta de meta se produce, en trío, al unísono, con casi cualquier posibilidad abierta de par en par.

Lo que a partir de aquí ocurre marcará buena parte del destino de Hicham como atleta. El marroquí acelera, procurando mostrar a Morceli que está ahí, que no debe olvidarse de él. Y el argelino, astuto perro viejo, mantiene sin inmutarse la cuerda. En un movimiento que se ha llegado a tildar con los años de poco menos que de sospechoso, el pie derecho de Morceli, realizando un escorzo ligeramente inhabitual, quizá por notar un contacto postrero, se engancha con la pierna izquierda de El Guerrouj, que vuela de bruces contra el tartán. Milagrosamente, Cacho, que salta como puede, se libra del obstáculo que se le abalanza, testigo privilegiado de la escaramuza, Bile y Koers tienen que salir a la hierba para no empotrarse contra el magrebí, y el joven Hicham tras varias volteretas recupera dignamente la vertical, sabiendo que las medallas no son ya posibles, salvo milagro.
Morceli, inteligente como pocos, no pierde el tiempo, y desde el preciso momento en el que sabe, intuye o ve la caída de El Guerrouj, cambia el ritmo súbitamente. Cacho, aún en 'shock' por lo acontecido, no puede permitirse relajo, e intenta por todos los medios seguirlo, todo ello en cuestión de segundos, a falta de cuatrocientos metros. El pelotón se estira, y pese a que en determinados momentos parece que el ataque de Morceli se pudo tornar tempranero, Cacho no es capaz de atraparlo, y el argelino se convierte en campeón olímpico con una marca de 3:35.78. Será su última gran actuación.

Pese a la brillantez de los tres medallistas (Morceli, Cacho y Kipkorir), la imagen de esta carrera se resume en un Hicham El Guerrouj herido profundamente en su orgullo, cruzando la línea de meta en última posición, y que se derrumbaba literalmente, bañado en lágrimas. Su primera oportunidad de ser campeón olímpico se perdía en la inmensidad, se iba al limbo. Sin embargo, y de manera paradójica, aquí comenzaría de verdad su magnífico reinado, tornado con los años en tiranía casi absolutista.

Muchas han sido las hipótesis tras aquella final. ¿Qué pudo ocurrir si El Guerrouj no hubiera caído?. Analizándolo ahora, es un hecho que, con un ritmo intermedio, o quizá más lento, El Guerrouj se posicionaba a falta de una vuelta a la par de Morceli, mostrándose con relativa facilidad en el momento decisivo. El argelino siempre fue un durísimo rival en competiciones rápidas, a ritmos muy elevados, pero perdía cierto fuelle en carreras lentas. El Guerrouj, con un brillante último cambio, demostró a posteriori, durante muchos años y en multitud de ocasiones, su plena capacidad para desenvolverse como pez en el agua en ambas situaciones. Nunca sabremos lo que pudo haber ocurrido, y evidentemente, siendo sencillo, rozando el oportunismo, decir esto a día de hoy, es muy posible que, en un final a tres, El Guerrouj hubiese podido romper la carrera, escapándose hacia su primer gran triunfo internacional. Al enfilar las primeras posiciones (al igual que en las series previas) destilaba una fuerza y un control de la situación envidiables. En la lucha por la segunda posición, Cacho, con mucho mejor final, pudo haber rebasado a Morceli en un final apretadísimo, tercero a la postre. En esto ya aparecen las dudas. Todo ello conjeturas, hipótesis, posibilidades. Simples elucubraciones, nada más.
La realidad fue bien distinta al imaginario colectivo posterior. Morceli se convirtió en campeón olímpico, triunfo con ahínco buscado tras su decepción en Barcelona. Y El Guerrouj comenzó a erigir su particular dinastía, sin olvidar nunca, y teniendo siempre como asunto pendiente, aquella final. El resto es historia. O más que historia, leyenda.




25 de octubre de 2013

Pasarán Más de Mil Años... Récord del Mundo de 400m (F)


Marita Koch ostenta, bajo la bandera de la ya extinta República Democrática Alemana, un palmarés sobrecogedor: un oro olímpico, 3 oros y una plata en Campeonatos del Mundo, 7 oros y 3 platas en la extinta Copa del Mundo, 6 oros en Campeonatos de Europa...

Al margen de su infinidad de victorias y grandes resultados en competiciones nacionales e internacionales, su carrera atlética destacó también por un motivo: la incesante búsqueda del récord mundial de los 400m.

En su disciplina predilecta conseguía alzarse por primera vez con la plusmarca planetaria el 2 de julio de 1978 en Leipzig (RDA), deteniendo el crono en 49.19, y apropiándose de un récord doblegado hacía ya casi dos años (estaba en poder de la polaca Irena Kirszenstein). De ahí en adelante, cinco mejoras (49.03, 48.94, 48.89, 48.60 y 48.16), la última, en septiembre de 1982. La controvertida checoslovaca Jarmila Kratochvílová se convertía en agosto del 83 en la primera mujer que rompía la inquebrantable barrera de los 48 segundos (47.99), planteando el duelo. Y controvertida porque, al igual que en el caso de Koch, se trata de dos atletas sobre las que siempre ha pesado la sombra de la duda. La sombra del dopaje.

Koch conseguiría, el 6 de octubre de 1985, durante la celebración de la extinta Copa del Mundo de Atletismo en Canberra (Australia), un estratosférico 47.60, en una carrera que la alemana oriental recuerda como un "ahora o nunca; sabía que si podía bajar de 48 segundos, era en aquel momento". Con 28 años, Koch arribaba al culmen de su carrera atlética. Y tan sólo un año después, lastrada por las lesiones e imposibilitada, según sus propias palabras, para "mantener mi ritmo de entrenamientos", decidía, en una enigmática maniobra, antes de cumplir siquiera los 30 años, abandonar la alta competición.

La sospecha no ha hecho sino plantear profundamente la posibilidad de que Marita fuera, quizá, bastión vital y pieza angular de la ya desnudada trama, asumida años después, del posteriormente denominado 'Dopaje de Estado', siniestra historia de dopaje sistemático, estatal, organizado y, de alguna manera obligado, practicado con vehemencia por la República Democrática Alemana durante las décadas de los 70 y 80 del pasado siglo, sobradamente demostrada y documentada al paso del tiempo. Koch siempre negó su implicación, achacando sus inmensos éxitos a su durísimo trabajo. A las preguntas sobre dopaje, Koch jamás accedió a hablar del tema. "Las últimas veces que lo hice se tergiversaron mis palabras".

En su totalidad, batió la plusmarca mundial de 400m la friolera de siete veces, haciendo lo propio con la de 200m en otras cuatro ocasiones (aunque después se la arrebataría, primero su compatriota Heike Drechsler (que compitiera durante muchos años bajo bandera de la Alemania Oriental), y después a esta la norteamericana, ya fallecida, Florence Griffith-Joyner, que aun la conserva, en una marca sobre la que también pesa profundamente la sospecha, no sólo en este sentido, sino también por otras razones).

Para hacerse una idea de la dimensión de la marca de Koch, aún vigente, dos datos:

- Primero, desde que Koch consiguiera fijar la marca en 47.60, solamente cinco atletas han conseguido bajar de los 49 segundos: la ucraniana Olga Vladykina-Bryzgina (48.27, también ese día en Canberra, segunda tras Koch); el 29 de julio de 1996 lo conseguían la francesa Marie-José Pérec (48.25) y la australiana Cathy Freeman (48.63), en la final de los JJOO de Atlanta; la mexicana Ana Guevara (48.89) el 27 de agosto de 2003 en la final de los Campeonatos del Mundo de París; y la jamaicana nacionalizada estadounidense Sanya Richards-Ross (48.70) en la Copa del Mundo de Atletismo en Atenas en 2006. Solamente dos veces, por tanto, en los años de siglo transcurridos.

- Y segundo, la mejor marca mundial de este año 2013 en la prueba data del 19 de julio en Mónaco, meeting de la IAAF Diamond League, conseguida por la atleta de Botswana, Amantle Montsho. El tiempo... 49.33. A años luz de la plusmarca de Koch. Más de un segundo y medio.

Aquí, el vídeo de la estratosférica carrera:





23 de octubre de 2013

Recordamos... Étienne Gailly, un bronce de oro


Étienne Gailly nace el 26 de noviembre de 1922. Soldado belga, miembro de la brigada paracaidista, alcanzaría el rango de teniente, habiendo prestado heróicamente sus servicios durante la Segunda Guerra Mundial. Especialista en 5.000m y 10.000m, se presentaba en los Juegos Olímpicos de Londres de 1948 absolutamente convencido de obtener un gran resultado, "una medalla para mi país", en lo que era una prueba desconocida para él como el maratón.
Aquel 7 de agosto de 1948, a las tres en punto de la tarde, eran de la partida 41 atletas. Día nuboso y húmedo, con ligero viento. La táctica de Gailly era tan clara como revolucionaria para aquellos tiempos del atletismo. Sin importarle los ritmos de los demás competidores, y obviando que se trataba de su debut en la distancia, había elaborado un plan para saber exactamente cuáles eran sus tiempos de paso por kilómetro, confiando en rondar una marca en torno a las dos horas y treinta minutos.

Prácticamente desde el principio de la prueba, a partir del kilómetro 5, su ritmo implacable le permitió obtener una ventaja clara sobre sus rivales. El éxito de su novedoso planteamiento se plasmó en el hecho de que corrió escapado, en solitario, hasta el kilómetro 32, cumpliendo escrupulosamente sus previsiones. En los parciales anteriores, esa ventaja (establecida en unos constantes cuarenta, cuarenta y cinco segundos) había ido reduciéndose paulatinamente, gracias especialmente al buen hacer de cuatro atletas: los argentinos Delfo Cabrera y Eusebio Guiñez, el surcoreano Choi Yun-Chil y el británico (galés, para más señas) Thomas 'Tom' Richards. Poco antes de dar caza a Gailly, el argentino Guiñez cede y el coreano Choi se ve obligado a retirarse. Pero Cabrera y Richards no cejarían en su empeño, atrapando al maratoniano belga, primero uno, y después el otro.
Pese a sorprenderse por lo acontecido, pero encontrándose bien de fuerzas, Gailly cambia el ritmo y vuelve a liderar, de nuevo en solitario. Preso de su corazón, y viendo y sientiendo cada vez más cerca el Empire Stadium, popularmente conocido como Wembley (por encontrarse en el barrio londinense del mismo nombre), Gailly ya se veía campeón olímpico. Lo que ocurrió a partir de ese momento, no pudo sino evocar un acontecimiento que había tenido lugar a escasos diez kilómetros de allí, en el White City Stadium, el 24 de julio de 1908 (y relatado en este artículo).
En el absoluto paradigma de un caprichoso destino, Gailly notaba cómo su cuerpo se paralizaba al cruzar la puerta del estadio. Cuando tan sólo le restaban cuatrocientos metros para concluir su gesta, sintió una aguda punzada en la zona abdominal. Sin tiempo para reaccionar, y sin apenas fuerzas para combatirlo, Gailly se tambaleó por vez primera, ante los ojos de los cien mil espectadores que abarrotaban las gradas de Wembley.

Gailly (izda.) sobrepasado ya en el
estadio por Cabrera
Delfo Cabrera, con su correr elegante y uniforme, entraba al recinto apenas tras Gailly. Al verse superado por el argentino en la curva, con una cadencia totalmente heterogénea y un movimiento de brazos exagerado y tosco para mantener la vertical y conseguir el máximo impulso posible, sabedor de que no podrá ganar el oro, mira hacia atrás. Muy cerca del colapso, Gailly está a punto de salirse de la pista y de irse hacia el público. La imagen roza lo dantesco. Tom Richards se acerca peligrosamente, animado por el estado en el que ve que se encuentra Gailly, y lo sobrepasa a falta de apenas doscientos metros. El belga, consciente de la imposibilidad de alcanzar a sus dos rivales, se concentra en buscar un último suspiro de fuerzas, de llegar al escondrijo de ese último aliento que no existía.
Cabrera, con una marca de 2h34:51, elegante y tranquilo, se convertía en el segundo campeón olímpico argentino de maratón, tras conseguirlo Juan Carlos Zabala dieciséis años antes, en Los Ángeles 1932. El veterano galés de treinta y ocho años, Tom Richards, se adjudicaba la plata ante su público, finalizando en 2h35:07.
Tercero, apenas pudiendo dar un paso tras de otro, Étienne Gailly, con 2h35:33. Tal era su estado, que tuvo que ser sujetado para no caerse al momento de cruzar la línea de meta. Pocos segundos después, tras tímidas sonrisas y miradas perdidas, fuera de sí, como un autómata en un universo desconocido, Gailly se desplomaba, incapaz de dar un paso más. Era conducido de urgencia al hospital. Ni siquiera iba a poder estar presente en la ceremonia de entrega de medallas.

Curiosamente, aquel maratón fue inaugurado, dando el disparo de salida, por el italiano Dorando Pietri, también protagonista de una historia similar, fechada justamente cuarenta años antes, en 1908. El COI quiso brindar a Pietri aquel merecido homenaje. Sin embargo, y en relación con la efeméride, más curioso aún fue el hecho que terminaría por demostrarse: el tipo que, a nombre de Pietri, se hospedaba rodeado de lujos en un fastuosísimo hotel londinense, acabaría siendo revelado como un impostor. La razón, constatar que Pietri había fallecido el 7 de febrero de 1942, más de seis años antes.

Étienne y su hermano Pierre,
en la Guerra de Corea en 1951
Tras su recuperación y la asimilación de su éxito, Gailly se propuso firmemente ser campeón olímpico en la próxima cita, cuatro años más tarde en Helsinki. El destino, caprichoso e irremediablemente inflexible en ocasiones, quiso que el voluntarioso Gailly, militar recio y convencido, fuera destinado a la guerra de Corea, en la que la ONU y Estados Unidos prestaron alianza a Corea del Sur, frente a la URSS y China, vinculadas a Corea del Norte. En aquel conflicto, Gailly perdería sus ilusiones y parte de su futuro. Durante la batalla de Haktang-Ni, en octubre de 1951, su hermano Pierre, también militar, fallecía durante la contienda, y Étienne resultaba gravemente herido en una pierna, que acabaría perdiendo a consecuencia de la gravedad de las lesiones sufridas. Gailly perdía la vida el 3 de noviembre de 1971, a punto de cumplir cuarenta y nueve años, y sin siquiera la oportunidad de intentar resarcirse de la oportunidad perdida en aquella infame carrera de Londres.

Estas son algunas magníficas imágenes de aquel maratón, un pequeño reportaje de menos de cinco minutos, que ilustra en todo su esplendor la dureza del atletismo en aquellos años (ver vídeo en Youtube).

Gailly (camiseta roja, dorsal 252)
Choi, en el momento de su abandono (dorsal 273, minuto 1:44)
Richards (camiseta blanca con raya roja y azul, dorsal 266)
Cabrera (camiseta blanca con dos rayas azules, dorsal 233)




21 de octubre de 2013

Recordamos... Polin Belisle: el maratoniano fantasma


Belice es un pequeño país de Centroamérica de poco más de 300.000 habitantes hoy en día, que fue colonia británica hasta los primeros años ochenta. Su tradición olímpica se remonta a una participación escasamente destacable en atletismo, con dos velocistas durante los Juegos de Los Ángeles '84 (Pablo Reneau, octavo en 100m, y Damel Flores, quinto en 200m), un boxeador con discreto resultado, y eliminaciones tempranas en pruebas ciclistas. Para un país tan pequeño y con nula tradición, buen primer envite.
Pero esta historia se desarrolla a partir de los siguientes Juegos, los celebrados en Seúl, capital de Corea del Sur, en 1988. Enviando evidencias a la Belize Amateur Athletics Association, un atleta pretendía embarcarse, junto con nueve deportistas más que su país enviaba a Seúl, en su sueño por disputar aquellos Juegos Olímpicos. Su supuesta credencial, un cuarto puesto en la maratón californiana de Long Beach de 1988, con un tiempo de 2h36:18. Su nombre, Polin Belisle.

Belisle, finalmente incluido en el equipo olímpico, alardeaba de su durísimo trabajo de preparación en las semanas previas. Una media de 400 kilómetros semanales, dieta estricta, vida monacal absoluta... Su ambición, según sus propias palabras, no tenía límites: "quiero ganar el oro". La realidad no podía ser más tozuda: puesto 98 (y último), con una marca de 3h14:02. Tuvo que detenerse en numerosas ocasiones, completamente deshidratado, aquejado de vómitos y profundos dolores estomacales, reacción que él achacó a la reducida calidad de la comida del estado asiático. Lamentaba profundamente su mal resultado, a tenor del duro entrenamiento llevado a cabo durante las semanas y meses previos. Su sueño de ser campeón olímpico tendría, por tanto, que esperar.

Tres años más tarde, con su vigésimo segundo puesto en el maratón de Los Ángeles '91, se ganaba de nuevo el derecho a estar en el equipo olímpico beliceño que acudiría a Barcelona, con 2h24:15. Las cosas, sin embargo, iban a torcerse súbitamente. Joan Burrell, presidente en aquellos años de la asociación atlética de Belice, confirmaba que Belisle no había sido seleccionado para aquel equipo olímpico, y que nadie de su departamento había contactado siquiera con él. Parece que Polin, pleno de confianza en lo que respectaba a su inclusión en el equipo, había apostado fuerte por su candidatura a acudir a Barcelona, consiguiendo asegurarse el mecenazgo de varias empresas que lo patrocinaban. Eso... y una fuerte campaña de 'acoso y derribo' a las autoridades de su país para que no se olvidaran de él.
Sin embargo, antiguos compañeros en Seúl, como Eugéne Muslar (que fue eliminado en la primera ronda del 5.000m de los JJOO de Los Ángeles '84, y que finalizaría en 79ª posición en el maratón en Seúl '88, con 2h43:29), ya habían advertido acerca de su arrogancia, su extraña y siempre exagerada actitud, su desconocimiento de los preceptos casi básicos de su deporte... y su afición por la fiesta y el trasnoche. Por si fuera poco, el propio Muslar sospechaba que el resultado de Belisle en Seúl no correspondía a un problema con la comida coreana... sino que reflejaba a la perfección el nivel de competición real de su compatriota.  
La Belize Amateur Athletics Association constató que Belisle había sido descalificado en varias maratones en el lapso de tiempo entre Seúl y aquel año 1992, y que había sospechas más que evidentes de que su carrera atlética se trataba de una farsa en toda regla. El propio Burrell reconocía que el maratoniano no acudió en condiciones a Seúl. Si a aquello le uníamos el escepticismo de su entrenador en el instituto, y de uno de los responsables de aquel maratón de Long Beach '88, las dudas eran caldo de cultivo obvio para pensar en una historia de engaño e intereses.
Un dato para la reflexión: Belisle, al ser preguntado y referirse a su mejor marca personal en maratón, hablaba de 2 horas y 11 minutos en el maratón de Chicago en 1991. No deja de ser curioso y revelador que, oficialmente, el ganador de aquel maratón fuera el brasileño Joseildo Rocha... que corrió en 2h14:33.
Una más. Fue descalificado de los maratones de Long Beach '91 y Los Ángeles '92, porque no aparecía en las grabaciones de carrera de los pasos intermedios, y no se tenía registro de sus tiempos en dichos parciales, pero sí de su entrada en meta. Aparentemente ajeno a todo aquello, Belisle exigió insistentemente a los organizadores de Long Beach el premio que le correspondía por su quinto lugar. Fue contestado tajantemente: "ven a nuestras oficinas, e indícanos en el vídeo de la prueba quién eres". Belisle nunca se presentó.



Tras el corredor con el dorsal 419 que aparece en el centro, con gorra, la silueta de un atleta con uniforme azul, dorsal 907. Su nombre, Polin Belisle.


Y como por arte de magia, Belisle aparecía de nuevo en la salida de un maratón olímpico, esta vez, en Barcelona '92, competición para la que, supuestamente, no había sido incluido en el equipo beliceño. Sin embargo, Belisle se las había arreglado para ser incluido en el equipo de Honduras, alegando que nació en Puerto Cortés el 2 de julio de 1966, bajo el nombre de Apolinario Belisle Gómez. En un trámite express, juraba la nacionalidad hondureña, y embarcaba hacia Barcelona en busca de su sueño de ser campeón olímpico, inscrito esta vez en tres pruebas: 5.000m, 10.000m y maratón. Al llegar a la villa, fue, evidentemente, descubierto. Los atletas de Belice, viendo su ficha y acreditación, alertaban de esta manera al responsable de su delegación, Ned Pitts (presidente del Comité Olímpico de Belice), para que el hecho fuera inmediatamente comunicado a su homónimo hondureño, Julio Villalta, que tras disculparse de manera profunda por su desconocimiento del caso y de los antecedentes, expulsaba inmediatamente del equipo olímpico a Belisle. El atleta (o no) había conseguido engañar a todo el mundo, incluido Villalta.
Tras pedir permiso para conservar sus acreditaciones como recuerdo, fue expulsado de la villa olímpica, no presentándose a las pruebas en pista.

Sin embargo, aquel 9 de agosto de 1992, en la salida del maratón, en la localidad de Mataró, un pequeño atleta, con la equipación azul oscuro del combinado de Honduras, y el dorsal 907 en el pecho, desafiaba a todo el mundo de nuevo durante breves instantes, para después desaparecer de los primeros lugares, y acabar abandonando la prueba (ver la imagen de arriba). Cómo no, se trataba de Polin Belisle, que inexplicablemente se las había ingeniado para confirmarse dentro de la lista de inscritos, cuando el equipo hondureño lo había expulsado de la villa olímpica días atrás. En el vídeo enlazado se le puede ver claramente, en torno al minuto 1, en el centro del grupo, en primera fila, buscando ridícula y cínicamente una buena colocación que, como es obvio, no iba a poder mantener por mucho tiempo. Una historia que roza el más puro surrealismo. Sin lugar a dudas, una de las más bizarras de la historia de los Juegos Olímpicos y del atletismo. La historia del 'maratoniano fantasma'.







18 de octubre de 2013

Reflexión: ¿Qué hacer con el atletismo?


Hoy nos hacemos una pregunta muy directa para terminar la semana, y muy acorde a la vez con los tiempos que vivimos.
El mal estado de la economía y su consecuencia en el estado de la población, del trabajo, de la sociedad, tienen también su reflejo evidente en el mundo del deporte. El atletismo, por tanto, no es menos. Mes a mes, año a año, vemos cómo los patrocinios privados desaparecen, cómo las ayudas estatales se reducen hasta puntos insostenibles por parte del atleta, y sobre todo, vemos cómo el atletismo popular gana terreno frente al atletismo profesional o élite.
La reflexión que os intento transmitir en este artículo nace del encuentro casual con un fantástico vídeo, hará unos días:





Tremendo, ¿verdad? Se trata de la Milla de la Quinta Avenida, disputada en Nueva York, el 14 de octubre de 1986 (el pasado lunes se cumplían 27 años de la carrera), en la que el toledano José Luis González vencía con un imponente final al mediofondista neozelandés John Walker (Campeón Olímpico de 1.500m en Montreal '76) y al alcedano José Manuel Abascal, brillante bronce en Los Ángeles '84.

Pues bien, tras disfrutar con el vídeo, me venían a la cabeza unas palabras del magnífico Pedro Nimo, maratoniano gallego que representa como nadie la unión perfecta entre el atletismo élite y el running popular. En una entrevista en un medio digital, tras una cuestión relacionada con el estado actual de nuestro deporte, Nimo aludía a la necesidad de que el atletismo de élite, el atleta profesional, se acercara al gran público. Si bien es cierto que en las décadas anteriores el atletismo tuvo una difusión ciertamente importante, a través de todo tipo de medios, en base a multitud de pruebas, mítines y reuniones atléticas, tras los acontecimientos económicos acaecidos durante los últimos tiempos, tanto a nivel mundial como a nivel estatal, ha pasado a ocupar un discretísimo plano tanto por la ausencia de competiciones como por la escasa relevancia de las mismas. Obviamente, el desolador panorama económico ha contribuido a la causa.

La reflexión está servida. En estos términos, es evidente una afirmación: el sustento actual del atletismo de élite es el atletismo popular, es el fenómeno del running entre la masa, es la moda (porque no deja de ser una moda, pasajera o no) de calzarse unas zapatillas, de colgarse un dorsal y de preparar pruebas de diversa índole. Esa es la realidad actual. De hecho, un punto significativo de esta reflexión radica en el desconocimiento absoluto por parte de un grandísimo sector de runners aficionados de lo que acontece en el panorama profesional, ajenos totalmente a marcas, competiciones, récords o duelos. Simplemente, correr. Pero sin ningún tipo de querencia ni interés por la base de su actividad, que no deja de ser un derivado del 'compuesto base', que es el atletismo de élite. A  poco que indaguemos, nos daremos cuenta de que prácticamente ningún corredor popular nos dirá que se ha inscrito a una carrera porque ansiaba contemplar de cerca la fastuosidad de su ídolo, tal o cual atleta, muy poquitos acertarán a marcar en un calendario la siguiente gran cita del atletismo mundial o europeo, y los más iniciados serían capaces de recitar los récords del mundo de 5.000m, 10.000m y maratón, por poner tres ejemplos bien conectados. Todo ello, teniendo en cuenta que cualquier aficionado de nivel medio al fútbol, por hablar del deporte mediático (y único, por acoso y derribo) por excelencia en España, recita de 'carrerilla' la alineación de su equipo favorito o se convierte en cronista a tiempo parcial en tertulias de cafetería de cualquier ciudad o pueblo. 
No se me ofendan. No hablo del runner medio como un 'ignorante atlético'. De hecho, considero al atletismo un deporte en el que, cuando alguien sabe, sabe de verdad. Conozco multitud de ejemplos y de personas. Hablo de una más que palpable y explícita, por dejadez de una parte, y por ausencia de encanto de la otra como consecuencia lógica, falta de interés.

BUPA Great North Run, Newcastle 2013, acercando la élite a la
calle: Mohamed Farah, Kenenisa Bekele y Haile Gebrselassie

El resultado de esa falta de apego y predilección por parte del 'hermano pequeño' (que se está comiendo al 'mayor') del atletismo profesional tiene consecuencias lógicas y devastadoras: imposibilidad de celebración de competiciones y desaparición de las mismas, falta de apoyos para retransmisión, falta de continuidad en noticias, ajeneidad por parte de medios, miedo absoluto (por todo ello) a buscar la inversión... Si a eso le añadimos el problema endémico del dopaje (una realidad que tendría filón aparte, pero que no deja de ser representativo de la manera en la que en el atletismo se hacen las cosas, véase el caso de nuestro país - cuando escribimos estas líneas, el señor Odriozola marcaba a Marta Domínguez, "por historial", como "la mejor atleta española de la historia". Parece que su implicación en la Operación Galgo y su relación con Fuentes no existen para Odriozola. Sin comentarios), junto con el cierre del grifo por parte de Estado, Comunidades Autónomas, gobiernos locales, etc., ¿qué nos queda? Pues nos queda un panorama absolutamente yermo y desolador.
Citando a Nimo, y aquí viene una parte importante de la exposición, "¿por qué no un 60m con Usain Bolt en la Plaza Mayor de Salamanca? ¿Por qué no un concurso de salto de pértiga con la gran Isinbáyeva en la Plaza del Obradoiro?".



Con medios más que discretos (por simplificar, un par de cámaras, una moto, y una avenida cortada al tráfico) hemos observado en el vídeo una verdadera maravilla: una competición de altísimo nivel, con atletas internacionales, entre la élite de la élite en ese momento, accesibles y al alcance de la mano para el público, disputando una carrera corta, una milla, en este caso, en una de las avenidas principales de una enorme ciudad. ¿Por qué eso no es posible hoy en día? A nivel nacional, sigue realizándose, pero no nos engañemos, con escasísima difusión y sin apenas trascendencia fuera de los círculos más iniciados, aparte de que la distancia nunca ha sido especialmente prolija, a nivel de competiciones, y ya no digamos en la pista, en nuestro país.
Y todo ello, con la secuela de que el atleta profesional comienza con ello a ver agotadas sus posibilidades de crecimiento y de evolución, perdiendo capacidad para gestionar su carrera deportiva sin sacrificar buena parte de su tiempo en un empleo estándar, que le proporcione sustento, con la lógica afectación, por ende, a  su rendimiento. Si a ello le añadimos que el fenómeno se convierte en ejemplo perfecto de círculo vicioso, la situación toma un cariz casi dramático ("si no hay resultados, no hay apoyo, ni becas, ni ayudas... y si no hay apoyo, ni becas, ni ayudas, no hay resultados").

Y según avanza el texto, hay un hecho que el que os escribe tiene cada vez más claro: la mejor manera de que el atletismo de élite pueda recuperar una buena parte de la esencia perdida (o al menos, visualizar y encarar el camino correcto) es acercarse claramente a la sociedad, evitar esa separación que supone el concepto "élite" del concepto "popular", y apoyarse en el eslogan de que el atletismo tiene que acercarse a la calle. La manera de ser gestionado correctamente, el camino a seguir, ha sido claramente marcado en los últimos años por parte, por ejemplo, de los grandes maratones a nivel mundial: una gestión privada, a la vez que importantes patrocinios a los que atraer y, potencialmente, poder atraer, y profesionales cualificados dedicados a trabajar con el objetivo unánime de defender y 
vender una imagen del atletismo muy cercana al gran público, explotando una imagen que pueda conseguir hacerse rentable (que puede perfectamente serlo).
Solamente será en ese momento cuando el atleta popular comience a mostrar interés por el mundo que le rodea, en el que está inmerso, y en el que, sin saberlo, tiene espejos en los que mirarse, mil maneras de aprender e infinitos momentos de los que disfrutar, pudiendo convertirse esa intrínseca asociación en un pilar de base para la construcción de un atletismo sólido y con cimientos bien asentados desde su origen, que permitan que la difusión de este deporte se acerque de nuevo a lo que era antaño, aprovechando el impulso que el running popular brinda hoy en día, y propiciando una alianza de mutua ayuda, hermandad y éxito.



16 de octubre de 2013

Duelos del Atletismo: Powell vs Lewis

Hoy inauguramos sección. Desarrollamos una idea contemplada desde hace un tiempo. Dicha idea surge de la intención de revivir los que han sido los duelos más recordados de la historia de este deporte, comparando las estadísticas, los datos, las victorias y las derrotas, así como, sobre todo, los enfrentamientos directos. Para situar el broche inicial, una rivalidad que se convirtió en histórica durante la década de los 90. Sin más, nuestro duelo de hoy: Mike Powell vs. Carl Lewis.

A pesar de que no será la intención, nuestro primer duelo tendrá que pivotar en torno a un enfrentamiento específico entre estos dos grandes atletas. Sus carreras no tienen mucho margen de comparación. Carl Lewis, nacido en Birmingham, la ciudad más grande del estado de Alabama, el 1 de julio de 1961, fue especialista tanto en pruebas de velocidad como en salto de longitud. Consiguió en su carrera la friolera de 10 medallas olímpicas (9 oros y una plata), y 10 medallas en Campeonatos del Mundo (8 oros, una plata y un bronce). Fue dos veces plusmarquista mundial del hectómetro (9.93 y 9.86), y fue internacionalmente conocido con el sobrenombre de 'El Hijo del Viento'. Toda una referencia y una institución atlética a nivel mundial, durante las décadas de los ochenta y los noventa, y que continúa siéndolo a día de hoy. El 'Michael Jordan' del atletismo.


Mike Powell, nacido en Philadelphia el 10 de noviembre de 1963, era, por el contrario, un especialista exclusivo en salto de longitud. Ya en los JJOO de Seúl, en 1988, conseguía la plata, tras Lewis, habiendo aparecido en la élite apenas un año antes. Hasta la fecha que nos ocupará hoy, Powell había perdido en todos los enfrentamientos con Lewis. 15 veces se habían enfrentado en concursos, 15 victorias para Lewis. Dos estilos completamente diferentes. Lewis, con una velocidad en carrera prodigiosa, basaba en ella su salto. Powell sostenía su magia en su estratosférica capacidad de batida. Simplificando mucho las cosas, velocidad contra fuerza, en este caso.




Nos trasladamos al 30 de agosto de 1991. Japón. Mundiales de Atletismo de Tokio. Final de salto de longitud. Apenas cinco días antes, Lewis había conseguido pulverizar, con 9.86, los 9.90 que Leroy Burrell consiguiera dos meses antes en Nueva York, en la final de los 100m, para hacerse por segunda vez con el récord mundial. Llegaba en un estado de forma brutal. En términos de competición, no se hablaba de quién iba a conseguir el oro. Parecía ridículo solamente pensar en que Lewis pudiera no ganarlo. Había dos 'posibles' candidatos, uno de ellos totalmente favorito. Pero no sólo favorito para alzarse con la victoria. Se hablaba de derrumbar un muro que había sido infranqueable durante casi 23 años. El también estadounidense Bob Beamon acunaba el récord desde su espectacular vuelo en los Juegos de México '68. Aquellos legendarios 8 metros y 90 centímetros. Se antojaba complicado, complicadísimo. Pero llegaba 'El Hijo del Viento'. Y eso eran palabras mayores. Powell tendría que conformarse con ponérselo ligeramente complicado a Lewis. "Si él me puede ganar a mi... ¿por qué yo no puedo ganarlo a él? Es un ser humano como cualquier otro", manifestaba Powell durante las tensas horas previas, inyectándose una auto-confianza que despertaba la misma admiración que condolencia. Tres años antes, en Seúl, Lewis había sido oro con un salto de 8.72m. Powell sólo podía apretarlo ligeramente, con 8.49m, consiguiendo la plata. De hecho, el de Alabama llevaba la friolera de 10 años sin perder un concurso de longitud.

Y comenzaba la fiesta. Típica noche veraniega, pre-tormenta. Ambiente extraña y calmadamente cargado. Humedad asfixiante. Viento apenas inexistente. Estadio lleno a rebosar. Se espera, sin saberlo aún, la antología.

Abre el concurso Powell. Se muestra frío, tensionado, nervioso. Un salto mediocre, 7.85m. Se estrena Lewis. Como si quisiera lanzar un recado ya inicial, mostrando su control de la situación y su concentración extrema: 8.68m, récord de los Campeonatos. Para empezar. Listón altísimo, sin viento, con una marca que podría, incluso, servirle para ganar el concurso. Por qué no. Y en el primer salto.
Segunda tentativa para ambos, Powell, 8.54m para ir entrando en materia y dejar de ser un manojo de nervios. Nulo para el de Alabama.
Tercer salto, 8.29m para Powell. Lewis amenaza, implacable: 8.83m. A un suspiro de Beamon. Eso sí, con viento mayor de lo legal para que se homologue la marca (+2.3 m/seg), pero teniendo en su mano la victoria, con un vuelo prodigioso. Sería el tercer mejor salto de la historia, si no hubiera existido la ilegalidad para la medición. Asoma el ecuador del concurso. Lo que ocurrió de aquí en adelante pertenece, única y exclusivamente, a la leyenda, trascendiendo los reductos del tiempo.

Cuarta tentativa: Powell relajado, Lewis atento... nulo. Powell, que había alzado los brazos sabedor de que era larguísimo, comienza a desesperarse, tras ver la bandera roja en alto. Se arrodilla ante la tablilla, suplica a los jueces. No da crédito a lo que ha ocurrido. Ahí va Lewis. Concentración. Comienza la carrera. Batida casi perfecta. Sabe que es bueno, pero pide calma. Ve el panel indicando +2.9 m/seg de viento favorable, y parece que maldice entre dientes. Medición. 8.91m. Lewis supera a Beamon por un centímetro. No será legal para el récord por el viento, pero ya es el hombre que más lejos ha saltado en la historia. Brazos en alto, rabia contenida que florece y ojos como platos. Sabe que lo tiene en su mano, quedándole aún dos saltos más. No sospechaba que el destino le arrebataría en unos momentos esa alegría.

A por la quinta. Salta Powell. Cero nervios. Suelta todo el aliento que el público contiene. Se acaba la presión, porque sabe que no tiene nada que perder. Comienza la carrera. 26 zancadas. Batida correcta pero mejorable (a 6 centímetros de la plastilina). Gestos de rabia, brazos arriba, +0.3 m/seg de viento a favor, muestra el panel. Powell espera impaciente, y Lewis expectante. El corazón se le sale del pecho. Y estalla de júbilo. 8 metros y 95 centímetros. Récord del mundo. Rabia, alegría, locura.

Pero a Lewis le quedaban dos saltos. Y había una cosa que estaba clara: estaba hecho de otra pasta. Por su cabeza no pasaba en ningún momento arrojar la toalla, fuese como fuese lo que tuviera delante. Salto larguísimo de nuevo, con ligerísimo viento en contra. 8.87m. Enorme salto... pero insuficiente.

Sexto y último salto. Va Powell. Presa quizá de los nervios por la posibilidad más que latente de la victoria, el agarrotamiento del que sabe que el destino no está en su mano, pero que la victoria es más que posible, hace nulo. Si los nervios estaban por las nubes, se le multiplican exponencialmente. "Estaba seguro de que, en ese último salto, Carl saltaría más de 9 metros", diría Powell después. Va 'El Hijo del Viento'. De nuevo muy largo. Saluda, ligeramente consciente, aunque a la expectativa, de que se le escapa. Se le escapa el Campeonato, se le escapa Beamon, se le escapa Powell, y se le escapa un trocito de la historia. La medición tarda, pero es casi un secreto a voces. Viento legal a favor. Lewis se acerca a Powell, le tiende la mano, y el virtual campeón no puede soltársela. 8.84m, larguísimo, magnífico... pero de nuevo insuficiente. Y Powell se vuelve loco. Campeón del Mundo, derrotando al gran Carl Lewis, tras quince enfrentamientos en los que había sucumbido frente al más grande. Y lo que más importaba. Se convertía en el hombre que más había saltado en la historia. Más que Bob Beamon. 5 centímetros más lejos.

Mientras que Carl Lewis había realizado el mejor concurso de la historia, con unos cuatro últimos saltos memorables, todos por encima de 8.80m, Powell fue más irregular. Sin embargo, primaría algo que, al final, el propio Lewis reconocería amargamente: "Sinceramente, creo que hice la mejor serie de saltos de todos los tiempos. Mike solamente hizo uno. Quizá no lo vuelva a lograr nunca, pero hoy lo consiguió. Así es el salto de longitud. No es una serie de saltos. Es un salto".


MIKE POWELL 7.85m 8.54m 8.29m X 8.95m X
(+0.2) (+0.4) (+0.9) (+0.3)
CARL LEWIS 8.68m X 8.83m 8.91m 8.87m 8.84m
(0.0) (+0.3) (+2.9) (-0.2) (+1.7)







14 de octubre de 2013

Los Reyes del año en Europa


El sábado se celebraba en Tallinn, capital de Estonia, una ceremonia especial de la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo), para elegir a los mejores atletas del año en Europa. La gala era celebrada en el majestuoso Seaplane Harbour, también conocido como "Lennusadam", un espléndido museo marítimo y naval situado en la zona portuaria de la capital de la república báltica.
La ceremonia, retransmitida por primera vez en la historia por televisión, y a la vez en streaming por Internet para todo el planeta, designó a los cuatro atletas más valiosos de este año 2013: categoría absoluta masculina y femenina, y categoría promesa o revelación masculina y femenina. Las votaciones fueron realizadas por más de 16.000 aficionados a través de Internet, además de por 163 miembros de la Association Internationale De La Presse Sportive (AIPS, Asociación Internacional de la Prensa Deportiva) de 54 nacionalidades distintas. Los atletas ganadores fueron elegidos en base a los votos de los aficionados, de los miembros de las diferentes Federaciones Atléticas europeas, así como por un comité de expertos. Los resultados de cada grupo de votaciones configuraban una cuarta parte de la votación.


Emir Bekric
En la categoría "Revelación", en el cuadro masculino, el vencedor fue el vallista serbio Emir Bekric, nacido el 14 de marzo de 1991 en Belgrado, y que ya cuenta con su edad con un palmarés envidiable. En 2011, en el Campeonato de Europa sub-23 celebrado en Ostrava (República Checa), se hacía con el bronce en 400m vallas. En 2012, en los Campeonatos de Europa de Helsinki, conseguía la plata. Y ya en 2013, daba el salto definitivo de calidad: oro en junio en los Juegos Mediterráneos en Mersin (Turquía), oro en en julio en los Campeonatos de Europa sub-23 en Tampere (Finlandia), y bronce en los Mundiales de Moscú en agosto, en los que, el día 15, en la final de los 400m vallas, conseguía la que es hasta hoy su plusmarca personal, con un brillante tiempo de 48.05 (ver vídeo). El serbio, que ya nos dio una positivísima sorpresa en los Mundiales, se ha convertido, más que en una alternativa, en una auténtica realidad. Este premio lo refrenda, al conseguirlo por delante de atletas con tanto futuro como el velocista británico Adam Gemili (5º en los 200m de Moscú) y el prometedor atleta noruego de combinadas, Karsten Warholm.
Aníta Hinriksdóttir
En categoría femenina, la islandesa Aníta Hinriksdóttir se hacía con el galardón. Nacida el 13 de enero de 1996 en Reykjavík, se trata de una especialista en los 800m (aunque con buenos resultados en 400m, 1.500m o incluso obstáculos), que conseguía en apenas una semana alzarse con los títulos de Campeona del Mundo Juvenil en la ciudad ucraniana de Donetsk (ver vídeo), batiendo el récord de los Campeonatos, y Campeona de Europa Junior en Rieti (Italia). Con tan sólo 17 años, ya posee el récord nacional de 800m y 2000m obstáculos.






Y en categoría absoluta, los galardonados con el "European Athlete of the Year" eran el ucraniano Bohdan Bondarenko y la checa Zuzana Hejnová.

Bohdan Bondarenko
El saltador de altura de 24 años ha conseguido una mejora sustancial de su rendimiento en este 2013. Tras terminar en un decepcionante séptimo puesto en los JJOO de Lonndres, Bohdan Bondarenko se prometió a sí mismo dar un salto de calidad. Y vaya si lo ha conseguido, nunca mejor dicho, además. Tras su estratosférico vuelo sin motor en Lausana el 4 de julio, Bondarenko encaraba con mucha seguridad el Mundial de Moscú, pese a la constante oposición en la especialidad del qatarí Mutaz Essa Barshim. Se trataba de la mejor marca en 19 años. Nadie, desde el año 1994, había conseguido saltar 2.41m. Lo conseguía en Lausana, y lo repetía en Moscú, para llevarse el oro en el Mundial.
Además, en la capital rusa atentaba de nuevo contra la marca que el cubano Javier Sotomayor posee desde el año 93 (2.45m). De nuevo, se quedaba a las puertas. Además, se adjudicaba la victoria en el prestigioso conjunto de mítines de la Diamond League. Pero con 24 años, y desde su espigado e imponente 1'97m, estamos seguros de que lo continuará intentando. Bondarenko ya es una realidad, y un auténtico referente del atletismo a nivel mundial, pero no por ello deja de tener un espléndido futuro por delante.
En las votaciones, el fondista británico 'Mo' Farah conseguía ser segundo (de nuevo, doblete en 5.000m y 10.000m, en este caso en el Mundial de Moscú), por delante del lanzador de martillo polaco Pawel Fajdek, que conseguía en el Campeonato del Mundo la que en ese momento era la mejor marca mundial del año para hacerse con la primera victoria absoluta importante en su palmarés.



Zuzana Hejnová
Y en las féminas, el premio se lo llevaba la espectacular vallista de la República Checa, Zuzana Hejnová. Especialista en 400m vallas, ostenta holgadamente las dos mejores marcas mundiales de la disciplina en este 2013 (52.83 y 53.07), consiguiendo la victoria con gran facilidad en la Diamond League, prácticamente arrasando a sus rivales con siete victorias de siete participaciones en sus mítines. Además, conseguía el oro en el Mundial de Moscú (ver vídeo), ganando tanto sus series, como las semis y la final (carrera en la que conseguía su 52.83, que es, tanto mejor marca del año, como plusmarca personal). Con 27 años por cumplir el 19 de diciembre, se encuentra ante el mejor momento de su vida atlética.
La 'zarina' rusa Yelena Isinbáyeva conseguía el segundo puesto en las votaciones, seguida de la maratoniana italiana Valeria Straneo.


Dos premios totalmente merecidísimos, a tenor de sus espectaculares resultados este año, y que se han convertido por méritos propios en realidades rutilantes del panorama atlético a nivel mundial.



Los cuatro premiados (de izquierda a derecha Bekric, Hejnová, Bondarenko y Hinriksdóttir), posando con el
presidente de la Asociación Europea de Atletismo, el suizo Hansjörg Wirz (en el centro)


11 de octubre de 2013

Carreras Inolvidables: Golden Four Zúrich, 1997, 1.500m


13 de agosto de 1997. Gala de la entonces llamada 'Golden Four' (posteriormente denominada 'Golden League', y después 'Diamond League').
Se juntaba en Zurich, para uno de esos mítines antológicos, la flor y nata del mediofondo mundial. Los asiduos durante aquellos años, John Mayock, Reyes Estévez, William Tanui, Steve Holman...
Pero cuatro nombres, sin menospreciar la capacidad de los, a priori, segundos espadas, acaparaban la atención de los focos en ese momento: el marroquí Hicham El Guerrouj (que acababa de proclamarse justo una semana antes, el día 6, Campeón del Mundo en Atenas), el argelino Noureddine Morceli (poseedor en aquel momento del récord mundial, y que comenzaba su declive), el atleta de Burundi Vénuste Niyongabo (que venía de ser Campeón Olímpico en 5.000m de manera sorprendente un año antes, en Atlanta), y quizá más en un segundo plano, eterno criticado por su rendimiento en este tipo de reuniones, pero con una capacidad competitiva fuera de toda duda, Fermín Cacho, brillante triunfador en Barcelona '92.

Normalmente, estas reuniones deparaban carreras muy, muy rápidas. Liebres contratadas por la organización o lugartenientes de los primeros espadas, pasos pactados, y ritmos muy altos, para proporcionar espectáculo y buscar grandes marcas.
La carrera ya se planteaba rapidísima desde el principio, con el keniata Robert Kibet encargado de lanzar la prueba para su compatriota John Kibowen, que en teoría partía como uno de los favoritos, y para El Guerrouj, que se mantenía cuarto con su elegante y fácil correr, atento a las hostilidades. Morceli, atento y vigilante como siempre, en este caso al marroquí, y por detrás, un escalón por debajo, sin asomar en exceso, Niyongabo. El soriano Cacho, con su cabecear tan reconocible y particular, encerrado por la cuerda casi desde el principio, tuvo que plantear batalla casi constante en el inicio, en una carrera que por momentos se le presumía complicada.

1:50.03 al paso por el 800m, realmente rápido, y las liebres haciendo, y muy bien, su trabajo, primero el mencionado Kibet y después su compatriota Vincent Malakwen. A falta de una vuelta, el grupo se apelotona, y al paso por el 1.200m, El Guerrouj toma el mando. Morceli procuraba, no sin dificultades, no perder ni un centímetro. Tras el argelino, el burundés Niyongabo.
Y por la cuerda, ya en la curva, comienza a asomar el pequeño cuerpo de una fuerza de la naturaleza. Dos campeones olímpicos, uno de 1.500m, otro de 5.000m, emparejados y a tirones, y Cacho llega al último 'cien' con la tercera plaza en el bolsillo y con El Guerrouj y Morceli casi a la par. Salen de la curva. Majestuoso último cambio. Morceli se ve superado por la situación y se hunde. El Guerrouj a medio metro. Cacho aprieta, sacando a relucir su conocido gran final (menos habitual en carreras tan rápidas). El Guerrouj tiene que cambiar, porque ve lo que se le viene. Niyongabo pasa a Morceli, confirmando el decaer, estrepitoso pero digno, del antaño vendaval de Tenes. Sólo quedan dos. Hasta ese día, nadie había osado acosar así al campeonísimo marroquí. Victoria de El Guerrouj, récord de su país, 3:28.91. A poco más de segundo y medio del WR conseguido por Morceli en Niza aquel 12 de julio de 1995 (3:27.37). Una última vuelta espectacular, en 55.31.
Por detrás, ya entrado en meta, brazos en alto y ojos cerrados, un enjuto corredor, medalla de oro en sus Juegos, cinco años antes en Barcelona, se tambaleaba, exhausto. 3:28.95. Récord de Europa. Bajaba de la cúspide la estratosférica marca conseguida por el británico Steve Cram en 1985 (que fue en su momento también récord mundial). Ni qué decir, récord de España, aún vigente.

Superado por 'Mo' Farah en julio de 2013 por apenas 14 centésimas, a día de hoy continúa siendo la plusmarca europea de un atleta nacido en nuestro continente. Casi 16 años tuvieron que pasar para que alguien pudiera derribar ese récord. Sólo puede decirse una cosa: disfrútenlo, merece la pena.





9 de octubre de 2013

¿Españoles bajando de 2 horas y 10 minutos?


Ayer martes leíamos en prensa unas declaraciones del atleta barcelonés Carles Castillejo, a propósito de su preparación para el maratón de Valencia, que se disputará el 17 de noviembre, y en el que quiere, según sus palabras, "bajar de 2 horas y 9 minutos". Siendo optimista y a la vez sensato como pocos, remataba con un lacónico "pero no sé si podré hacerlo". Su intención es hacer marca para ser seleccionado para el equipo español de maratón que disputará el Europeo de Zurich de 2014. Una de las seis plazas ya está adjudicada (para Javi Guerra, por ser 15º en el Maratón del Mundial de Moscú, y primer europeo), otras dos plazas se adjudicarán en el Campeonato de España, a celebrarse el 24 de noviembre en San Sebastián (siempre que se baje de 2h13), y por tanto, quedarían tres plazas más, que se repartirían en función de las marcas conseguidas.


Por regularidad, por tesón, por fuerza, por competitividad, por raza, por trabajo y por calidad, si hay un atleta español en disposición de acercarse a esa marca (exceptuando a Ayad Lamdassem), ese puede ser Castillejo. Ahora bien, hay que remontarse muchos años en el tiempo para encontrar maratonianos españoles que consiguieran bajar de la barrera de las 2 horas y 10 minutos. Desde que Julio Rey batiera en Hamburgo el récord de España (2h06:52) el 23 de abril de 2006, hasta ahora, esta ha sido la capacidad de los nuestros.

Enumeramos, en primer lugar, la que fuera mejor marca mundial ese año, y después, los tres mejores registros españoles en esa misma temporada, así como el puesto ocupado por el atleta, el maratón en el que lo consiguió, y la fecha de la prueba.



Julio Rey en Hamburgo '06, batiendo el
récord de España de maratón


2006
HAILE GEBRSELASSIE (Etiopía) - 2h05:56 (1º en Berlín, 24/09/2006)

1º: JULIO REY - 2h06:52 (1º en Hamburgo, 23/04/2006, Récord de España, vigente, y sexta mejor marca mundial del año, compartida)
2º: José Ríos - 2h09:15 (1º en Otsu, 05/03/2006)
3º: Chema Martínez - 2h11:06 (6º en Hamburgo, 23/04/2006)

2007
HAILE GEBRSELASSIE (Etiopía) - 2h04:26 (1º en Berlín, 30/09/2007, Récord del Mundo)

1º: CHEMA MARTÍNEZ - 2h10:12 (2º en Roma, 18/03/2007)
2º: Julio Rey - 2h11:36 (9º en París, 15/04/2007)
3º: Nacho Cáceres - 2h12:46 (10º en Berlín, 30/09/2007)

2008
HAILE GEBRSELASSIE (Etiopía) - 2h03:59 (1º en Berlín, 28/09/2008, Récord del Mundo)

1º: JOSÉ RÍOS - 2h09:38 (6º en Otsu, 02/03/2008)
2º: Chema Martínez - 2h11:11 (6º en Fukuoka, 07/12/2008)
3º: Chema Martínez - 2h12:42 (1º en Madrid, 27/04/2008)

2009
DUNCAN KIBET KIRONG (Kenia) - 2h04:27 (1º en Rotterdam, 05/04/2009)

1º: JOSÉ RÍOS - 2h10:36 (2º en Otsu, 01/03/2009)
2º: Rafa Iglesias - 2h10:44 (1º en San Sebastián, 29/11/2009)
3º: Rafa Iglesias - 2h11:51 (3º en Sevilla, 22/02/2009)

2010
PATRICK MAKAU MUSYOKI (Kenia) - 2h04:48 (1º en Rotterdam, 11/04/2010)

1º: NACHO CÁCERES - 2h12:49 (6º en Hamburgo, 25/04/2010)
2º: Pablo Villalobos - 2h13:33 (2º en Sevilla, 14/02/2010)
3º: Rafa Iglesias - 2h13:44 (2º en San Sebastián, 28/11/2010)

2011
PATRICK MAKAU MUSYOKI (Kenia) - 2h03:38 (1º en Berlín, 25/09/2011, Récord del Mundo)
1º: CARLES CASTILLEJO - 2h10:09 (1º en Castellón, 11/12/2011)
2º: Pablo Villalobos - 2h12:21 (4º en Sevilla, 13/02/2011)
3º: Ricardo Serrano - 2h13:32 (6º en Berlín, 25/09/2011)

2012
GEOFFREY MUTAI (Kenia) - 2h04:15 (1º en Berlín, 30/09/2012)

1º: JOSÉ CARLOS HERNÁNDEZ - 2h11:57 (8º en Barcelona, 25/03/2012)
2º: Nacho Cáceres - 2h11:58 (9º en Rotterdam, 15/04/2012)
3º: Miguel Ángel Gamonal - 2h13:14 (15º en Berlín, 30/09/2012)


2013 * (sin terminar el año)
WILSON KIPSANG KIPROTICH (Kenia) - 2h03:23 (1º en Berlín, 29/09/2013, Récord del Mundo, vigente)

1º: AYAD LAMDASSEM - 2h09:28 (10º en Londres, 21/04/2013)
2º: Javi Guerra - 2h12:21 (1º en A Coruña, 21/04/2013)
3º: Jaume Leiva - 2h13:41 (5º en Barcelona, 17/03/2013)




Como datos significativos, a resaltar varias cosas. En primer lugar, desde el año 2006, en el que Julio Rey consigue el récord de España (2h06:52), nadie ha conseguido bajar de 2h10, excepto José Ríos en 2008 y Ayad Lamdassem este año. Para más inri, hay temporadas en las que, viendo los ránkings, se nota un descenso importante de rendimiento en lo que a marcas se refiere. Sin ir más lejos, los años 2010, 2012, y el propio 2013, salvo la marca de Lamdassem, las mejores marcas descienden (por encima o muy cerca de 2h12).
Si bien es cierto que el nivel general del maratón en cuanto a registros ha subido como la espuma a nivel mundial, y cada vez vemos más africanos capacitados para estar asiduamente por debajo de marcas de referencia como las 2h05 (como decía el propio Castillejo pocas semanas antes de los JJOO de Londres, "allí te llevan a un keniata que no conoce nadie... y te hace 2h05"), en España ha ocurrido todo lo contrario. Mientras que en los primeros años de siglo el maratón nacional asistía, encarnado en las figuras de Julio Rey, José Ríos, Chema Martínez, Alberto Juzdado, Martín Fiz o Fabián Roncero, a marcas que siempre o casi siempre rondaban las 2h09, 2h08 o incluso 2h07 (Rey, Roncero, Peña, Ríos y F.J. Cortés fueron asiduos de esos dígitos varias temporadas), paulatinamente esas marcas han ido alejándose cada vez más de la tónica mundial, y descendiendo a las zonas más nobles de los ránkings mundiales anuales de la IAAF.
Por ello, no deja de ser impactante pensar en la posibilidad de que un atleta español, en estos días, pueda conseguir volver a registros que considerados casi de antaño, a marcas tan alejadas de lo que es habitual en esta época, no desdeñando, ni mucho menos, la capacidad atlética de un Carles Castillejo que, tras una etapa realmente difícil a nivel físico, especialmente con su maltrecho tendón de Aquiles, ha demostrado que vuelve por sus fueros, con más ganas que nunca, y ya en la recta final de su carrera, totalmente motivado y preparado para el asalto al Europeo de Zurich, que se celebrará entre el 12 y el 17 de agosto del año próximo. "Los españoles tenemos opciones reales de medalla allí".

Siempre pensando en que las nacionalizaciones express no sean especialmente numerosas (aunque más bien parece lo contrario), esperemos que Carles tenga razón. Mientras eso ocurre o no, y seguros de que las declaraciones abrirán el fuego cruzado en los mentideros, abrimos el debate: ¿será capaz Castillejo de bajar de la barrera de las 2 horas y 9 minutos en Valencia? ¿Serán capaces los maratonianos españoles de recuperar el nivel de marcas perdido?