2 de diciembre de 2013

Pasarán Más de Mil Años... Récord del Mundo de 400mv (M)


En los únicos Juegos Olímpicos celebrados en Barcelona, en 1992, el mundo pudo disfrutar de una competición atlética de un extraordinario nivel. Sin embargo, únicamente fueron tres las plusmarcas mundiales derribadas: los dos relevos masculinos (4x100m y 4x400m), ambos vencidos por Estados Unidos, y el impresionante registro del protagonista de este artículo.

El 6 de agosto de 1992, se disputaba la final de los 400 metros vallas. Entre los destacados, el francés Stéphane Diagana (que posteriormente se proclamaría campeón mundial y europeo), el británico de origen nigeriano Kriss Akabusi (vigente campeón mundial en aquel momento), y el estadounidense Kevin Young.
Young había experimentado una evolución ciertamente lógica y progresiva durante su carrera. A partir del año de su debut internacional, 1987, sus registros fueron recortándose paulatinamente. En Indianápolis, el 17 de julio de 1988, certificaba su clasificación para los Juegos de Seúl, con una magnífica marca de 47.72, que supondrían su plusmarca personal hasta cuatro años después. Sería cuarto en aquellos Juegos, justo por delante de los dos atletas que clasificarían tras él cuatro años más tarde en Barcelona, quinto Winthrop Graham y sexto Kriss Akabusi. El mito Edwin Moses, gran dominador de la disciplina durante más de diez años, se retiraba del atletismo tras conquistar el bronce, hecho que, paradójicamente (no tanto quizá, dada su inconmensurable trayectoria) supuso una tremenda decepción para él.
Continuando con su evolución, Young se presentaba en el Mundial de Tokio '91 con posibilidades reales de medalla, siendo protagonista de un nuevo desencanto, y repitiendo el cuarto lugar de Seúl.
Pero el momento decisivo de su carrera se haría esperar hasta los Juegos de Barcelona. Superando con facilidad la primera ronda, en semifinales sería superado en su turno por Graham, clasificándose para la final con cierta holgura como segundo de su serie.

Y aquí es cuando el destino vela armas en la fecha citada, aquel 6 de agosto, aquel jueves de verano, Young tenía depositadas todas sus esperanzas. El vallista californiano era perfectamente consciente de que se encontraba en el momento cumbre de su vida deportiva, de que se encontraba ante su gran oportunidad, a sus casi veintiséis años. Cambió su técnica en cada segmento entre vallas, cambiando de trece a doce apoyos entre cada obstáculo. La innovación, probada sin éxito anteriormente por el legendario Moses, no había sido tan bien ejecutada jamás por nadie. El propio Moses desechó la opción tras varias carreras infructuosas. Aquel 6 de agosto, Young abrazó la perfección. La carrera de su vida. 46 segundos y 78 centésimas.



Llegando a la recta destacadísimo en cabeza, pudo permitirse, incluso, dos lujos: tropezar con la última valla, de la que salía ligeramente desequilibrado, y levantar el brazo derecho en señal de victoria, viéndose claramente ganador, a casi veinte metros de meta. Con una poderosísima zancada, transformada en una potencia descomunal, Young ascendía casi al nivel de mito ese día en Barcelona. En primer lugar, porque derribaba una plusmarca histórica, el 47.02 que Edwin Moses consiguiera en Koblenz el 31 agosto de 1983. Y en segundo término, porque se convertía en el primer hombre en romper la histórica barrera de los cuarenta y siete segundos. Aún hoy, continúa siendo el único.
Veintiún años después de aquella hazaña, nadie ha podido ni tan siquiera acercarse a semejante registro. La mejor marca mundial del año 2013, para hacerse una idea, fue el 47.69 de Jehue Gordon en la final de los pasados Campeonatos del Mundo de Moscú (vigésimo segunda mejor marca de la historia). Casi un segundo de diferencia.

Para rematar aquel formidable estado de forma, Young conseguía el oro en el Campeonato del Mundo en Stuttgart, un año después, con un sensacional registro de 47.18. A partir de ahí, el declive del norteamericano fue total, absoluto e irremediable, incapaz de volver a correr por debajo de los cuarenta y ocho segundos de nuevo. Ascenso exponencial, gloria, reconocimiento, y desaparición casi fulminante. Hasta hoy, nadie ha podido hacer sombra a semejante marca. Y lo más seguro: tardará muchos años ser batida.




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