25 de noviembre de 2013

Recordamos... 27:14.44

Comenzaba el año 1998. Fabián Roncero encaminaba su preparación a una meta concreta. El 19 de abril se disputaba el Maratón de Róterdam. En la urbe holandesa, Roncero estaba seguro de poder conseguir lo que a día de hoy supondría casi una afrenta que ni remotamente osara pasarse por la cabeza de cualquier no africano. El madrileño era plenamente consciente de que el récord del mundo que el etíope Belayneh Dinsamo fijara justo diez años antes (2h06:50, también en la ciudad holandesa, el 17 de abril de 1988) era posible, estaba a su alcance. A intentarlo, de hecho, enfocó toda su preparación.

Con su consabida escasa simpatía hacia el cross, pero conocedor de los excelsos beneficios que el campo a través proporciona al resto de la temporada de un fondista, Roncero obtuvo unos resultados magníficos durante el invierno, siendo segundo en el Campeonato de España por Clubes, y tercero en el Campeonato Individual. Eso le valía automáticamente la clasificación para el Campeonato del Mundo que se disputaría en Marrakech el 22 de marzo. En aquella carrera, una anécdota que debe ser recordada para la posteridad: Fabián, en un estado de forma impresionante, era retado de manera tan sublime como carente de sutileza. El culpable, su compañero de entrenamientos en la Residencia Joaquín Blume, el jienense Manuel Pancorbo, que se encargaría de azuzar al de Canillejas: "Fabi, ¿a que no hay huevos a salir mañana tirando en cabeza?". La alocada apuesta, a tenor del nivel de los participantes en aquel Mundial, se tornaría vencida y con creces, cuando Roncero, tras un primer kilómetro en 2:42, se giraba en dirección a sus rivales africanos, dándose toques en el reloj, como sugiriendo que el ritmo no era lo suficientemente rápido. Nadie daba crédito, incluyendo al propio Pancorbo, hilarante comentarista en la retransmisión televisiva. Tras dos kilómetros destacado en cabeza, los Paul Tergat, Paul Koech, Wilson Boit Kipketer, Ismael Kirui, Mohammed Mourhit o Habte Jifar se encargarían de lanzar la prueba, en la que finalmente Roncero no acusaría tanto la 'quijotada' inicial: décimo puesto y segundo no africano, tras Domingos Castro.

Y tras la peculiaridad de lo acaecido en Marruecos, Fabián y su entrenador, Guillermo Ferrero, comenzaron a preparar el siguiente paso. Como preámbulo, y en vista del fenomenal estado de forma del madrileño, acudirían a la Challenge Europea de 10.000m, celebrada en Lisboa el 4 de abril. Tan bien se encontraba Roncero, en vista de los entrenamientos previos, que, si se daban unas condiciones aptas, podía existir incluso la inmensa posibilidad de atacar la plusmarca española de la especialidad. Antonio "el Taca" Prieto, con 27:37.49, era el recórdman desde que volara en Oslo en 1990. Desde luego, no era descabellado. Por saber, marca europea en poder del portugués Fernando Mamede, con 27:13.81.

Muy buen nivel en la competencia, con atletas tan reconocidos como el alemán Dieter Baumann, bien escoltado por sus compatriotas Stephane Franke y Carsten Eich, los portugueses Domingos Castro, António Pinto y Paulo Guerra, el italiano Gennaro di Napoli, y el equipo español, posiblemente la escuadra más fuerte, que se presentaba con Chema Martínez, Enrique Molina, Bruno Toledo, Julio Rey y el propio Roncero.

La carrera será comandada por dos 'liebres'. La primera, el portugués Luís Jesús. El ritmo de inicio es fulgurante. Primer kilómetro en 2:45, segundo kilómetro en 2:43, y el pelotón estiradísimo desde el disparo. A partir de ese momento comienzan las hostilidades, y se empiezan a formar grupos por la dureza del ritmo. Las dos 'liebres' comandan, seguidas por Baumann, Roncero, Castro, Rey y Eich. Cerca, intentando contactar, Pinto y Franke.
Fabián a rueda de Baumann, muy pendiente de él en todo momento. El tercer kilómetro,en 2:42, y el grupo se reduce. Baumann y Roncero se mantienen, pero Castro cae, y Rey y Pinto se unen a la cabeza. Llegado el cuarto kilómetro, finiquitado en 2:43, se retira Luís Jesús. Magnífico trabajo del portugués. Toma el mando la segunda de las 'liebres', el keniano Philip Rugut, que ya ha sido advertido un par de veces por Baumann. Julio Rey se descuelga rápidamente, y adopta como mejor opción dejarse atrapar por el sólido grupo que comanda Domingos Castro, con los alemanes Eich y Franke, que acabarán por perder comba ante el férreo ritmo impuesto por el campeón luso.
Se llega al ecuador de la carrera, y el crono se detiene en unos fenomenales 13:38 (ese parcial en 2:45). El ritmo ha decaído ligerísimamente, pero la previsión final proyecta, si se mantienen aproximadamente los ritmos, 27:15. Roncero tiene en su mano el récord de España. La posibilidad inicial se torna en factible. Pero es que el récord de Europa de Fernando Mamede empieza a temblar ante lo que se viene.
Al paso por el kilómetro seis (2:47, el parcial más lento hasta ese momento), Rugut se retira. Y aquí, comienza la parte decisiva de una las más bellas carreras de diez mil metros que jamás haya parido la historia del atletismo europeo.

Dieter Baumann, António Pinto y Fabián Roncero comienzan a relevarse, vuelta tras vuelta, entendiéndose a la perfección, y comprendiendo que sólo en sus manos está depositada la posibilidad de lograr un registro excepcional. Las vueltas se suceden con pasmosa precisión, y los dos siguientes kilómetros (siete y ocho) revelarán parciales en 2:44 y 2:46, respectivamente.
A falta de tres vueltas y media para el final, Pinto cambia de ritmo súbitamente. Baumann, que le sigue, no es capaz de responder al ataque del portugués, y Roncero, tercero en ese momento, y viendo que el teutón no reacciona, necesita activarse, raudo, para no verse eliminado de la carrera. El ataque sostenido de Pinto coincide con la llegada al kilómetro nueve, que se pasa en 2:43.

Último parcial, con Baumann ya totalmente descartado de la lucha por la victoria. La batalla definitiva, entre Pinto y Roncero, con el portugués tirando y el madrileño a su estela. El esfuerzo es descomunal, ante lo que intuyen puede ser un registro de referencia. Un doblado, el portugués José Regalo, aguanta media vuelta con ellos, intentando reforzar a Pinto, y al paso por meta de nuevo, se aparta. En ese momento, al toque de campana, Roncero vuela.

El de Canillejas aumenta una marcha, situándose en cabeza ya antes de la curva. En la contrarrecta, aflora el Fabián Roncero más característico y reconocible: de correr nervioso, moviendo la cabeza de un lado a otro, controlando a Pinto, y asegurándose el mando de las operaciones. Cuando parece que Pinto retoma el fuelle, se produce un nuevo cambio de Roncero, que se antojaría, esta vez, en definitivo. Nueva variación del ritmo, de carácter sostenido, para que se abra un hueco insalvable, y a falta de ciento cincuenta metros, con Roncero manteniendo cerca de veinte de ventaja sobre Pinto. El madrileño no afloja, y en un último esfuerzo, cruza la meta, brazos en alto, con un crono sensacional: 27 minutos, 14 segundos y 44 centésimas. Nuevo récord de España, con un magnífico último kilómetro en 2:36, y una última vuelta al tartán en cincuenta y nueve segundos. Por tan sólo sesenta y tres centésimas, Fabián Roncero no conseguía el récord de Europa.

Tras los tres primeros escalones del podio (Roncero, Pinto y Baumann), llegaban tres españoles que culminaban una enorme actuación (Rey cuarto, Toledo quinto y Molina sexto). Una carrera para enmarcar, no ya sólo por el precioso espectáculo de la pelea propiamente dicha, sino en vista, entre otras muchísimas cosas, de los impresionantes parciales por kilómetro (2:45 - 2:43 - 2:42 - 2:43 - 2:45 - 2:47 - 2:44 - 2:46 - 2:43 - 2:36).

En el momento en el que se escriben estas líneas, aquellos mágicos 27:14.44 siguen siendo la quinta mejor marca europea de la historia de la especialidad. Un verdadero deleite.




22 de noviembre de 2013

Maratón de Valencia 2013: 'El Expediente Castillejo'


El domingo pasado, 17 de noviembre, se disputaba el Maratón de Valencia. Uno de los maratones más rápidos y mejor organizados de España llegaba a su día grande con una ambiciosa pero viable pretensión: convertirse en el circuito español donde más rápido se ha corrido una prueba de maratón. El escollo a superar, las 2h07:30 que el keniano Jackson Kipkoech Kotut consiguiera en el Maratón de Barcelona en el año 2010. Difícil, pero no imposible. Para intentar la machada, un plantel que prometía: dos atletas sub-2h08 (Felix Kipkemoi Keny y Shadrack Kiplagat), y un criadero de atletas de primer nivel, prácticamente todos con marcas inferiores a 2 horas y 10 minutos en la distancia de Filípides.

Ya desde la salida, un nutrido grupo de unos 18-20 atletas, todos africanos, comandaron una prueba que se caracterizó por un paso ciertamente regular. El magnífico Nicholas Kemboi asumió el mando de las operaciones, llevando la carrera a un ritmo durísimo hasta el paso por la media maratón, siendo relevado por Jacob Kendagor hasta el km. 30. A partir de aquí, Felix Kipkemoi Keny comenzó con su particular exhibición, e impuso un ritmo demencial que sólo pudieron aguantar Amanuel Mesel y John Mwangangi. Con parciales kilométricos en 2:58, Keny se iba en solitario hacia la victoria. 2h07:14 y mejor marca de siempre en suelo español. Valencia ya era el circuito más rápido de España.
En mujeres, se imponía la etíope Azalech Masresha, con 2h27:01, récord femenino de la prueba. Las españolas Vanessa Veiga, Marta Esteban y Tamara Sanfabio no conseguían la mínima para el Europeo, fijada por la RFEA en 2h33:00.



Además, y explicando el título del post, contábamos con la participación de uno de nuestros más ilustres atletas y maratonianos. El barcelonés Carles Castillejo buscaba con su intervención en Valencia la mínima para el Europeo de Zurich (2h13:00) que se disputará en agosto del próximo año. El catalán ya venía avisando desde hacía varias semanas que su intención era correr en marca personal, bajar de 2h10.
En mayo, según contaba el propio Castillejo en su blog (blogstillejo.blogspot.com.es), tanteando opciones para preparar un maratón invernal, se puso en contacto con Paco Borao, presidente de la SD Correcaminos, organizador del Maratón de Valencia. La opción de la capital del Turia se plantea por varias razones (clima, cercanía a Barcelona, circuito...). Y a la organización (Paco Borao al frente) le gusta la idea: se compromete a poner 'liebres' para un segundo grupo, en el que irá Castillejo con unos 10 africanos con marcas en torno a 2h11, a razón de pasar en 64:15-64:30 la media maratón, por detrás del grupo de africanos, que pasarán el ecuador en 63:20-63:30, aproximadamente.
Llega el sábado, día previo al maratón, y en la reunión técnica se dan las últimas recomendaciones en inglés a los atletas. Se comenta que habrá un primer grupo, con los keniatas, y un segundo (y numeroso) grupo con Castillejo, y varios rusos... sin 'liebres'. Castillejo, sorprendido, pregunta por la última afirmación, sabedor de que quizá no ha entendido bien. La afirmación le es confirmada, tras lo que, sorprendido, decide ponerse en contacto con Borao (que no estaba presente en la reunión técnica) para comentarle lo sucedido. Borao le tranquiliza y le confirma que tendrá 'liebres', uno de ellos, el atleta del Cárnicas Serrano, el marroquí Hassane Ahouchar. Para que no hubiera dudas, vuelve a confirmárselo por la noche.

El domingo, Castillejo se planta en la salida de Valencia. Al disparo, le adelantan varios kenyatas, que se escapan en cabeza (bastantes más de los que le habían dicho que irían en el primer grupo), y Castillejo se queda con un grupo de tres atletas durante el primer kilómetro, todos a ritmo mucho más lento del que Castillejo pretende. Ahouchar no está por ninguna parte. Después, nos enteraríamos de que, con fiebre, no había podido correr.
Sin explicarse lo que ocurre, continúa a su ritmo, sin que haya ni rastro de las 'liebres' aseguradas por la organización. Sin tener claro qué pasa, y sabiendo que tendría que hacer un esfuerzo descomunal que acabaría pagando para acercarse al grupo de cabeza, continúa en solitario.
Tras 17 kilómetros, indeciso, en lo que parecía una larga travesía por el desierto, preguntando a su entrenador, Juan Ramón Muñoz, y sin saber qué hacer, Castillejo se retiraba, estallando a los breves minutos en su cuenta de Twitter:

  • "Me siento engañado, estafado. Trabajas meses y meses para una cosa y luego te encuentras esta mierda". 
  • "Vine a la Maratón de Valencia porque se me prometieron unas condiciones de carrera que no han existido". 
  • "En la presentación se vanagloriaban de que yo hiciera 2h 10'. ¿Cómo? ¿Sólo? Pues va a ser que no...". 
  • "Esto demuestra que les interesa una mierda lo que hagamos los atletas españoles. Sólo quieren ser un circuito sub 2 horas 7 minutos". 
  • "Pues enhorabuena para ellos. Que les vaya bonito. Conmigo que no cuenten". 
  • "Hoy me han quitado las ganas de seguir en este deporte. Gracias".

Crudo y sin paños calientes. Durísimas palabras. Así se mostraba el internacional español, muy dolido porque la organización no respetó el acuerdo previo, razón por la cual Castillejo se había comprometido a correr en Valencia.
La conclusión es clara: Castillejo acude a Valencia porque las condiciones que le ofrece dicha maratón le convienen. Si en mayo hubiera considerado que las condiciones no eran las idóneas para lo que pretendía, hubiera buscado otras opciones. No es el caso, y la situación es, teóricamente, perfecta. Sin embargo, todo se tuerce desde el principio, y no por su culpa (aquí, el vídeo que los compañeros de Foroatletismo grabaron a Castillejo durante la prueba).


Ante las innumerables críticas recibidas por el fondista catalán (no tantas, desde luego, como apoyos), la explicación es evidente: a él le prometen unas condiciones de carrera que luego no se dan. En 1h03:46 se pasaba la media maratón en cabeza, es decir, unos 40 segundos más rápido de lo que debía pasar Castillejo según sus planes, con lo cual la opción de salir con el primer grupo tampoco era viable. Sin mencionar, claro, la irregularidad de ritmos que demuestran los atletas africanos: como bien expresa Castillejo, "corren a tirones", y arriesgarse a salir con ellos en cabeza es jugar a la ruleta rusa. Muy discutible, eso sí, la actitud de Paco Borao, que declaraba esto al término de la carrera: "En el kilómetro 15, Carles pasó en 47:16, con una proyección de 2h13:00 en la línea de meta, un tiempo que demuestra que no iba bien. Quizá no estaba en su mejor forma". O quizá es que el tremendo desconcierto que sufrió en las horas previas, el hecho de encontrarse sin saber qué hacer porque no se respetó lo pactado, y el correr solo, también influyeron ligeramente...

De forma, parece, que definitiva, Castillejo decidió a mediados de esta semana disputar este domingo, 24 de noviembre, el Campeonato de España de Maratón, que coincidirá con el Maratón de Donosti. Un buen plantel, con un buen elenco de españoles, como su amigo Nacho Cáceres, Pablo Villalobos, Lolo Penas o Eliseo Martín.
Además, Pedro Nimo, reciente triunfador en la Behobia-San Sebastián, hará de 'liebre'. Los dos primeros clasificados, siempre que consigan la mínima (2h13:00) estarán en Zurich.




Y para terminar con las noticias del atletismo español, el miércoles día 20 se dio a conocer la selección íntegra que acudirá al Campeonato de Europa de Cross, que se celebrará el 8 de diciembre en Belgrado. Os dejamos con la lista confeccionada por José Ríos, que esperamos nos dé muchas alegrías en Serbia.



SELECCIÓN ESPAÑOLA PARA EL CAMPEONATO DE EUROPA DE CROSS, BELGRADO, 8 DE DICIEMBRE DE 2013
(pinchar en el nombre del atleta para ver su ficha en la web de la RFEA):



18 de noviembre de 2013

Carreras Inolvidables: Grand Prix Niza, 1985, 1.500m


Verano de 1985. De entrada, podríamos catalogarlo como un auténtico monumento al talento atlético. Posiblemente, la mejor generación coetánea de atletas que haya parido el atletismo, se disputaba a golpes la hegemonía pura y dura del mediofondo y fondo, tanto a nivel europeo como a nivel planetario.
En una distancia tan mítica y tan reina como el 1.500m, se juntó, en un lapso relativamente corto de tiempo, un ramillete de corredores que consiguió ponerle sal y pimienta a cada competición en la que se enfrentaban.
Por un lado, el espectacular marroquí Saïd Aouita, por aquel entonces vigente campeón olímpico de 5.000m en Los Ángeles, un año antes. Con una capacidad brutal para soportar carreras a ritmos vertiginosos, aun poseyendo un fuerte sprint, no fue nunca, paradójicamente, tan determinante en carreras más tácticas. La decisión de correr el 5.000m en los JJOO de 1984 vendría en parte fundamentada por esa falta de 'pegada'.
Por el otro, el sensacional británico Steve Cram. Posiblemente, el atleta más en forma del momento. Vigente campeón de Europa y del Mundo de la distancia, y plata en los JJOO de Los Ángeles. Perteneciente a la generación dorada del atletismo británico, comandada primeramente por los eternos Sebastian Coe y Steve Ovett, a los que trató "de tú a tú" durante esos años. Con una última vuelta casi insuperable, se manejaba de maravilla en todo tipo de carreras, ya fueran rapidísimas o desmedidamente tácticas. Elegancia pura en una zancada que marcó una época.
Así como hoy en día puede resultar menos habitual observar esas luchas encarnizadas en los cada vez más escasos meetings veraniegos de auténtico nivel, la década de los ochenta se configura en perspectiva como el prototipo insuperable de los duelos directos entre las élites dominantes del atletismo. Aquel verano se presentaba apasionante, con los récords mundiales de 800m y 1.500m en poder, respectivamente, de Sebastian Coe (1:41.73, ver carrera aquí) y Steve Ovett (3:30.77, ver carrera aquí), ambos algo alejados en aquella temporada estival del 85 de sus mejores prestaciones, eso sí.

Cram comenzaba a avisar de su magnífico estado de forma con un amenazante 3:31.34 en Oslo, en junio, con marca personal, además. A menos de un segundo del récord de Ovett. El siguiente objetivo comenzaba a vislumbrarse, con la posibilidad de rebajar la barrera psicológica (y no tan psicológica) de los 3 minutos y 30 segundos, marca que, por otra parte, ni Ovett ni Coe habían conseguido derribar. En el caso de Aouita, había corrido en Oslo, pero el 5.000m, curiosamente también con plusmarca personal (después conseguiría batir dos veces el récord mundial). El magrebí, también en un momento excepcional.


Martes, 16 de julio. Estadio Parc de L'Ouest, localidad francesa de Niza. Grand Prix Nikaia de la capital provenzana. Un elenco imposible y mágico: Joaquim Cruz (campeón olímpico vigente de 800m), el toledano José Luis González, el californiano Steve Scott... y los dos máximos favoritos y protagonistas, ya mencionados: Saïd Aouita y Steve Cram. La posibilidad de récord del mundo, latente, y la nómina de atletas, respondiendo a la necesidad de aglutinar un grupo de primerísimo nivel para asegurar la lucha y la marca. Todo lo contrario que solía ocurrir con Coe y Ovett, encarnizados rivales, pero que siempre evitaban coincidir en este tipo de eventos. Curiosamente, Joaquim Cruz era considerado favorito en las apuestas.
La carrera transcurre a ritmo vertiginoso, cortesía de las dos liebres, con Cram procurando controlar en todo momento la situación, comandando el grupo, y los demás favoritos entre dudas por detrás. En ningún momento de su trayectoria había mostrado el británico ese poderío, sobresaliendo con su elegancia en la que fue la mejor época de su vida. Visto ahora, la sensación que confluye es la de que fue el único que creyó y apostó por el récord desde la salida.
A falta de 700 metros para el final, se retira la primera de las liebres, el senegalés Babacar Nang, tras un trabajo irregular, de más a menos. El propio Cram se encargaría de retener al grupo, sabedor del ritmo excesivo del 'pacemaker' africano. En ese momento, Cram es segundo, seguido de Cruz, con González cuarto y Aouita quinto. El cambio de liebre produce, igualmente, un incremento brutal del ritmo. El latigazo del sudanés Omar Khalifa, consciente de que la carrera se ha estancado ligeramente, coge a Aouita muy atrás, todo lo contrario que a Cram, atento siempre a la actividad en cabeza.
Un fortísimo González rebasa a Cruz, colocándose a la estela de Cram, cuando encaran la penúltima recta de meta. Mientras, el brasileño se hunde en una distancia que nunca fue la suya, y Aouita y Scott retoman posiciones. Tras la liebre, Cram y González, el británico con el dorsal trasero al viento tras un agarrón de Scott en la salida para no caerse.

Toque de campana en 2:36, con Aouita teniendo que hacer un esfuerzo descomunal para recuperar la ventaja. El poderío y la elegancia en el penúltimo cambio de Cram sobresalen en cabeza, encarando ya la contrarrecta, tras la retirada de Khalifa.
Aouita, con cinco metros perdidos sobre Cram, aprovecha la recta para adelantar a González, imposibilitado para adelantarlo en la curva previa. Cram vuela.
Al llegar al último hectómetro, la diferencia se ha reducido sustancialmente, tras el gigantesco empeño de Aouita. Sprint final. El marroquí comienza a cabecear a un lado y a otro por el esfuerzo, desvelando casi su último aliento, sabedor de que el ritmo es merecedor de la plusmarca mundial, en un sprint como pocos han existido en la historia de este deporte (12.4 segundos para Aouita en el último 100).
A falta de media recta, la diferencia ya es de apenas metro y medio, con Aouita totalmente lanzado, y Cram sufriendo lo indecible, sin crisparse en absoluto, sello de la casa, pero verdaderamente al límite. En un derroche de talento y majestuosidad, Cram aguanta prodigiosamente el envite, y cruza la meta en primera posición. A cuatro centésimas, Aouita. Ni medio pestañeo. Nuevo récord mundial para Cram, 3:29.67.

'The Jarrow Arrow'. Primer atleta en la historia en superar la barrera de los tres minutos y medio. Por si no era suficiente, 3:29.71 para Aouita, en una carrera para enmarcar, aunque sin premio (momentáneamente, al menos). Tercero era González con 3:30.92, pulverizando el récord de España que tenía en su poder Abascal con 3:33.12, y que se convertía en su mejor marca de siempre en la distancia. Soberbio el español. Cuarto en discordia, Scott, con 3:31.76, también marca personal.

El mejor 'milquinientos' de la historia, hasta ese momento.
Cram redondearía la mejor temporada de su vida aquel verano, consiguiendo un hito sin precedentes: en el breve lapso de 19 días, batiría tres récords mundiales: aquel 16 de julio, el de 1.500m en Niza (3:29.67); el 27 de julio en Oslo el de la milla (3:46.32), y el 4 de agosto en Budapest el de los 2.000m (4:51.39). Sencillamente impresionante.
Pero por si fuera poco, y para dejar claro que la venganza es un plato que se sirve frío, Aouita conseguiría aquel verano lo que parecía imposible: no habría pasado ni un mes y medio desde aquel inolvidable 1.500m de Oslo (38 días concretamente), cuando la 'Gacela del Atlas' arrebataba a Cram el récord. Aouita, aleccionado con saña en el duelo de Niza, siempre dejó entrever que su transformación como atleta derivó en exponencial hacia cotas casi inexpugnables a partir de aquel día de julio de 1985. Ese siguiente, récord, un gigantesco 3:29.46 en Berlín.
Pero esa es otra historia.




15 de noviembre de 2013

La grandeza de un atleta


La grandeza de un atleta no se mide por sus victorias. No se mide por sus participaciones en las carreras más importantes del país, del continente, o del planeta. No se mide por haber sido séptimo en el Maratón Internacional de Berlín en 2011, con Makau por delante consiguiendo lo que en su momento fue la gloria. Ni se mide por conseguir resultados magníficos en todo tipo de pruebas, desde 10.000m hasta maratón, pasando por crosses y medias maratones. En Mundiales, en Campeonatos de España, en competiciones de su tierra, Galicia.

La grandeza de un atleta no se mide por ser capaz de correr un 
10.000m en 29:18, o una media maratón en 1h02:48, aun siendo marcas de élite.
La grandeza de un atleta no se puede medir por haber luchado contra viento y marea por hacer 
2h12:10 en un maratón. Viena fue refrendataria, en abril de 2009, de un crono que empieza a estar destinado solamente a los elegidos.

Maratón de Viena 2009, consiguiendo su

plusmarca personal: 2h12:10
Y la grandeza de un atleta no se mide por haber conseguido ganar una carrera tan histórica, tan prestigiosa, con tanta solera y tanto sabor añejo como la Behobia-San Sebastián, este pasado domingo. Ni por haber cruzado la meta de un recorrido durísimo en 1h04:30Los triunfos en carreras son sólo eso, triunfos. Hoy puedes ganar, y la alegría será inmensa. Pero mañana, quizá haya otro mejor que tú, y ya no seas capaz de hacerlo. Esos triunfos se perderán en el tiempo, 'como lágrimas en la lluvia'. Serán sólo eso, triunfos.









Mundiales de Berlín '09
La grandeza de un atleta se mide por el trato a las personas. Se mide por la humildad. Se mide por la capacidad de despertar la admiración y la ilusión en aquellas personas que, por esa precisa razón, lo siguen, se interesan, lo apoyan, y que, sin conocerlo personalmente, esperan y desean que todo le vaya bien. De alguna manera, por trascender su deporte.
La grandeza de un atleta se mide por la capacidad de sufrimiento, aplomo y superación, que lo conducen a terminar un maratón, llorando de rabia y de angustia durante más de treinta kilómetros, con dos fracturas óseas, (sacro y cresta ilíaca), sobrepasando con creces el umbral del dolor, desafiando los límites más extremos de la resistencia física y psicológica del ser humano. Berlín, la ciudad cosmopolita, el filo de la vanguardia, era testigo mudo y complaciente de aquella gesta medieval, un 22 de agosto de 2009. Una gesta que, sin embargo, le mantuvo en el abismo, en las profundidades del atletismo, más de dos años.
La grandeza de un atleta se mide al saber que aceptar ese dolor y ese calvario van a ser la piedra angular sobre la que se va a construir un nuevo comienzo, un nuevo proyecto, y te van a entregar, posiblemente, las lecciones más determinantes de tu vida.

La grandeza de un atleta se mide al comprobar que lo que dice, le sale del corazón. Se mide y se siente cuando se auto-define como "un albañil del asfalto", definición panegírica del asceta maratoniano. O cuando se considera "un atleta popular", a pesar de ser muchas veces, paradójicamente, y con gran honra (quizá más honra para los propios populares), el más veloz de los atletas populares. Se siente esa grandeza cuando, al llegar a la meta de la Behobia en primera posición tras una magnífica carrera, se detiene, aplaude al público, agradece su apoyo, y entra caminando, como ganador, con los ojos humedecidos y embargado por la emoción ante la enorme ovación de un público entregado. Y se siente todavía más esa grandeza cuando, tras enterarse de la noticia del fallecimiento de la corredora Arantza Ezquerro en esta Behobia en la que él triunfó, dejó de lado las celebraciones, tiñó su alma de luto y antes de volver a su Galicia natal, quiso estar con la familia de la desaparecida, regalándoles como recuerdo su trofeo de ganador. "Cambiaría mi txapela, mi triunfo, mi marca... por haber podido verla cruzar la meta".


"Antes que atleta soy persona", suele decir a menudo.

Y una gran persona. El homenaje no nos lo merecemos los que lo apoyamos. El homenaje se lo merece él.

Enhorabuena, y gracias, Pedro Nimo del Oro.






11 de noviembre de 2013

Pasarán Más de Mil Años... Récord del Mundo de 400m (M)


Si en el primer post de esta sección, denominada "Pasarán más de mil años..." nos detuvimos con el impresionante récord del mundo de 400m femenino de la alemana oriental Marita Koch, hoy le toca el turno a un récord del que han pasado ya la friolera de 14 años... y subiendo.




1990:

  • Mejor marca mundial del año en 200m (19.85).
  • 3ª mejor marca mundial del año en 400m (44.21).

1991:


  • Oro en el Campeonato del Mundo de Tokyo en 200m (20.01).
  • Mejor marca mundial del año en 200m (19.88).
  • Mejor marca mundial del año en 400m (44.17).

1992:


  • Oro en los JJOO de Barcelona en el relevo 4x400m y Récord Mundial (2:55.74)
  • 2ª mejor marca mundial del año en 200m (19.79).
  • 3ª mejor marca mundial del año en 400m (43.98).

1993:

  • Oro en el Campeonato del Mundo de Stuttgart en 400m y plusmarca personal (43.65). 
  • Oro en el Campeonato del Mundo de Stuttgart en el relevo 4x400m y Récord Mundial (2:54.29).

1994:

  • Mejor marca mundial del año en 400m (43.90).
  • 2ª mejor marca mundial del año en 200m (19.94).

1995:

  • Oro en el Campeonato del Mundo de Göteborg en 200m (19.79).
  • Oro en el Campeonato del Mundo de Göteborg en 400m y plusmarca personal (43.39).
  • Oro en el Campeonato del Mundo de Göteborg en el relevo 4x400m (2:57.32).

1996:

  • Oro en los JJOO de Atlanta en 200m y Récord Mundial (19.32, habiéndolo batido dos meses antes, con 19.66).
  • Oro en los JJOO de Atlanta en 400m y mejor marca mundial del año (43.49).

1997:

  • Oro en el Campeonato del Mundo de Atenas en 400m (44.12).
  • Mejor marca mundial del año en 400m (43.75).

1998:

  • Mejor marca mundial del año en 400m (43.68).
  • Récord Mundial de relevo 4x400m (2:54.20).


Y llegamos al año 1999. El año que nos ocupa. El año del que data la competición que vamos a recordar. Después de leído lo anterior, es complicado no admirar semejante currículum deportivo (tratándose solamente de los acontecimientos principales de cada temporada, sin especificar meetings concretos o competiciones menos importantes).
El Campeonato del Mundo aquel año se celebraba en Sevilla, siendo el epicentro de las operaciones el Estadio de La Cartuja. Allí, para el recuerdo, el doblete de Maurice Greene en la velocidad, el 4º título mundial consecutivo de Haile Gebrselassie en el 10.000m, la última gran victoria de Svetlana Masterkova en 1.500m, o el récord mundial de Stacey Dragila en pértiga.
Sin embargo, aquel estadio iba a presenciar una de las gestas más impresionantes que el atletismo moderno recuerda. "Sé que lo puedo conseguir. Lo tengo en las piernas". Eso llegó a decir en los días previos a aquella carrera. Tal era su confianza y seguridad.
Con su correr extraño, ausente muchas veces de plasticidad, columna tiesa y zancada paticorta. Así, consiguió el impresionante palmarés desgranado anteriormente.
Ese 20 de agosto de 1999, derribaba un récord que llevaba 11 años impoluto, ostentado anteriormente por el también estadounidense Harry "Butch" Reynolds, con 43.29. El protagonista de hoy se iba a 11 centésimas menos. Más de un segundo de ventaja sobre el segundo clasificado.
Un récord al que, hasta hoy, nadie ha conseguido siquiera acercarse (lo más aproximado, el 43.45 que Jeremy Wariner conseguía en Osaka en 2007). Y que es muy posible que continúe en ese pedestal durante muchos años.
Después de llevarse la victoria en aquella carrera con una suficiencia insultante, afrontaba el que sería su último año en competición, queriendo despedirse a lo grande. Aquel oro en 400m en los JJOO de Sydney '00 (e iban a ser 4 oros olímpicos en total), cerraba una trayectoria impecable. Un atleta de otro tiempo.

"El Pato".
"El Expreso de Waco".


El asombroso 43.18 del inolvidable Michael Johnson.





8 de noviembre de 2013

Recordamos... El regreso de 'La Tormenta del Caribe'



Campeonato del Mundo de Gotemburgo. 13 de agosto de 1995. Final de los 800m femeninos. Tercer puesto para la británica Kelly Holmes, y segundo lugar para la atleta de Surinam, Letitia Vriesde. En lo más alto, la cubana Ana Fidelia Quirot.

'La Tormenta del Caribe'.


Nacida el 23 de marzo de 1963 en Palma Soriano, ciudad de la zona más oriental de la isla de Cuba, Ana Fidelia Quirot entra a formar parte con escasos veinte años de la Selección Nacional Cubana, para someterse a los diferentes programas de alto rendimiento. Disciplinada, tenaz y sobresaliente a nivel técnico, se convertiría pronto en un auténtico puntal en los 400m, y sobre todo, en los 800m, donde demostraba una fuerza descomunal en las últimas partes de carrera. 
Su periplo deportivo, aún exiguo, especialmente a nivel internacional, sufre un primer revés al no acudir Cuba (junto con Albania, Corea del Norte, Etiopía, Nicaragua y Seychelles) a los Juegos Olímpicos de Seúl '88, en lo que se convirtió en una controvertida maniobra política. Cuba alegaba que, al imperar en Corea del Sur un régimen dictatorial, se boicoteaba la posibilidad de compartir aquella sede con sus vecinos del norte, agravio que la isla caribeña, comandante Castro al frente, compartía. Paradojas de la vida. De haber sido así, Ana Fidelia se hubiese encontrado ante la primera gran oportunidad de su carrera. Gran favorita, incluso en aquel momento.

Tras aquel escollo, Quirot llega a 1989 en su plenitud: rubrica los títulos de 400m y 800m en la Copa del Mundo. Sería elegida Atleta Femenina del Año por la IAAF. Entre 1987 y 1990, ganaría la friolera de treinta y nueve carreras consecutivas de 800m, y ya en el año 1990, conseguiría quince victorias seguidas en 400m.
Plata en los Mundiales de Tokio en 1991, y bronce en los Juegos de Barcelona '92 compitiendo con problemas físicos, la trayectoria existencial de Quirot experimentaría un vuelco radical a partir de aquel preciso instante. El 22 de enero de 1993 iba a convertirse en un punto y aparte en su vida y en su carrera. Un accidente doméstico le ocasionaba quemaduras de segundo y tercer grado en casi el 40% de su cuerpo (se desconoce, según las dos versiones existentes, si fue con agua hirviendo o a consecuencia de un incidente con una cocina de queroseno). Ana Fidelia tuvo que ser sometida a complejas y arduas operaciones quirúrgicas, una de ellas una cesárea de urgencia. La caribeña estaba embarazada en aquel momento de siete meses. El bebé que esperaba nacería sin vida.

Tras un sinfín de cirugías (veintiuna, para ser exactos) para recomponer su rostro y las gravísimas quemaduras que sufría, especialmente en la parte superior de su cuerpo, se enfrentaba al proceso más complicado de su existencia. Siendo atleta de élite, nadie apostaba porque Quirot consiguiera volver a su lugar natural, al sitio que se había ganado por derecho propio. Los efectos del accidente, devastadores, los daños psicológicos y físicos, circunspectos, y el camino por recorrer, demasiado tortuoso. Había perdido movilidad, y los tejidos podían no adaptarse a las duras sesiones de rehabilitación, fisioterapia y entrenamiento. Sin embargo, su tenacidad, fuerza y determinación, ya latentes desde su infancia, cuando comenzó a practicar el atletismo, se multiplicaron de una manera descaradamente exponencial. Ana Fidelia se había fijado un objetivo: regresar a unos Juegos Olímpicos. En el subconsciente, no ya sólo volver, sino lograr el oro, de cara a Atlanta '96.
Un rumor muy extendido, especialmente en su país, fue que Quirot mantenía una relación con el saltador de altura Javier Sotomayor, de la cual la ochocentista habría quedado embarazada. Sotomayor, casado, quiso desentenderse y en ningún momento reveló ninguna intención de asumir su paternidad, con lo que una exasperada Quirot intentó suicidarse. Posiblemente se trate de un dato que jamás torne en constatable.

Tras el objetivo que se marcaba Ana Fidelia para regresar a lo más alto, y con ambición y preparación mayores que en ningún otro momento de su trayectoria, no se hizo esperar demasiado su regreso, aquel que parecía que jamás se iba a producir tras la virulencia de lo sucedido. En noviembre de 1993, dejando atrás diez meses de trabajo durísimo y demostrando una obstinación fuera de lo común, Ana Fidelia Quirot reaparecía en las pistas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Ponce (Puerto Rico). En su prueba predilecta, los 800m, se llevaría la plata. Pero lo más importante que se trascendió de su retorno, y que ella acuñó con latente cariño fue la estruendosa y conmovedora ovación de un público que reconocía el laborioso esfuerzo de la valiente cubana. Quirot, emocionada hasta el extremo, agradecía el gesto con una aún recordada vuelta de honor.

Con más fuerza que nunca, y tras someterse a varias operaciones añadidas durante todo el año 1994 para recomponer los tejidos de los brazos y el cuello, buscando mayor elasticidad, volvía a una gran cita en aquel mítico Mundial de Gotemburgo, en Suecia, a finales del verano de 1995. Y para sorpresa del universo atlético, se contemplaba la imagen: Quirot, todo coraje, todo valor y obstinación, regresaba a la vida, renacía de entre las cenizas de un infierno terrenal que, lejos de convertir en trágica su existencia, perpetuaba la lucha y el orgullo de un nuevo intento por vivir y triunfar. 'La Tormenta del Caribe' había regresado, convirtiéndose en Campeona del Mundo.

Los JJOO de Atlanta '96 asistirían a la consecución de una plata con sabor dorado, y el nuevo Campeonato Mundial en Atenas '97 servirían para ratificar la calidad de una atleta excepcional, con una magnífica y nueva victoria (aquí la carrera). En 1999, Ana Fidelia lograría el tercero de sus sueños, tras escapar de la muerte: convertirse en madre. Entre todos ellos, que fueron muchos, el mayor triunfo de su vida.

"Ganar en Gotemburgo '95 fue muy importante, la carrera que marcó mi vida, porque le reafirmé a mucha gente que había Ana Fidelia para rato"


4 de noviembre de 2013

Citizen Runner


Para aquellos que son veteranos en esto, y que saben de qué se trata... ¿cuántos maratones consideráis que un atleta debe correr en un año?
Por los cánones, parece una fácil respuesta. Por norma general, lo más repetido es: "como mucho dos". Pues bien. Lo que ahora vamos a ver echa por tierra totalmente todo lo que la fisiología y la lógica han sembrado durante tantos y tantos años.






"Tras correr veintiuno, ahora puedo decir, absolutamente convencido, lo divertido que puede ser correr un maratón"



(Yuki Kawauchi, tras conseguir su mejor marca personal en maratón hasta la fecha,
2h08:14, en Seúl, el 17 de marzo de 2013).


Yuki Kawauchi es un atleta japonés, nacido el 5 de marzo de 1987 en Setagaya, uno de los 'barrios especiales' (distritos, por así decirlo) en los que se organiza la ciudad de Tokyo. De físico enjuto y menudo (1'72m, 60 kgs), decide muy pronto vivir a fondo su pasión, tras haberse enamorado del atletismo desde bien niño, en gran medida por la insistencia de su madre. Pese a mostrar talento ya desde edades tempranas, nunca quiso enrolarse en ningún club, como es habitual que ocurra desde corta edad en el país del Sol Naciente, prefiriendo disfrutar del atletismo por su cuenta.

Pronto entiende que la larga distancia es lo ideal para sus características, y no pierde el tiempo: debuta en media maratón en noviembre de 2008 con un magnífico registro de 1h03:22, con el maratón en el horizonte. Su debut en la distancia de Filípides se produce el 1 de febrero de 2009, en Beppu-Öita, maratón disputado entre las ciudades del mismo nombre, que tiene lugar en la isla japonesa de Kyushu. Su marca, 2h19:26. Solamente un mes después, decide buscar la reválida en el maratón de Tokyo, rebajando su plusmarca personal en más de un minuto, 2h18:18. Pero no contento con ello, termina el año en diciembre con otra rebaja en el maratón de Fukuoka, parando el crono en 2h17:33. Tres maratones en un mismo año natural ya resulta complicadísimo para un profesional. No digamos para un atleta amateur, con lo que Kawauchi comienza a ser la 'comidilla' entre los iniciados.

Llegamos al año 2010, y aquí es donde el nombre de Yuki Kawauchi empieza a convertirse en ciertamente habitual. En febrero, termina 4º en el Tokyo Marathon, con una fantástica marca de 2h12:36, a sólo 17 segundos del ganador, su compatriota Masakazu Fujiwara. En ese momento, Kawauchi pasa de ser un atleta amateur con muy buenos registros a llamar la atención de varios equipos profesionales que se ponen en contacto con él para contratarlo. Kawauchi, siendo fiel a sus principios, prefiere continuar corriendo a su manera, rechazando todas y cada una de las numerosas ofertas que llaman a su puerta.

Y es en 2011 cuando, definitivamente, Kawauchi comienza a ser, de verdad, protagonista. Ya casi a nivel mundial. En su tercera participación consecutiva, alcanza el estratosférico registro de 2h08:37 en el Tokyo Marathon, entrando tercero y primer nipón, dando un zarpazo tremendo, de casi 4 minutos, a su mejor marca personal. Se trataba del mejor registro de un japonés desde que Satoshi Osaki consiguiera un segundo menos en Otsu, en 2008. Por tanto, Kawauchi conseguía, automáticamente, clasificarse para el Mundial de Daegu. Como "preparación", compite en verano en la Ultramaratón de Okinoshima, de 50 kilómetros, donde se ve obligado a abandonar por un golpe de calor.
En la prueba mundialista, disputada el 4 de septiembre, Kawauchi terminaba en un meritorio 18º puesto, con una marca de 2h16:11, contribuyendo a que Japón consiguiera la plata por equipos. Y de nuevo, no contento con ello, llevaría a cabo una verdadera gesta, que aseguraba su presencia en los mentideros de todo el mundo atlético. El 4 de diciembre acaba tercero en el maratón de Fukuoka, con 2h09:57... y dos semanas después, en Hofu, concluye segundo con 2h12:33. Posteriormente, reconocería que el cansancio acumulado le impediría salir vencedor en Hofu.

¿Y qué ocurrió en el año 2012? Pues la locura. Continuando cronológicamente, comienza el año consiguiendo la que es hasta hoy su mejor marca personal en media maratón1h02:18 en Marugame. A partir de ese momento, Kawauchi es de la partida durante el año en nueve maratones, de los que gana cinco (Kasumigaura, Hokkaido, Sydney, Chiba Aqualine y Hofu), y en seis medias maratones (incluyendo la del Campeonato del Mundo de la disciplina, disputada en la ciudad búlgara de Kavarna, ganada por el magnífico eritreo, especialista en la distancia, Zersenay Tadese, y que concluyó en 21ª posición). Además, y por si fuera poco, retorna a la Ultramaratón de Okinoshima, venciendo sobre los 50 kms, con 2h51:45. En el caso de su victoria en Hofu, repite la gesta del año 2011, habiendo terminado en sexta posición sólo dos semanas antes en Fukuoka, donde conseguía curiosamente, con 2h10:29, su mejor marca del 2012.

Sin embargo, no podría conseguir su gran objetivo del año: la participación en los Juegos Olímpicos de Londres. Quizá, su afán por competir de forma desmesurada lastró la posibilidad de poder conseguir una marca que se lo permitiera. Sin embargo, demostró, con unos excelentes registros en pista (mejores marcas personales), su gran estado de forma, al correr un 1.500m en 3:50.51, y, en el mismo meeting, el de la Universidad de Nittai, un 5.000m en 13.58.62. En total, en 2012, la increíble cifra de 30 competiciones disputadas en un año natural.

Y ya en 2013, Kawauchi, asiduo de las portadas de todos los medios atléticos habidos y por haber (no es para menos) y un auténtico ídolo de masas en Japón, es invitado como gran estrella del Egyptian Marathon, disputado en Luxor el 18 de enero. Al llegar al aeropuerto, Yuki se da cuenta de que ha olvidado el pasaporte y pierde el vuelo, con lo que, sin temblarle el pulso, se acerca al mostrador de Qatar Airways y compra un nuevo billete, por valor de unos 7.000 euros, abonados de su propio bolsillo. A pesar del tortuoso viaje, con escala en Doha incluida, gana la prueba y establece un nuevo récord de la misma.
Dos semanas después, en otra de esas hazañas inexplicables, consigue su mejor marca en maratón2h08:15, venciendo en Beppu-Ōita, marca que consiguió rebajar en un segundo en marzo, en Seúl (2h08:14), y que se mantiene hasta hoy como mejor marca personalY en agosto, es 18º en el maratón del Mundial de Moscú, repitiendo el puesto conseguido en Daegu. Tras dos maratones más en Australia, ayer día 3 de noviembre se plantaba como invitado en la línea de salida del prestigioso New York City Marathon, consiguiendo un enormemente meritorio 10º puesto, con 2h12:29, por delante, por ejemplo, del campeón olímpico y mundial Stephen Kiprotich. Dentro de dos semanas correrá un medio maratón en Japón (Ageo), una semana después otro (Koedo), y el 1 de diciembre estará en la línea de salida del maratón de Fukuoka. Para rematar el año, como no podía ser de otra manera, culminará con su participación en el maratón de Hofu, el 15 de diciembre. 
Serán, por tanto, 28 maratones en 4 años. Y cuando todavía no ha cumplido los 27.



Poco a poco, os hemos ido contando las hazañas de este atleta desde sus primeros años hasta la actualidad. Sin embargo, sus marcas y carreras no serían tan sumamente llamativas si no fuera por varios hechos que hacen de Yuki un atleta absolutamente excepcional.


Como ya hemos comentado, Kawauchi ha ido rechazando una tras otra las ofertas que le han ido llegando de diferentes clubs, tras sus magníficos resultados. Siempre ha preferido competir por su cuenta, y disfrutar de esa manera de su pasión. Pese a que la escuela japonesa siempre ha sido una referencia en el mundo del atletismo de larga distancia, y sus entrenamientos siempre han supuesto un verdadero enigma por su utilización casi desmesurada de la lógica 'lydiardiana', Kawauchi no ha hecho sino desmarcarse del mito nipón: tras años de creencia de que el atleta y la escuela japonesa han sido los auténticos abanderados de las grandes 'kilometradas', Kawauchi se maneja con una media de 150 kilómetros semanales, 600 mensuales (cuando la escuela japonesa, por norma general, ha funcionado tradicionalmente con kilometrajes muchísimo más elevados, entre 250 y 270 semanales, 1.000 mensuales). Yuki sigue por convencimiento un sistema que podría incluso considerarse ciertamente rudimentario y primitivo, con una única sesión diaria de mañana, a diferencia de la inmensa mayoría de los profesionales, que realizan dos, y en ocasiones, hasta tres sesiones cada día: semanalmente, dos días de rodaje, entre 80 y 100 minutos a ritmos lentos (5:00/km), un día de series (por lo general los miércoles), un día de rodaje largo por montaña, dos días de rodaje suave, y el domingo la competición. Primitivo, pero obviamente, en su caso, viendo las circunstancias, muy efectivo.

Tomó la determinación de auto-entrenarse al no ser capaz de seguir el ritmo de entrenamientos de la escuela secundaria, siendo a partir de ese momento totalmente autodidacta y elaborando sus propios planes.

Todo esto no sería especialmente llamativo si no fuera por una razón: Kawauchi trabaja diariamente ocho horas, de lunes a viernes, de 13h a 21h, como funcionario administrativo en la Kasukabe High School, en la Prefectura de Saitama. Curiosamente, y pese a que ofertas no le faltan, ya ha manifestado en multitud de ocasiones que no quiere dejar su empleo. De ahí el apodo por el que comenzó a ser conocido, y que da nombre al post"Citizen Runner".
Para volar a Egipto en enero de 2013, como una de sus anécdotas más curiosas, anteriormente comentada, tuvo que desembolsar de su propio bolsillo unos 7.000 euros, cantidad que supone, aproximadamente, una cuarta parte de lo que Yuki cobra anualmente por su trabajo como administrativo.





Su correr, desasosegante por su obstinada agonía y su angustioso gesto, se ha convertido además en seña incuestionable de identidad, supliendo, según incluso sus propias palabras, la falta de entrenamiento y de recursos con una capacidad de sufrimiento fuera de lo común. No es extraño verlo desplomarse tras cruzar la meta, habiéndose dejado hasta la última gota de fuerza en el asfalto. Su imagen constante de titánica y agónica lucha, su búsqueda incesante y permanente de los límites, apretando los dientes, y cerrando los ojos, lo han convertido en un icono.



Y es que, en una sociedad con una tradición como la japonesa, en la que se admiran y respetan tanto valores tan significativos como el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo, el tesón y la lucha por los objetivos, Yuki Kawauchi representa al auténtico héroe nacional, despertando además, como no podía ser de otra manera por sus constantes hazañas, que escapan a los límites del entendimiento, la admiración en todo el mundo.